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sábado, 9 de agosto de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA





SAN LORENZO, DIACONO Y MARTIR


Era San Lorenzo uno de los siete diáconos de la Iglesia de Roma, cargo que gran responsabilidad, ya que consistía en el cuidado de los bienes de la Iglesia y la distribución de limosnas a los pobres.    
 El año 257, el emperador Valeriano publicó el edicto de persecución contra los cristianos y, al año siguiente, fue arrestado y decapitado el Papa san Sixto II, San Lorenzo le siguió en el martirio cuatro días después. Según las tradiciones cuando el Papa San Sixto se dirigía al sitio de la ejecución, San Lorenzo iba junto a él y lloraba. "¿A dónde vas sin tu diácono, padre mío? ", le preguntaba. El Pontífice respondió: "No pienses que te abandono, hijo mío, pues dentro de tres días me seguirás".
San Agustín dice que el gran deseo que tenía San Lorenzo de unirse a Cristo, le hizo olvidar las exigencias de la tortura. También afirma que Dios obró muchos milagros en Roma por intercesión de San Lorenzo.   
Este santo ha sido, desde el siglo IV, uno de los mártires más venerados y su nombre aparece en el canon de la misa. Fue sepultado en el cementerio de Ciriaca, en Agro Verano, sobre la Vía Tiburtina. Constantino erigió la primera capilla en el sitio que ocupa actualmente la iglesia de San Lorenzo extra muros, que es la quinta basílica patriarcal de Roma.

viernes, 8 de agosto de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA







             TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ
"Nos inclinamos profundamente ante el testimonio de la vida y la muerte de Edith Stein, hija extraordinaria de Israel e hija al mismo tiempo del Carmelo, sor Teresa Benedicta de la Cruz; una personalidad que reúne en su rica vida una síntesis dramática de nuestro siglo. La síntesis de una historia llena de heridas profundas que siguen doliendo aún hoy...; síntesis al mismo tiempo de la verdad plena sobre el hombre, en un corazón que estuvo inquieto e insatisfecho hasta que encontró descanso en Dios". Estas palabras fueron pronunciadas por el Papa Juan Pablo II con ocasión de la beatificación de Edith Stein en Colonia, el 1 de mayo de 1987.

¿Quién fue esta mujer?

Cuando Edith Stein, la última de once hermanos, nació en Breslau el 12 de octubre de 1891, la familia festejaba el Yom Kippur, la mayor fiesta hebrea, el día de la expiación. "Esto hizo, más que ninguna otra cosa, que su madre tuviera una especial predilección por la hija más pequeña". Precisamente esta fecha de su nacimientó fue para la carmelita casi un vaticinio.
El padre, comerciante de maderas, murió cuando Edith no había cumplido aún dos años. La madre, una mujer muy religiosa, solícita y voluntariosa, una persona verdaderamente admirable, al quedarse sola, debió hacer frente tanto al cuidado de la familia como a la gestión de la gran hacienda familiar; pero no consiguió mantener en los hijos una fe viva. Edith perdió la fe en Dios. "Con plena conciencia y por libre elección dejé de rezar".

Obtuvo brillantemente la reválida en 1911 y comenzó a estudiar germanística e historia en la Universidad de Breslau, más para tener una base de sustento en el futuro que por auténtica pasión. Su verdadero interés era la filosofía. Le interesaban también los problemas de la mujer. Entró a formar parte de la organización "Asociación Prusiana para el Derecho Femenino al Voto". Más tarde escribía: " como bachiller y joven estudiante, fui una feminista radical. Perdí después el interés por este asunto. Ahora voy en busca de soluciones puramente objetivas".

En 1913, la estudiante Edith Stein se fue a Gottinga para asistir a las clases universitarias de Edmund Husserl, de quien llegó a ser discípula y asistente, consiguiendo con él el doctorado. Por aquellos tiempos, Edmund Husserl fascinaba al público con un nuevo concepto de verdad: el mundo percibido no solamente existía de forma kantiana, como percepción subjetiva. Sus discípulos entendían su filosofía como un viraje hacia lo concreto. "Retorno al objetivismo". Sin que él lo pretendiera, la fenomenología condujo a no pocos discípulos y discípulas suyos a la fe cristiana. En Gottinga Edith Stein se encontró también con el filósofo Max Scheler y este encuentro atrajo su atención sobre el catolicismo. Pero todo esto no la hizo olvidar el estudio con el que debía ganarse el pan en el futuro y, en 1915, superó con la máxima calificación el examen de Estado. No obstante, no comenzó el periodo de formación profesional.

Al estallar la primera guerra mundial escribía: "ahora ya no tengo una vida propia". Siguió un curso de enfermería y prestó servicio en un hospital militar austríaco. Fueron tiempos difíciles para ella. Atendía a los ingresados en la sección de enfermos de tifus y prestaba servicio en el quirófano, viendo morir a hombres en la flor de su juventud. Al cerrar el hospital militar en 1916, siguió a Husserl a Friburgo en Brisgovia, donde obtuvo el doctorado "summa cum laude" con una tesis "Sobre el problema de la empatía ".

Por aquel tiempo le ocurrió un hecho importante: observó cómo una aldeana entraba en la Catedral de Frankfurt con la cesta de la compra, quedándose un rato para rezar. "Esto fue para mí algo completamente nuevo. En las sinagogas y en las iglesias protestantes que he frecuentado los creyentes acuden a las funciones. Aquí, sin embargo, una persona entró en la iglesia desierta, come si fuera a conversar en la intimidad. No he podido olvidar lo ocurrido". En las últimas páginas de su tesis de doctorado escribió: "ha habido personas que, tras un cambio imprevisto de su personalidad, han creído encontrar la misericordia divina". ¿Cómo llegó a esta afirmación?

