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viernes, 11 de julio de 2014

DESDE MI CALLE


M I E D O 
¿Quién no ha tenido miedo alguna vez? Cuando aparece ante nosotros algo que nos evoca peligros, amenazas o incertidumbres, es normal sentir miedo.
El miedo es un “fantasma” con muchos rostros: miedo a la oscuridad, a la soledad, al qué dirán, a hablar, al ridículo, a definirse, al compromiso, al fracaso, a los demás, a uno mismo, a encarar la realidad, al presente, a lo que está por venir, a la vida, a la muerte... Sus efectos son también variados: puede producir indecisión, impedir avanzar, echar para atrás, hacer tomar otro camino, paralizar, atrapar...
El miedo puede ser un sentimiento adaptativo cuando nos previene de peligros reales y nos hace tomar las precauciones necesarias. Pero el problema es cuando atrapa la vida y uno vive huyendo de todo y de todos.
“No tengáis miedo”, “no temáis” es la palabra que asiduamente oimos de nuestros gobernantes, mientras pensamos que tenemos motivos y  derecho a sentir miedo. Pero al mismo tiempo en nuestro interior anida la esperanza de que nos den el paso de la confianza necesaria para no tener miedo
En el partido de nuestra vida juegan Miedo y Confianza. Ambos quieren ganar. Cuando uno avanza, hace que el otro retroceda. Ojalá que, apoyados en aquellos en quienes nos hemos fiado, llegue la Confianza a ganar... por goleada
DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos

.
”.

PASTORAL: SANTO DEL DIA


SANTA TERESA DE LOS ANDES

El Continente joven, nuestra América, nos da también Santos muy jóvenes. Hoy nos toca presentar a Teresa de los Andes, una Santa que muere en la flor de la edad ―diecinueve años sólo―, y que se gana todos los corazones. ¡Qué linda esta jovencita chilena, que nace con el siglo veinte, el año 1900!

Muy niña aún, entabla con el Padre Capellán este diálogo encantador:
- Padrecito, vámonos al cielo. 
- Bien, vamos. Pero, ¿dónde está el cielo? 
- Allá, en los Andes. Mírelos qué altos son, que tocan al cielo. 
- Está bien, hijita. Pero fíjate: cuando hayamos trepado esos montes, el cielo estará mucho más arriba. No; ése no es el camino del cielo. ¿Sabes dónde está el verdadero camino del Cielo? En el Sagrario, donde está Jesús. 

Teresa lo entiende, y ya no suspira sino por recibir a Jesús. El santo Padre Mateo Crawley entroniza en el hogar al Sagrado Corazón, y la mamá le pide: 
- Padre, consagre especialmente mi hija al Sagrado Corazón.
Así lo hace el Padre Mateo. Y la mamá, al conocer después la santidad de su hija, dirá: 
- Con todo el corazón se la presenté yo también. Y Nuestro Señor no desechó la ofrenda. 
Teresa recibe la Primera Comunión de manos del gran Obispo Monseñor Jara, de quien es esa célebre página sobre la madre. La niña Teresa se sintió feliz, y escribió: 
- Jesús, desde ese primer abrazo, no me soltó y me tomó para sí. Todos los días comulgaba y hablaba con Jesús largo rato. 
Su devoción a María va a ser también muy tierna, como nos dice ella misma: -Mi devoción espe-cial era la Virgen. Le contaba todo. La Virgen, que jamás ha dejado de consolarme y oírme.

Teresa es cada día más buena. Pero no vayamos a pensar que era sin esfuerzo. Si le preguntamos a la mamá, ésta nos responde: 
- Solía tener sus rabietas, que se traducían en llantos a mares y en tenacidad para no obedecer. Pero fue venciéndose y adquiriendo gran dominio de sí misma. 

