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miércoles, 12 de noviembre de 2014
PASTORAL: SANTO DEL DIA
SAN JOSAFAT DE LITUANIA
(1580-1623)
Nacido con el nombre de Juan Kuncewitz, desarrolló su actividad en los antiguos dominios de Polonia.
Vino al mundo en Vladimir (Ucrania), dentro de una familia ortodoxa. Defendió la conservación del rito oriental eslavo y la orden monástica de San Basilio, pero a su vez propició la unión de la iglesia rutena unida con la iglesia católica.
En 1604 se hizo monje basilio en el monasterio de la Santísima Trinidad de Vilna (entonces Polonia, hoy Lituania), y cambia el nombre de Juan por el de Josafat.
Ordenado sacerdote en 1614, es nombrado archimandrita en poco tiempo. En 1617 fué nombrado obispo del rito eslavo-oriental de Witebsk, y un año despues arzobispo de Polock (ambas ciudades hoy de Biolorrusia).
Sus enemigos le acusaron de acercarse a Roma y promover la reforma del clero, por lo que fué asesinado en Witebsk, un 12 de Noviembre.
Por el númeero de conversiones era llamado "el ladrón de almas"; los cismáticos lo calificaron como el "apóstata papista"; sin embargo se le honra como "apóstol de la unidad católica".
Se le representa vestido de monje basilio o como obispo, generalmente con un hacha o alabarda clavada en la cabeza. Invocado para no sufrir torceduras.
lunes, 10 de noviembre de 2014
MITOS Y LEYENDAS
LA SEÑORA DE LA LAMPARA
Transcurre el año 1854, mientras se desarrolla la guerra de Crimea. Soldados ingleses, franceses y turcos combaten heroicamente bajo las murallas de Sebastopol. Todos los días llegan a la retaguardia carros tambaleantes, en los que gimen los heridos. Éstos son internados en hospitales improvisados: los médicos escasean, no hay enfermeras, se carece de medicamentos....
Pero un día se presenta entre ellos una frágil mujer, Florencia Nightingale, el ángel de la caridad y el amor, que con su obra dejaría preparado el camino para el advenimiento de ésa institución altamente humanitaria que es La Cruz Roja, concebida por el cirujano napolitano Fernando Palasciano y realizada por el filántropo suizo Enrique Dunant.
-!Florencia! No puedes hacer eso. Arriesgar tu vida; abandonar tus comodidades, las relaciones, la sociedad...
- !Es inútil, mamá: estoy decidida; tengo que ir. ¿Leiste lo que apareció en el "Times"?. A esos heridos les falta de todo, medicamentos, asistencia, limpieza. No puedo quedarme aquí ociosa, mientras tantas personas mueren entre sufrimientos atroces...
Sobre la mesa estaba abierto el "Times"; el célebre diario londinense hacía un extenso comentario acerca de la guerra de Crimea y concluía con una apelación a las mujeres inglesas para que acudieran a prestar asistencia a los heridos.
"¿No hay mujeres en Inglaterra -decía el diario- que tengan la valentía de socorrer a nuestros heridos, que estén dispuestas a hacer un sacrificio para aliviar los horribles sufrimientos de esos desdichados?".
Florencia Nightingale tuvo ésa valentía.
Un soldado le interceptó el paso.
-!Atrás, atrás! No se puede pasar...
- Por favor el hospital del campamento - dijo Florencia y enseñó el pase otorgado por las autoridades.
El centinela la miró asombrado y señaló un gran caserón gris.
Florencia entró ... y quedó como petrificada en el umbral, anonadada por el triste espectáculo que se presentaba ante sus ojos: una sala sucia, infestada de insectos, atestada de lechos de paja que se sucedían desordenamente y en los cuales sufrían centenares de jóvenes soldados.
Éste fué el ambiente en el que la delicada, la aristocrática Florencia Nightindale comenzó su labor. Había un sólo médico, y los heridos, los moribundos aumentaban día a día.
El cuerpo de enfermeros estaba constituido por unos pocos soldados heridos que apenas estaban en condiciones de arrastrarse de una punta a otra de aquella sala miserable.
Florencia inmediatamente advirtió que para empezar había que poner un poco de orden en ese infierno. Y en consecuencia no perdió el tiempo.
A un soldado le ordenó que barriese; a otro que cambiara la paja de los lechos; a un tercero que sacase la ropa sucia... Pero Florencia no daba sólamente órdenes: trabajaba, trabajaba hasta el agotamiento, más alla de todo límite imaginable.
Durante el día barría, lavaba, colaboraba con el médico en las operaciones más difíciles y peligrosas; de noche hacía guardia para los enfermos, caminando por los pasillos con una lámpara en la mano. Y nadie que recurriera a ella dejaba de obtener un sorbo de agua, una palabra de consuelo y de aliento que le ayudara eficazmente a soportar sus padecimientos.
En los momentos de tregua, cuando los enfermos callaban y el silencio se adueñaba de la estancia, Florencia se sentaba a la mesa y se daba con ahinco a la tarea de escribir centenares y centenares de cartas.