Edith Stein tenía gran amistad con el asistente de Husserl en Gottinga, Adolf Reinach y su esposa. Adolf Reinach muere en Flandes en noviembre de 1917. Edith va a Gottinga. Los Reinach se habían convertido al Evangelio. Edith tenía cierta renuencia ante el encuentro con la joven viuda.
Con gran sorpresa encontró una creyente. "Este ha sido mi primer encuentro con la cruz y con la fuerza divina que transmite a sus portadores... Fue el momento en que se desmoronó mi irreligiosidad y brilló Cristo". Más tarde escribirá: "lo que no estaba en mis planes estaba en los planes de Dios. Arraiga en mí la convicción profunda de que -visto desde el lado de Dios- no existe la casualidad; toda mi vida, hasta los más mínimos detalles, está ya trazada en los planes de la Providencia divina y, ante los ojos absolutamente clarividentes de Dios, presenta una coherencia perfectamente ensamblada".

En otoño de 1918, Edith Stein dejó la actividad de asistente de Edmund Husserl porque deseaba trabajar independientemente. La primera vez que volvió a visitar a Husserl después de su conversión fue en 1930. Tuvo con él una discusión sobre la nueva fe de la que la hubiera gustado que participara también él. Tras ello escribió una frase sorprendente: "Después de cada encuentro que me hace sentir la imposibilidad de influenciar directamente, se agudiza en mí el impulso hacia mi propio holocausto".

Edith Stein deseaba obtener la habilitación para la libre docencia, algo que, por aquel entonces, era inalcanzable para una mujer. A este respecto, Husserl se pronunciaba así en un informe: "Si la carrera universitaria se hiciera accesible a las mujeres, la podría recomendar encarecidamente más que a cualquier otra persona para el examen de habilitación". Más tarde, sin embargo, se le negaría la habilitación a causa de su origen judío.

Edith Stein vuelve a Breslau. Escribe artículos en defensa de la psicología y de las humanidades. Pero lee también el Nuevo Testamento, Kierkegaard y el opúsculo de los Ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola. Se da cuenta de que un escrito como éste no se le puede simplemente leer, sino que es necesario ponerlo en práctica.

En el verano de 1921 fue durante unas semanas a Bergzabern (Palatinado), a la finca de la Señora Hedwig Conrad-Martius, una discípula de Husserl. Esta señora, junto con su esposo, se había convertido al Evangelio. Una tarde Edith encontró en la biblioteca la autobiografía de Teresa de Ávila. La leyó durante toda la noche. "Cuando cerré el libro, me dije: esta es la verdad".
Considerando retrospectivamente su vida, escribía más tarde: "mi anhelo por la verdad era ya una oración".

En enero de 1922 Edith Stein se bautizó. Era el día de la Circuncisión de Jesús, la acogida de Jesús en la estirpe de Abraham. Estaba erguida ante la fuente bautismal, vestida con el blanco manto nupcial de Hedwig Conrad-Martius, que hizo de madrina. "Había dejado de practicar mi religión hebrea y me sentía nuevamente hebrea solamente tras mi retorno a Dios". Ahora tendrá siempre conciencia, y no sólo intelectualmente, sino de manera tangible, de pertenecer a la estirpe de Cristo. En la fiesta de la Candelaria, una fiesta cuyo origen se remonta también al Antiguo Testamento, fue confirmada por el Obispo de Espira en su capilla privada.
Después de su conversión, lo primero que hizo fue volver a Breslau. "Mamá, soy católica". Las dos lloraron. Hedwig Conrad-Martius escribió: "mira, dos israelitas y en ninguna de ellas hay engaño" (cf. Jn 1, 47).

Inmediatamente después de su conversión, Edith Stein aspira a entrar en el Carmelo, pero sus consejeros espirituales, el Vicario general de Espira y el Padre Przywara, S.J., le impiden dar este paso. Acepta entonces un empleo de profesora de alemán e historia en el Instituto y seminario para maestros del Convento dominico de la Magdalena de Espira hasta Pascua de 1931. Por insistencia del Archiabad Raphael Walzer, del convento de Beuron, hace largos viajes para dar conferencias, sobre todo sobre temas femeninos. "Durante el período inmediatamente precedente y también bastante después de mi conversión... creía que llevar una vida religiosa significaba renunciar a todas las cosas terrenas y vivir solamente con el pensamiento puesto en Dios. Gradualmente, sin embargo, me he dado cuenta de que este mundo exige de nosotros otras muchas cosas..., creo, incluso, que cuanto más se siente uno atraído por Dios, más debe "salir de sí mismo", en el sentido de dirigirse al mundo para llevar allí una razón divina para vivir". Su programa de trabajo es enorme. Traduce las cartas y los diarios del período precatólico de Newmann y la obra Quaestiones disputatae de veritate de Tomás de Aquino, en una versión muy libre por amor al diálogo con la filosofia moderna. El Padre Erich Przywara, S.J., la incitó a escribir también obras filosóficas propias. Aprendió que es posible "practicar la ciencia al servicio de Dios... sólo por tal motivo he podido decidirme a comenzar una serie de obras científicas". Encuentra siempre las fuerzas necesarias para su vida y su trabajo en el convento benedictino de Beuron, al que va para pasar allí las fiestas más importantes del año eclesiástico.