Afectuosa, se hacía querer de todos. Juegan mucho los seis hermanos, gana ella casi todas las partidas, y hasta le tienen que prohibir el juego por tantas discusiones. Montar a caballo y nadar constituían sus delicias... En suma, una muchachita normal, encantadora: buena y traviesa, inocente y enredona...
Desde niña, aprende el Catecismo y se convierte en catequista. De familia acomodada, busca los niños más pobres. Les enseña la doctrina, les dice cómo amar a Jesús y a la Virgen, les hacer mirar la eternidad del Cielo y del Infierno... 
Y tiene siempre alegres a estos niños. Era una consecuencia de la alegría que llevaba dentro de sí este ángel caído del cielo, y que tenia por máxima: 
- Dios es alegría infinita. 
¿Y se puede estar tristes cuando se tiene a Dios dentro de nuestro ser? Con Dios no cesa nunca la alegría en el alma. La alegría es la manifestación más pura de la presencia de Dios con nosotros.
Se hizo famoso el caso del niño que encuentra perdido en la calle. Harapiento y muerto de hambre, se lo lleva a casa. Lo cuida, lo mima. Se las ingenia para sacar dinero de sus ahorritos, y escribe: 
- El día de mi cumpleaños junté treinta pesos. Voy a comprarle unos zapatos a Juanito y lo demás se lo entregaré a mi mamá para que ayude a los pobres. 
Todos se extrañan de su proceder, y le preguntan:
- Pero, ¿qué has hecho?... 
Y ella, con la naturalidad más grande del mundo: 
- Nada. Le he dado mis zapatos a la mamá de Juanito, porque ella no tenía. Y al papá, como es aficionado al licor y hace padecer a los suyos, lo he llamado y le he hecho ir a confesarse y comulgar. Después, fui a su casa para consagrar la familia al Sagrado Corazón de Jesús.

Así es Teresa. Entre las compañeras, es la mejor del Colegio. Queda la primera muchas veces, y ella lo consigna con simpático orgullo, por amor a sus papás: 
- Salí primera en Historia. Estoy feliz. Yo que jamás tenía puestos, ahora la Virgen me los da. Se los pido para dar gusto a mi papá y a mi mamá. 
¿Por qué es tan querida de todos? Porque es fiel a sus lemas, cumplidos con tesón: 
- El deber ante todo, el deber siempre. 
- El amor es la fuerza que ayuda a obrar.
- Me esmeraré en labrar la felicidad de los demás. Para ello, olvidarme de mí misma. 

Ya lo vemos: una chica como cualquier otra en apariencia, pero con un tesón enorme por superarse.

La vida le sonríe, pero Teresa la va a sacrificar generosamente. Pide entrar en el convento de las Carmelitas de clausura, de Los Andes, y en él se encierra para siempre. La que se llamaba Juanita, ahora se quiere llamar Teresa, y como Santa Teresa de Los Andes será conocida para siempre en la Iglesia.

Pero su vida de religiosa va a ser muy corta. No llegará a un año, pues, a los once meses, el Señor se la lleva para darle el premio de su vida preciosa. En vida y en muerte, se le ha cumplido su gran deseo: 
- ¿Quién puede hacerme más feliz que Dios? Nadie. En Él lo encuentro todo....






jueves, 10 de julio de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA

San Benito

San Benito

Abad, Patrono de Europa
(480-543)