Escribía a la madre de un herido, escribía a las familias de los soldados heridos, escribía a los amigos pidiendo dádivas y auxilio.
También conoció el horror del campo de batalla, en el que trabajó incansablemente en beneficio de los heridos, en medio del fuego y la destrucción. Allí organizó un servicio de ambulancias que dió excelentes resultados.
-!Ah no, ésta no es una mujer!...- murmuraban los heridos - !es un hada!
- !Es un ángel, un ángel de caridad....
Florencia Nightindale estaba por todas partes con su gracia y su sonrisa, prodigándose sin desmayo en beneficio de la organización de los servicios asistenciales, cuidando cada detalle a fin de dispensar la mejor atención a los heridos.
A su llamado habían acudido otras enfermeras, que trabajaban a la par de ella, estimuladas por su ejemplo.
La "señora de la lámpara" era, entre todos los horrrores y sufrimientos de la guerra, literalmente una luz de noble caridad humana
viernes, 7 de noviembre de 2014
EN MI RINCON
UN PAIS DE CIEGOS
Parece que estamos viviendo en un pais de ciegos, y no lo digo por los invidentes, sino por esos otros de los que se suele decir que "no hay peor ciego que el que no quiere ver". Este país está lleno de ciegos de esta segunda categoría, de los que no quieren ver. Aunque también existe una tercera, la de los que ven y hacen que no se enteran. Es en éste último grupo donde proliferan muchos de los hábiles trileros que gobiernan nuestros intereses, porque tan pronto un técnico en impuestos no cae en la cuenta que cualquier tipo de ingreso está sujeto al IRPF, como que un consejero de un Banco o de una Caja de Ahorros, no repara en que la Entidad a la que aconseja está concediendo créditos blandos, a cualquieer indocumentado, por el mero hecho de ir recomendado por algún prócer de la patria, sin importarle su nivel de riesgo.
Lo malo de esta epidemia de "ceguera" que asola el país, es que nos está costando un potosí, y que el hecho de que nos esquilmen, desfalquen, y malversen de manera generalizada, hace que no nos cueste trabajo creer que lo de ser honrado sea en este momento una mera utopía. Tenemos un dilema difícil de responder, dado que no es fácil de distinguir a los unos de los otros: a los que no quieren ver, de los que hacen que no se enteran. Porque lo de pasar de ver a no ver, en un pispás, o de ver todo a no ver nada, en un momento, no es ni más ni menos de lo que le pasa al Guadiana, que aparece y desaparece sin que nadie ponga en duda que se trate de un río.
Y en este callejón (¿sin salida?) nos encontramos la mayoría de los "sufridores" de tantos "ciegos" como pululan a nuestro alrededor.
Desde EL RINCON DE MI CALLE, que, a pesa de todo ello, sigue siendo la calle de todos.
jueves, 6 de noviembre de 2014
PASTORAL: SANTO DEL DIA
SAN VILLIBRORDO
(658-738)
La evangelización de Alemania, más allá de Rhin, comenzó en el siglo VII, a fines de la época merovingia, gracias a la obra de los monjes irlandeses y anglosajones, y logró su máximo desarrollo en el siglo siguiente con la acción misionera de San Bonifacio. El primero en desembarcar en Frisia, en los Paises Bajos, fué Vilfrido de York. Después el abad Egberto, un maestro de vida espiritual, mandó a Villibrordo (Willibrord), oriundo de Northumbría, en donde había nacido el año 658, cuyo celo por la difusión del reino de Dios era el único incentivo de su movimentada existencia.
Este monje, a quien los biógrafos describen pequeño de estatura, cabellos negros, de delicada salud, ojos profundos y vivos, encarna el tipo ideal del monje occidental: un trabajaador que no conoce descanso ni crisis de desánimo, austero, prudente, leal, tenaz, devoto del Papa. Se había formado en la abadía inglesa de Ripon, y a los 20 años pasó a Irlanda para perfeccionar su cultura teológica bajo la guía del abad Egberto, que lo consagró sacerdote a los 30 años.
Después del fracaso de la misión de Vilfrido, fué enviado con once compañeros a Frisia. La victoria de Pepino de Heristal contra el rey Radbod en el 689 facilitó la empresa. Desembarcados en la desembocadura del Escaut, una región de tierras pantonosas, los misioneros se dirigieron hacia el interior y fueron recibidos con muchos honores por el duque Pepino. Pero Villibrordo, antes de comenzar su obra de envangelización, quiso ir a Roma para obtener el beneplácito del Papa. Sergio I le dió la aprobación y lo animó. De regreso, el monje escogió a Anversa como centro de su apostolado y de las futuras fundaciones, la más célebre fué la de Utrecht.
Para la fundación de la nueva diócesis de Frisia, Villibrordo fué nuevamente a Roma, en donde el Papa Sergio I le consagró obispo el 21 de noviembre del 695 con el nombre de Clemente (24 años después Gregorio II hacía lo mismo con el monje sajón Vilfrido-Bonifacio). Desde este momento es muy difícil citar todos los viajes del infatigable misionero, desde las orillas del Rhin hasta Dinamarca. En Echternach (Luxemburgo) había fundado un pequeño convento, y allí murió el 7 de noviembre del 739 a los 81 años de edad.