En 1931 termina su actividad en Espira. Intenta de nuevo obtener la habilitación para la libre docencia en Breslau y Friburgo. Todo en vano. Compone entonces una obra sobre los principales conceptos de Tomás de Aquino: "Potencia y acción". Más tarde hará de este ensayo una obra mayor, desarrollándola bajo el título de Endliches und ewiges Sein (Ser finito y Ser eterno) en el convento de las Carmelitas de Colonia. No fue posible imprimir esta obra durante su vida.
En 1932 se le asigna una cátedra en una institución católica, el Instituto de Pedagogía científica de Münster, donde tiene la posibilidad de desarrollar su propia antropología. Aquí encuentra la manera de unir ciencia y fe, y de hacer comprensible esta cuestión a otros. Durante toda su vida sólo quiso ser "instrumento de Dios". "Quien viene a mí, deseo conducirlo a Él ".
En 19331a noche se cierne sobre Alemania. "Había oído ya antes algo sobre las severas medidas contra los judíos. Pero ahora comencé de pronto a entender que Dios había puesto una vez más su pesada mano sobre su pueblo y que el destino de este pueblo era también el mío". El artículo de la ley de los nazis sobre la raza ariana hizo imposible que continuara su actividad docente. "Si aquí no puedo continuar, en Alemania ya no hay posibilidades para mí ". "Me había convertido en una extranjera en el mundo".

El Archiabad Walzer, de Beuron, ya no le impidió entrar en un convento de Carmelitas. Durante el tiempo que estuvo en Espira había hecho ya el voto de pobreza, castidad y obediencia. En 1933 se presenta a la Madre Priora del Monasterio de Carmelitas de Colonia. "Solamente la pasión de Cristo nos puede ayudar, no la actividad humana. Mi deseo es participar en ella".
Una vez más Edith fue a Breslau para despedirse de su madre y de la familia. El 12 de octubre fue el último día que pasó en su casa, el día de su cumpleaños y, a la vez, la fiesta hebrea de los tabernáculos. Edith acompaña a su madre a la sinagoga. Fue un día nada fácil para las dos mujeres. "¿Por qué la has conocido (la fe cristiana)? No quiero decir nada contra Él. Habrá sido un hombre bueno. Pero ¿por qué se ha hecho Dios? " . Su madre lloró. A la mañana siguiente Edith tomó el tren para Colonia. "No podía tener una alegría arrebatadora. Era demasiado tremendo lo que dejaba atrás. Pero yo estaba tranquilísima, en el puerto de la voluntad de Dios". Cada semana escribirá después una carta a su madre. No recibirá respuesta. Su hermana Rosa le mandará noticias de casa.
El 14 de octubre Edith Stein entra en el monasterio de las Carmelitas de Colonia. En 1934, el 14 de abril, tuvo lugar la ceremonia de toma de hábito. El Archiabad de Beuron celebró la misa. Desde aquel momento Edith Stein llevará el nombre de Sor Teresa Benedicta de la Cruz.

Escribe en 1938: "bajo la Cruz entendí el destino del pueblo de Dios que entonces (1933) comenzaba a anunciarse. Pensaba que entendiesen que se trataba de la Cruz de Cristo, que debían aceptarla en nombre de todos los demás. Es verdad que hoy entiendo mejor estas cosas, lo que significa ser esposa del Señor bajo el signo de la Cruz. Aunque ciertamente nunca será posible comprender todo esto, puesto que es un secreto". El 21 de abril de 1935 hizo los votos temporales. El 14 de septiembre de 1936, en el momento de renovar los votos, murió su madre en Breslau. "Hasta el último momento mi madre ha permanecido fiel a su religión. Pero, puesto que su fe y su firme confianza en su Dios... fue lo ultimo que permaneció vivo en su agonía, confío en que haya encontrado un juez muy clemente y que ahora sea mi más fiel abogada, para que también yo pueda llegar a la meta".

En el recordatorio de su profesión perpetua, el 21 de abril de 1938, hizo imprimir las palabras de San Juan de la Cruz, al que dedicará su última obra: "que ya sólo en amar es mi ejercicio ".
La entrada de Edith Stein en el convento de las Carmelitas no fue una huida. "Quien entra en el Carmelo no se pierde para los suyos, sino que le tienen aún más cercano; y esto porque nuestra profesión es la de dar cuenta de todos a Dios ". Dio cuenta a Dios sobre todo de su pueblo.
"Pienso continuamente en la reina Ester, que fue sacada de su pueblo para dar cuenta ante el rey. Yo soy una pequeña y débil Ester, pero el Rey que me ha elegido es infinitamente grande y misericordioso. Esto es un gran consuelo " (31.10.1938).

El 9 de noviembre de 1938 se puso de manifiesto ante todo el mundo el odio que tenían los nazis a los judíos. Arden las sinagogas, se siembra el terror entre las gentes judías. La Madre Superiora de las Carmelitas de Colonia hace todo lo posible para llevar al extranjero a Sor Teresa Benedicta de la Cruz. La noche de fin de año de 1938 cruza la frontera de los Países Bajos y la llevan al monasterio de Carmelitas de Echt, en Holanda. Allí redacta su testamento el 9 de junio de 1939.
"Ya desde ahora acepto con gozo, en completa sumisión y según su santísima voluntad, la muerte que Dios me haya destinado. Ruego al Señor que acepte mi vida y muerte... de manera que el Señor sea reconocido por los suyos y que su Reino venga con toda su magnificencia para la salvación de Alemania y la paz del mundo... ".