San Benito
San Benito, patriarca del monaquismo occidental, nació en Nursia, en la Umbría, hacia el año 480. Nace en una familia acomodada, y pronto lo envían a estudiar a Roma, para prepararle un buen porvenir.
«Hubo un varón de vida venerable, bendito por gracia y por nombre», dirá de él su discípulo y biógrafo, el papa San Gregorio Magno. No le iba a Benito la vida relajada y malsana de Roma, y se marcha a la soledad.
Se refugia en la cueva rocosa de Subiaco, dedicado a la contemplación. Un monje le descuelga desde un peñasco algún alimento en un cestillo. El demonio no deja de tentarle. Un día sufre una fuerte tentación carnal, de la que Benito triunfa lanzándose desnudo en un zarzal, que todavía hoy se muestra al visitante. No volverá a sentir tal tentación.
Pasa luego de la soledad a la vida cenobítica o de comunidad. Le eligen abad de un monasterio. Funda varios en las cercanías, combinando la oración y el trabajo manual, según el estilo de San Pacomio en Egipto. Admite a niños, como Plácido y Mauro. Será el principio de las escuelas monacales. Se cuenta que el pequeño Plácido era tartamudo. Sólo sabía decir sí. Sus padres lo llevaron al monasterio preocupados. Benito les acogió amablemente, con hospitalidad benedictina, y les consoló diciendo: «Aunque en toda su vida no sepa decir más que sí, ya es suficiente».
Algunos monjes revoltosos intentan eliminar al abad envenenándole con vino. Benito bendice el vaso y se quiebra. Entonces decide marchar a otro lugar. Con algunos incondicionales se dirige al sur, y establece en Montecasino la vida monástica. El demonio le prueba, pero sigue adelante.
Escribe la Regla «la Santa Regla, la más sabia y prudente de las Reglas», exigente y moderada a la vez, en la que se combinan sabiamente las alabanzas divinas con el trabajo manual: el famoso lema «Ora et labora». El abad representa a Cristo. Será para todos exigente y paternal, muy atento con los enfermos. Se recibirá a los huéspedes como al mismo Cristo.
Benito sabía que las limitaciones del monje y de su comunidad forman parte del plan de Dios para la santificación. Entonces introduce en la Regla el voto de estabilidad que liga al monje para siempre a un monasterio. Esto le impide soñar en hallar el monasterio perfecto. «Si tuviera otro abad, otros compañeros... Si estuviera en otro sitio». Esto es perder el tiempo. Lo que tienes es lo mejor, lo único, para tu santificación.
El monje saca la mejor luz y fuerza de la celebración de los divinos misterios, el Opus Dei, la obra de Dios por excelencia. Pero Benito no es sordo a las necesidades de los hombres. Desciende con frecuencia de su amada montaña, siempre que puede remediar cualquier necesidad. Sus hijos seguirán su ejemplo, de lo que se beneficiará muy positivamente, en todos los campos, toda la civilización occidental.
Al final de su vida mueren algunos de sus grandes amigos, como Cesáreo de Arlés y el abad Casiodoro. Mucho le afecta también el vuelo de paloma al seno del Esposo de su entrañable hermana Escolástica. Esto le va despegando más y más de la tierra y le va acercando al paraíso.
El Jueves Santo del 547, 21 de marzo, asistiendo a los divinos oficios, le llega la hora de la muerte. Quiere hacerlo de pie, como buen atleta de Cristo. De pie comulga y recibe la Sagrada Unción, sostenido por sus hijos, que celebran así la Pascua, la Pascua de su abad.

miércoles, 9 de julio de 2014

DESDE MI CALLE



SANIDAD . . .

Cuando aparecen declaraciones, tanto en el Parlamento de la Nación, como en distintos medios de información, sobre la SANIDAD, por el Presidente de éste des-Gobierno, siempre se refiere a que ésta es pública, universal, gratuita y de calidad.



La salud pública es la disciplina encargada por los gobiernos de los países de la protección de la salud de su población.

sanidad universal hace referencia al acceso a la asistencia sanitaria completa y a la salud pública de todos los residentes de un país o región geográfica o política sin importar su capacidad económica y su situación personal.

sanidad gratuita: El art.1 de la Ley General de Sanidad, establece que son titulares del derecho a la protección de la salud y a la atención sanitaria gratuita todos los españoles y extranjeros que tengan establecida su residencia en territorio nacional.

Sanidad de calidad:  La Sanidad Pública universal y de calidad ha sido la base fundamental para el dedarrollo del Estado de Bienestar y es uno de los pilares para asegurar la solidaridad y la equidad dentro de una sociedad.

Sr. Don Mariano Rajoy Brey, Presidente de nuestro des-Gobierno, ¿considera usted que todas sus afirmaciones sobre la SANIDAD, se corresponden con las definiciones referenciadas?