Fué un hombre de acción y oración y sobre todo un grande organizador con un gran sentido del mando que le permitió, gracias a la formación de los obispos auxiliares (una novedad para Occidente), evitar el fraccionamiento de las varias iglesias con la natural dispersión de la actividad pastoral.
miércoles, 5 de noviembre de 2014
EN MI RINCON - POEMAS
ESPERO
Poema de Mario Beneditti
Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanza ya perdidas.
No creo que vengas, lo sé,
sé que vendrás, lo sé.
Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más fría,
sé que ya no estás.
Creo saber todo de ti.
Creo que el día de pronto se hace noche;
sé que sueñas con mi amor, pero no lo dices,
sé que soy idiota al esperarte,
pues sé que no vendrás.
Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tú allá, yo aquí, añorando aquellos días,
en los que un beso marcó la despedida,
quizás por el resto de nuestras vidas.
Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace noche,
y la luna oculta ese sol tan radiante.
Me siento sólo, lo sé,
nunca supe de de nada tanto en mi vida,
sólo sé que me encuentro muy sólo,
y que no estoy allí.
Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.
Mi aire se acaba como agua en el desierto.
Mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tú,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?, te preguntarás,
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a tí?.
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí.
Porque todas las noches me torturo pensando en tí.
¿Por qué no sólo me olvido de tí?
¿Por qué no sólo vivo así?
¿Por qué no sólo ....
lunes, 3 de noviembre de 2014
MITOS Y LEYENDAS
EL AGUILA Y EL ZORRO - FABULA
En el bosque, todos sabían que el águila y el zorro eran muy amigos. Hasta habían construidos sus hogares muy próximos el uno al otro. El águila y su familia tenían su nido en el alto de una escarpada roca, mientras que, al pie de la misma, el zorro había excavado una madriguera muy sólida para su mujer y sus cachorros. !Oh, si! !Eran unos vecinos magníficos!. Los traviesos cachorros del zorro, dados a retozar, se divertían mucho viendo cómo el águila de anchas alas bajaba hasta su alborotada prole, para darle el alimento que les traía en sus garras.
Pero esa noche, cuando el sol se escondía detrás del gran olmo del bosque, el águila bajó hacia tierra con lentitud. Había registrado todo el bosque, descendiendo hasta muy cerca de los árboles, sin hallar cena. Sus garras estaban vacías, y sus hijos tenían hambre. Al divisar a los traviesos zorritos que retozaban abajo, el gran pájaro descendió súbitamente hasta el pie de la roca, aferró a uno de los pequeñuelos, que se retorcía entre sus garras, y se lo llevó a su nido.
!Sus hermanos se sintieeron horrorizados, y su madre furiosa!. Pero el águila, segura de que su nido estaba a demasiada altura para que el zorro lo alcanzara, hizo oidos sordos a sus gritos. Triunfalmente, llevó el aterrorizado cachorro a sus hijos que chillaban, y observó cómo se abrían de par en par sus picos.
Pero el zorro no se había quedaando mirando todo ésto con aire impasible. Asiendo una rama que ardía en su hoguera, la arrojó a lo alto de la roca. Inmediatamente, la seca hierba y las ramas del nido del águila se incendiaron.
En medio de la alarma general, el cachorro salió arrastrándose del nido y bajó dando tumbos por la roca. Cuando llegó abajo, su madre tendió las patas y lo tomó amorosamente para reintegrarlo a su cueva.
!Podrás desdeñar los gritos de aquellos a los que agravias - dijo, airado, el zorro a su amigo de antaño - pero no protegerte de la venganza.
Desde el rincón DE MI CALLE, que sigue siendo la calle de, casi, todos.
PASTORAL: SANTO DEL DIA
SAN MARTIN DE PORRES
(1579-1639)
Natural de Lima, era hijo ilegítimo de Juan de Porres y la negra Ana Velázquez.
Su juventud pasa desapercibida entre aprendiz de peluquero y parco enfermero dedicado a hacer apósitos para heridas de poca trascendencia.
Quiso tomar el hábito de los Predicadores, pero su oscuro color y su ilegítimo nacimiento impedían la entrada en la congregación. Fué por mediación de su padre, que realizó poderosas recomendaciones para que fuera aceptado, cómo lo consiguió.
Se entregó de lleno a la oración y a la caridad como lego; es recordado con la escoba y la lanceta de enfermero haciendo milagros. Pronto la aureola taumatúrgica le haría crear fama fuera de las fronteras de Perú.
La portería del convento se llenaba de gentes que buscaban el milagro. Su prudencia sobrenatural es admirada por los más grandes teólogos de Perú.
El tifus lo postró en cama, lugar donde pocas veces había logrado reposar, y con el cesto de las ratas al lado de la cama dió su último aliento "Fray Escoba".
Se le representa vestido con el hábito dominico, tez morena, una escoba, entre enfermos y numerosos rosos ratones a sus piés. Patrono de pobres, enfermos y humildes; protector de la injusticia social, del personal sanitario y de los animales domésticos; invocado contra las ratas y las enfermedades de los animales domésticos.
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