Ya en el monasterio de Carmelitas de Colonia, a Edith Stein se le había dado permiso para dedicarse a las obras científicas. Allí había escrito, entre otras cosas, De la vida de una familia judía. "Deseo narrar simplemente lo que he experimentado al ser hebrea". Ante "la juventud que hoy es educada desde la más tierna edad en el odio a los judíos..., nosotros, que hemos sido educados en la comunidad hebrea, tenemos el deber de dar testimonio".

En Echt, Edith Stein escribirá a toda prisa su ensayo sobre Juan de la Cruz, el místico doctor de la Iglesia, con ocasión del cuatrocientos aniversario de su nacimiento, 1542-1942. En 1941 escribía a una religiosa con quien tenía amistad: "una scientia crucis (la ciencia de la cruz) sólamente puede ser entendida si se lleva todo el peso de la cruz. De ello estaba convencida ya desde el primer instante y de todo corazón he pronunciado: Ave, Crux, Spes unica (te saludo, Cruz, única esperanza nuestra)". Su estudio sobre San Juan de la Cruz lleva como subtítulo: " La ciencia de la Cruz ".

El 2 de agosto de 1942 llega la Gestapo. Edith Stein se encuentra en la capilla con las otras Hermanas. En cinco minutos debe presentarse, junto con su hermana Rosa, que se había bautizado en la Iglesia Católica y prestaba servicio en las Carmelitas de Echt. Las últimas palabras de Edith Stein que se oyen en Echt están dirigidas a Rosa: "Ven, vayamos, por nuestro pueblo".
Junto con otros muchos otros judíos convertidos al cristianismo, las dos mujeres son llevadas al campo de concentración de Westerbork. Se trataba de una venganza contra el comunicado de protesta de los obispos católicos de los Países Bajos por los progromos y las deportaciones de los judíos. "Jamás había pensado que los seres humanos pudieran llegar a ser así, y tampoco podía pensar que mis hermanas y hermanos debieran sufrir así... cada hora rezo por ellos. ¿Oirá Dios mi oración? En todo caso, oye ciertamente sus lamentos". El Prof. Jan Nota, cercano a ella, escribirá más tarde: "para mí, ella es, en un mundo de negación de Dios, una testigo de la presencia de Dios".

Al amanecer del 7 de agosto sale una expedición de 987 judíos hacia Auschwitz. El 9 de agosto Sor Teresa Benedicta de la Cruz, junto con su hermana Rosa y muchos otros de su pueblo, murió en las cámaras de gas de Auschwitz.

Con su beatificación en Colonia el 1 de mayo de 1987, la Iglesia rindió honores, por decirlo con palabras del Sumo Pontífice Juan Pablo II, a "una hija de Israel, que durante la persecución de los nazis ha permanecido, como católica, unida con fe y amor al Señor Crucificado, Jesucristo, y, como judía, a su pueblo ".
 

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HISTORIAS DE LA HISTORIA



 EN RECUERDO DE AMPARO BAYON MIGUEL, ASESINADA EN EL VERANO DE 1936

Crónica de Hortensia Hernandez, publicada en "LA OPINION DE ZAMORA"


Desde hace varios años llevo trabajando en hacer visibles historias de mujeres y sus aportaciones, que tan cruel e injustamente han estado olvidadas. Lo hago desde un blog "on line" de este periódico y en otros espacios. 

En este camino de búsqueda, recientemente me encontré con Helen Graham historiadora sobre la Guerra Civil española. La encontré porque comparte nombre con uno de los personajes de una novela de Anne Brontë, que forman parte de un universo anglosajón que me apasiona, como a Helen Graham lo español. Me interesó de ella que pusiera atención en el papel de la mujer en la terrible contienda y que considere que la Guerra Civil no es un pecado original de los españoles, sino que había corrientes de pensamiento a nivel europeo que produjeron su materialización. 

Fue para mí una tremenda sorpresa leer en sus textos sobre la historia de la zamorana Amparo Barayón Miguel asesinada en el verano de 1936, cuando tenía 32 años. 

La historiadora nos cuenta cómo los militares rebeldes y sus partidarios civiles fueron redefiniendo al enemigo; menciona aquí "la nueva mujer", dice que un miedo patológico y el odio a las mujeres emancipadas fue una muy poderosa fuerza motriz entre los rebeldes. Amparo Barayón no termina por ser asesinada en lugar de su marido, como muchos comentaristas han afirmado con anterioridad. No, ella fue asesinada, por así decirlo, en su propio derecho. Amparo era una mujer moderna, también nos cuenta que uno de sus asesinos, fue un antiguo pretendiente al que Amparo había rechazado. 
En 1930, cuando la monarquía de España se desmoronó, Amparo tenía, 26 años. Dejó Zamora y se fue a Madrid, para convertirse en autosuficiente. Encontró trabajo como operadora de centralita telefónica. Vivía de forma independiente, educándose a sí misma, tanto política como culturalmente. Allí conoció a Ramón J. Sender y comenzó a vivir con él, lo que era avanzado para esos momentos, incluso en Madrid. 

El hecho de que Amparo, nos dice la escritora, hubiera extendido sus alas inspiraba terror a los pilares de la sociedad zamorana y también entre los miembros conservadores de su propia familia que la vieron como en el camino de la condenación. Y sería alguno de estos miembros de la familia, quien la denuncia a las autoridades militares en Zamora. Esto ocurrió a finales del verano de 1936, después de que Amparo se hubiera refugiado en Zamora con sus pequeños hija e hijo en las secuelas de la sublevación militar por considerar que aquí no pasaba nada. 

Como resultado de la denuncia, Amparo fue encarcelada a finales de agosto de 1936. Fue interrogada con la intención expresa de conseguir que se retractase. Fue sometida a una presión extraordinaria, incluso por un sacerdote, quien la sometió a múltiples abusos e incluso, después de que ella hizo su confesión final, le negó la absolución. En otras palabras Amparo Barayón estuvo sujeta a una forma de tortura psicológica sostenida cuyo objeto era humillarla y finalmente romper con ella, aunque no fue torturada y violada físicamente, como otras presas republicanas. 

Un día, su nombre apareció en la lista y los escuadrones de la muerte vinieron de noche a sacarla de la cárcel en las sacas mortales. El 11 de octubre de 1936, Amparo Barayón fue tomada de la cárcel hasta el cementerio y bajo una luz de la linterna, le dispararon y le dieron sepultura, donde cayó, en una fosa común junto a la tapia. 

Nos cuenta Helen Graham, cómo el sacerdote en cuestión, dio cuenta a los miembros de su familia después de que ella había muerto. Ella como muchas mujeres republicanas fue encarcelada con su pequeña bebé en condiciones de hacinamiento e insalubridad que eran comunes con masivas muertes que no ocurrieron de forma inusual. 

De hecho, esto parece haber sido parte del castigo por su transgresión de género. Un funcionario de la prisión dijo a Pilar Fidalgo compañera de cárcel de Amparo, que las rojas habían perdido el derecho de alimentar a sus crías. Hay muchos relatos de los interrogadores policiales comentando enfáticamente que las mujeres rojas deberían haber tenido más sentido de responsabilidad al tener hijos, porque "las rojas no tienen derechos". 

Pilar habla también del sufrimiento moral de los huérfanos. En este sufrimiento moral se dejó a AndreaRamón hijos de Amparo, que terminaron alejados de su familia en un lejano país que nos sustrajo su compañía y sus aportes y que los dejó sin raíces. 

Leí que Andrea ha terminado siendo monja y que un alto cargo de la Iglesia le pidió perdón por la violencia que esta había ejercido contra su madre. Dudo realmente si esta mujer hubiera sido monja de haber vivido normalmente con sus padres y me duele el sufrimiento infringido a estas personas. 

Yo que soy sobrina de un miliciano que murió en la guerra en el bando franquista poco antes del fin de esta, que viví luto largo durante mi infancia por él, desde aquí pido el reconocimiento a esta mujer en sus hija e hijo y como muestra se ponga su nombre a una calle en esta ciudad. 

Mujeres como Amparo con sus decisiones cotidianas nos han ayudado a vivir mejor a todas y es de justicia mostrar nuestra gratitud, reconocimiento y pedir perdón por actos que salieron de lo peor de nuestra sociedad. 

Sería muy bonito compartir una reunión con la alcaldesa zamorana, la directora de "LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA", la escritora Helen Grahamy los hijos de Amparo: Ramón y Andrea un 11 de octubre y lanzar al viento una paloma con el compromiso de un futuro de paz y reconciliación. Ya sabemos que quien desconoce la historia está condenado a repetirla.

jueves, 7 de agosto de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA





                  DOMINGO DE GUZMAN




Domingo significa: "Consagrado al Señor".El fundador de los Padres Dominicos, que son ahora 6,800 en 680 casas en el mundo, nació en Caleruega, España, en 1171. Su madre, Juana de Aza, era una mujer admirable en virtudes y ha sido declarada Beata. Lo educó en la más estricta formación religiosa.

A los 14 años se fue a vivir con un tío sacerdote en Palencia en cuya casa trabajaba y estudiaba. La gente decía que en edad era un jovencito pero que en seriedad parecía un anciano. Su goce especial era leer libros religiosos, y hacer caridad a los pobres.

Por aquel tiempo vino por la región una gran hambre y las gentes suplicaban alguna ayuda para sobrevivir. Domingo repartió en su casa todo lo que tenía y hasta el mobiliario. Luego, cuando ya no le quedaba nada más con qué ayudar a los hambrientos, vendió lo que más amaba y apreciaba, sus libros (que en ese tiempo eran copiados a mano y costosísimos y muy difíciles de conseguir) y con el precio de la venta ayudó a los menesterosos. A quienes lo criticaban por este desprendimiento, les decía: "No puede ser que Cristo sufra hambre en los pobres, mientras yo guarde en mi casa algo con lo cual podía socorrerlos".

En un viaje que hizo, acompañando a su obispo por el sur de Francia, se dio cuenta de que los herejes habían invadido regiones enteras y estaban haciendo un gran mal a las almas. Y el método que los misioneros católicos estaban empleando era totalmente inadecuado. Los predicadores llegaban en carruajes elegantes, con ayudantes y secretarios, y se hospedaban en los mejores hoteles, y su vida no era ciertamente un modelo de la mejor santidad. Y así de esa manera las conversiones de herejes que conseguían, eran mínimas. Domingo se propuso un modo de misionar totalmente diferente.
Vio que a las gentes les impresionaba que el misionero fuera pobre como el pueblo. Que viviera una vida de verdadero buen ejemplo en todo. Y que se dedicara con todas sus energías a enseñarles la verdadera religión. Se consiguió un grupo de compañeros y con una vida de total pobreza, y con una santidad de conducta impresionante, empezaron a evangelizar con grandes éxitos apostólicos.

Sus armas para convertir eran la oración, la paciencia, la penitencia, y muchas horas dedicadas a instruir a los ignorantes en religión. Cuando algunos católicos trataron de acabar con los herejes por medio de las armas, o de atemorizarlos para que se convirtieran, les dijo: "Es inútil tratar de convertir a la gente con la violencia. La oración hace más efecto que todas las armas guerreras. No crean que los oyentes se van a conmover y a volver mejores por que nos ven muy elegantemente vestidos. En cambio con la humildad sí se ganan los corazones".

Domingo llevaba ya diez años predicando al sur de Francia y convirtiendo herejes y enfervorizando católicos, y a su alrededor había reunido un grupo de predicadores que él mismo había ido organizando e instruyendo de la mejor manera posible. Entonces pensó en formar con ellos una comunidad de religiosos, y acompañado de su obispo consultó al Sumo Pontífice Inocencio III.

Al principio el Pontífice estaba dudoso de si conceder o no el permiso para fundar la nueva comunidad religiosa. Pero dicen que en un sueño vio que el edificio de la Iglesia estaba ladeándose y con peligro de venirse abajo y que llegaban dos hombres, Santo Domingo y San Francisco, y le ponían el hombro y lo volvían a levantar. Después de esa visión ya el Papa no tuvo dudas en que sí debía aprobar las ideas de nuestro santo.

Y cuentan las antiguas tradiciones que Santo Domingo vio en sueños que la ira de Dios iba a enviar castigos sobre el mundo, pero que la Virgen Santísima señalaba a dos hombres que con sus obras iban a interceder ante Dios y lo calmaban. El uno era Domingo y el otro era un desconocido, vestido casi como un pordiosero. Y al día siguiente estando orando en el templo vio llegar al que vestía como un mendigo, y era nada menos que San Francisco de Asís. Nuestro santo lo abrazó y le dijo: "Los dos tenemos que trabajar muy unidos, para conseguir el Reino de Dios". Y desde hace siglos ha existido la bella costumbre de que cada año, el día de la fiesta de San Francisco, los Padres dominicos van a los conventos de los franciscanos y celebran con ellos muy fraternalmente la fiesta, y el día de la fiesta de Santo Domingo, los padres franciscanos van a los conventos de los dominicos y hacen juntos una alegre celebración de buenos hermanos.

Icono de San Dominico de GuzmánEn agosto de 1216 fundó Santo Domingo su Comunidad de predicadores, con 16 compañeros que lo querían y le obedecían como al mejor de los padres. Ocho eran franceses, siete españoles y uno inglés. Los preparó de la mejor manera que le fue posible y los envió a predicar, y la nueva comunidad tuvo una bendición de Dios tan grande que a los pocos años ya los conventos de los dominicos eran más de setenta, y se hicieron famosos en las grandes universidades, especialmente en la de París y en la de Bolonia.

El gran fundador le dio a sus religiosos unas normas que les han hecho un bien inmenso por muchos siglos. Por ejemplo estas:
  • Primero contemplar, y después enseñar. O sea: antes dedicar mucho tiempo y muchos esfuerzos a estudiar y meditar las enseñanzas de Jesucristo y de su Iglesia, y después sí dedicarse a predicar con todo el entusiasmo posible.
  • Predicar siempre y en todas partes. Santo Domingo quiere que el oficio principalísimo de sus religiosos sea predicar, catequizar, tratar de propagar las enseñanzas católicas por todos los medios posibles. Y él mismo daba el ejemplo: donde quiera que llegaba empleaba la mayor parte de su tiempo en predicar y enseñar catecismo.
La experiencia le había demostrado que las almas se ganan con la caridad. Por eso todos los días pedía a Nuestro Señor la gracia de crecer en el amor hacia Dios y en la caridad hacia los demás y tener un gran deseo de salvar almas. Esto mismo recomendaba a sus discípulos que pidieran a Dios constantemente.

Los santos han dominado su cuerpo con unas mortificaciones que en muchos casos son más para admirar que para imitar. Recordemos algunas de las que hacía este hombre de Dios.
Cada año hacía varias cuaresmas, o sea, pasaba varias temporadas de a 40 días ayunando a pan y agua.
Siempre dormía sobre duras tablas. Caminaba descalzo por caminos irisados de piedras y por senderos cubiertos de nieve. No se colocaba nada en la cabeza ni para defenderse del sol, ni para guarecerse contra los aguaceros. Soportaba los más terribles insultos sin responder ni una sola palabra. Cuando llegaban de un viaje empapados por los terribles aguaceros mientras los demás se iban junto al fuego a calentarse un poco, el santo se iba al templo a rezar. Un día en que por venganza los enemigos los hicieron caminar descalzos por un camino con demasiadas piedrecitas afiladas, el santo exclamaba: "la próxima predicación tendrá grandes frutos, porque los hemos ganado con estos sufrimientos". Y así sucedió en verdad. Sufría de muchas enfermedades, pero sin embargo seguía predicando y enseñando catecismo sin cansarse ni demostrar desánimo.

Era el hombre de la alegría, y del buen humor. La gente lo veía siempre con rostro alegre, gozoso y amable. Sus compañeros decían: "De día nadie más comunicativo y alegre. De noche, nadie más dedicado a la oración y a la meditación". Pasaba noches enteras en oración.
Era de pocas palabras cuando se hablaba de temas mundanos, pero cuando había que hablar de Nuestro Señor y de temas religiosos entonces sí que charlaba con verdadero entusiasmo.
Sus libros favoritos eran el Evangelio de San Mateo y las Cartas de San Pablo. Siempre los llevaba consigo para leerlos día por día y prácticamente se los sabía de memoria. A sus discípulos les recomendaba que no pasaran ningún día sin leer alguna página del Nuevo Testamento o del Antiguo.
Los que trataron con él afirmaban que estaban seguros de que este santo conservó siempre la inocencia bautismal y que no cometió jamás un pecado grave.

Totalmente desgastado de tanto trabajar y sacrificarse por el Reino de Dios a principios de agosto del año 1221 se sintió falto de fuerzas, estando en Bolonia, la ciudad donde había vivido sus últimos años. Tuvieron que prestarle un colchón porque no tenía. Y el 6 de agosto de 1221, mientras le rezaban las oraciones por los agonizantes cuando le decían: "Que todos los ángeles y santos salgan a recibirte", dijo: "¡Qué hermoso, qué hermoso!" y expiró.

A los 13 años de haber muerto, el Sumo Pontífice lo declaró santo y exclamó al proclamar el decreto de su canonización: "De la santidad de este hombre estoy tan seguro, como de la santidad de San Pedro y San Pablo".

DESDE MI CALLE


HISTORIAS DE LA HISTORIA

aRTÍCULO en el DIA 7/8/2014 - RECOGIDO en "LA OPINION DE ZAMORA"

FRANCISCO IGLESIAS CARREÑO 

Es posible que si a Walter Scott le hubiera dado por la descripción novelada de "nuestra guerra de la reconquista", a estas alturas tendríamos amplios dosieres que, cual episodios galdosianos, glosarían todos los avatares/situaciones/hechos que, en tan dilatado/crucial/importante espacio temporal, tuvieron lugar en la península ibérica (ese lugar perijeliano del ciudadano Unamuno y Jugo (D. Miguel). El continente europeo tal vez tenía, en el comienzo del siglo X, una gran aglomeración de problemas que le preocupaban/ocupaban/absorbían y, es posible, que lo que ocurriera en "el fin de la tierra" lo encontrara un tanto lejano, acaso colateral y la mantuviera un tanto al pairo. 

Estamos en el Papado de Esteban VIII [(parece que supeditado al duque Alberico (de la saga/entresijos/uniones de Marozia)], y aquí, en Hispania, se declara, en el año 939, por Abd al-Rahmán III la "campaña de la omnipotencia" (gazat al-kudra o Campaña del Supremo Poder) contra los leoneses, con la previsible intención de romper en dos partes la Corona leonesa. Es la Corona leonesa, en esos momentos del siglo X, el otro auténtico poder integral (militar, económico y político) que se ubica en la península y que, limitado al sur por la línea del río Duero, mantiene instrumentalmente la vigilancia y el acecho hacia el sur agareno, con frecuentes encuentros bélicos que, hasta el momento, en la dirección del soberano leonés Ramiro II, no han sido muy favorables. 

Todo parece indicar que Abd al-Rahmán III (que ha ordenado la guerra santa, para provocar un amplio reclutamiento, contra la Corona leonesa, sale de la ciudad de Córdoba a finales de junio (pudiera ser el día 28) y se encamina hacia el norte, desde La Transierra, donde pudiera haber estado concentrado sus tropas, con un gran ejército de 100.000 guerreros para cruzar el macizo central (con posibilidades por los Puertos de Perales o de La Ballejera siguiendo la Vía Dalmacia y la Vía de La Plata, mejor que por el de Tablada) y presentarse ante la ciudad leonesa de Zamora que, seguramente, está expectante, ¡trágicamente expectante!, ante tan amplio despliegue bélico. 

Hemos señalado ya situaciones sobre la Zamora del siglo X, que necesario, ¡y hasta obligado!, en el ánimo de su extraordinaria importancia, reiterarlas: "Zamora es la ciudad con mejores defensas, la más importante, estratégicamente hablando de toda la Corona leonesa". Abd al-Rahmán III sabe de esta importancia de Zamora y por eso trata de anular el poder militar que la ciudad representa. Zamora, en el verano del 939, está la espera de la llegada del auxilio de los ejércitos del rey leonés Ramiro II, pero tal espera se altera, ya que es truncada por las decisiones estratégicas/militares de Abderraman III. 

Cuando los ejércitos del omeya Abd al-Rahmán III tienen ante sí a Zamora, tuvieron que quedar también impresionados, en la Edad Media tenía que imponer: "La ciudad más fuerte de la Corona leonesa, la mejor amurallada, la de los siete cercos y siete fosos la llaman". No era nada sencillo tomar Zamora y el califa es sabedor de la situación, tanto de la importancia de Zamora (con sus defensores muy preparados) como, por otra parte de los movimientos de las tropas leonesas y de sus aliados que desde el nordeste, en movimientos acelerados, caminan hacia Zamora Abd al-Rahmán III actúa tácticamente y, por ello, divide su ejército, dejando, según algunos relatos, 20.000 hombres cercando a Zamora y el resto de 80.000 hombres parte al encuentro de los ejércitos del rey leonés Ramiro II. 

Hemos descrito que: "Los zamoranos del año 939, dicen los relatos, se baten en orden y hasta hacen salidas al campo enemigo, pero el acoso es continuo contra ellos y los sitiadores, para rendirlos tienen que ir al asalto posición tras posición, e idean llenar los fosos con los cadáveres de los combatientes muertos para, en avanzando por encima de los cuerpos inertes, en un espeluznante cementerio, chorreante de sangre y pleno de despojos humanos, hacer un puente de asalto y poder doblegar la indómita/heroica/épica resistencia de Zamora". Eso tuvo lugar el 5-agosto-939. 

Ahora que en Zamora podemos contemplar una parte de lo que fueron sus recias defensas medievales, en lo que es la propia ciudadela del castillo, no solo admiramos la situación privilegiada de la urbe de Zamora, admirable desde El Temblajo, en esa curva del río Duero, que al fondo de Las Pajarancas nos anuncia El Arribanzo, o el flanqueo norte de la vaguada del antiguo cauce del río Valderaduey, que hicieron de ella, sin duda alguna, la ciudad más fuerte y poderosa en la Edad Media hispánica epicentro militar de la Corona leonesa, y donde su foso actual, amén de otros que intuimos, pero desconocemos, nos permite retrotraernos hacia la situación límite del mes de agosto del año 939, en una acción retrospectiva de atemporalidad, con esa retrovisión tan impactantemente dantesca, sobrecogedora por demás, de máximo dramatismo y espeluznante, plena de sentido épico y heroico y conformadora del mayor hito bélico de los hijos de Zamora, un hecho de armas extraordinario que marcaría el proceso histórico de Zamora y un ejemplo a seguir por todos para el año 1072 frente a las tropas castellanas. 

Los ejércitos de Abderramán III y Ramiro II se avistaran posteriormente en Simancas y fue aquí donde el poder militar agareno fue quebrado y anulado por el ímpetu de los ejércitos leoneses y de sus aliados. La victoria de Ramiro II en Simancas pasa por ser uno de los hechos de armas más importantes de la península Ibérica en la Edad Media, que está datada en textos agarenos y leoneses y tal victoria fue corroboraba, a mayores, con otra victoria más en Alhandega, al dar alcance los ejércitos leoneses en el curso de su persecución, a las tropas agarenas que huían desbandadas desde Simancas. 

Para muchos la trilogía de los acontecimientos de agosto del año 939: Zamora, Simancas y Alhandega dieron pie a la formalización práctica de "la idea imperial leonesa" [el Regnum Imperium Hispánico de la Corona leonesa] que ya veía desde Alfonso III El Magno. Por Zamora, Simancas y Alhandega el Califato pide al otro poder de Hispania, ¡por primera vez!, las conversaciones de paz y pacta con la Corona leonesa una tregua de cinco años. Estimamos que las victorias de Simancas y Alhandega de la Corona leonesa fueron viables por la Jornada del día 5 de agosto del año 939 en "El Foso de Zamora". Es de esperar que todos, en la Corona leonesa, lo conmemoremos. ¡Faltaría más! 

(*) Del Instituto de Estudios Zamoranos Florian d'Ocampo


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miércoles, 6 de agosto de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA


CAYETANO DE TIENA

Natural de Vicenza (Italia), nacido el año 1480,  se distinguió en los estudios de Teología y Derecho civil y canónico, facultad en la que se graduó como doctor en Padua.

 Fué secretario de Julio II, devoto y miembro del Oratorio del Amor Divino.

Como sacerdote, con su propio patrimonio, construyó en Rapazzo la parroquia de Santa María de Malo. Fué el primero que fundó una Orden de Clérigos Regulares Teatinos, imitando el género de vida de los Apóstoles.

La norma suprema de su instituto era su confianza en Dios, impresa en el Evangelio, motivo por la cual se abstenían hasta de pedir limosna, esperando que espontáneamente los fieles les ayudasen. El celo que San Cayetano desplegó para salvar tantas almas le mereció el nombre de <<cazador de almas>>. Además se comentaba de él que era un ángel en el altar y un apóstol en el púlpito. Fué general de la Orden en varias ciudades como Verona y Venecia.

El retiro le llevó a Nápoles donde murió el 7 de agosto de 1547.

DESDE MI CALLE


REDENCION POR EL AMOR

Y escribo redención con minúscula. Me refiero a las pequeñas liberaciones. El amor del cónyuge es liberador. Libera de la pandilla cuando se singulariza la mirada amorosa.  Libera de la soledad y la incertidumbre. Sentirse y saberse amado es una experiencia de vitalización. Uno renace. Crece la fe de cada uno en sí mismo, en su valor y dignidad. Es atractivo/a para alguien. Una mirada singular de amor descubre cualidades y dones que nadie antes había descubierto. Y las pone de relieve.  Al mismo tiempo, hace crecer la confianza en los demás. La mirada hacia los otros  se vuelve más positiva y creativa.

Cervantes lo expresó muy bien en las figuras de Aldonza y Dulcinea. Un cónyuge que ama es capaz de transformar al otro, es decir, y hacerlo pasar de las dudas y temores a la confianza en sí mismo; del rechazo de sí mismo a la aceptación gozosa. Aldonza se transforma en Dulcinea gracias a la mirada de amor de Don Quijote. Y es que, en realidad, sólo nos “redime” quien nos ama.
La relación de amor se va tejiendo a base de pequeñas redenciones; uno va cobrando conciencia de su valía personal; va descubriendo y diseñando su misión personal en la vida; va configurando su persona a base de decisiones y compromisos. Y es que el futuro de cada uno no está escrito ni predeterminado; está abierto, en manos de cada uno.  Y en las manos de la persona amada. Se vive bajo la mirada del otro.
El amor hace la vida, vital; y la muerte, mortal. El amor con tu pareja es la energía que da ganas de vivir. Y  ganas de vivir para siempre. Claro que sólo quien nos ama con mayúscula, nos redime también con mayúscula. Nos resucita.
DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos.
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