Sra. Ana Mato, Ministra de Sanidad de nuestro des-Gobierno ¿considera usted que toda la política que ha aplicado hasta el día de hoy se corresponde con las definiciones referenciadas?

Les digo rotundamente a ambos que NO. Y les explico un caso que recientemente me ha sucedido estando pasando unos días en un pueblo de Zamora, provincia de Castilla y León.

"Tuve necesidad de ir a por una receta a la consulta del médico ( viene por la mañana los martes y jueves a atender a la gente de dicho pueblo). Al tocarme el turno y presentarle mi tarjeta sanitaria (de otra Comunidad Autónoma) y explicarle el motivo de mi presencia en su consulta, me preguntó si tenía el "documento de asistencia a desplazados", y al contestarle mi ignorancia sobre el particular y preguntarle dónde debería sacar ése documento su contestación fué limitarse a decir que no era de su incumbencia y que preguntase a alguien que habría necesitado del mismo. En ese momento, y molesto por su actitud, le volví a enseñar mi tarjeta de asistencia sanitaria y le dije que consultase en su ordenador si aparecían las medicinas que necesito. Su respuesta nuevamente me sorprendió pues me contestò que según lo dispuesto por el Ministerio de Sanidad, tendría que pedir a mi médico de cabecera que me enviase por correo, o por internet o por fax o por ... una relación de dichos medicamentos para así introducirlos en su ordenador y poder expedirme la receta que necesite. Ante esto, y despidiéndome de él, decidí ir a la primera farmacia que encontrase y comprar la medicina que me faltaba".

Este es el servicio público, universal, gratuito y de calidad que desgraciadamente no tenemos más remedio que soportar.

Todo esto Sres. Mariano Rajoy y Ana Mato, Presidente y Ministra de Sanidad de nuestro des-Gobierno, es por lo que digo que MIENTEN DESCARADAMENTE cuando dicen que nuestra SANIDAD es Pública, Universal y Gratuita.

DESDE MI CALLE, que a pesar de todo sigue siendo la calle de todos.


      

PASTORAL: SANTO DEL DIA

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Cristóbal de Licia, Santo
Mártir, 10 de julio


Cristóbal de Licia, Santo

San Cristóbal, popularísimo gigantón que antaño podía verse con su barba y su cayado en todas las puertas de las ciudades: era creencia común que bastaba mirar su imagen para que el viajero se viese libre de todo peligro durante aquel día. Hoy que se suele viajar en coche, los automovilistas piadosos llevan una medalla de san Cristóbal junto al volante.

¿Quién era? Con la historia en la mano poco puede decirse de él, como mucho que quizá un mártir de Asia menor a quien ya se rendía culto en el Siglo v. Su nombre griego, «el portador de Cristo», es enigmático, y se empareja con una de las leyendas más bellas y significativas de toda la tradición cristiana. Nos lo pintan como un hombre muy apuesto de estatura colosal, con gran fuerza física, y tan orgulloso que no se conformaba con servir a amos que no fueran dignos de él.

Cristóbal sirvió primero a un rey, aparente señor de la tierra, a quién Cristóbal vío temblando un día cuando le mencionarón al demonio.

Cristóbal entonces decidió ponerse al servicio del diablo, verdadero príncipe de este mundo, y buscó a un brujo que se lo presentará. Pero en el camino el brujo pasó junto a una Cruz, y temblando la evitó. Cristóbal le pregunto entoncés si él le temía a las cruces, contestandole el brujo que no, que le temía a quién había muerto en la Cruz, Jesucristo. Cristóbal le pregunto entonces si el demonio temía también a Cristo, y el brujo le contestó que el diablo tiembla a la sola mención de una Cruz donde murió él tal Jesucristo.

¿Quién podrá ser ese raro personaje tan poderoso aun después de morir? Se lanza a los caminos en su busca y termina por apostarse junto al vado de un río por donde pasan incontables viajeros a los que él lleva hasta la otra orilla a cambio de unas monedas. Nadie le da razón del hombre muerto en la cruz que aterroriza al Diablo.

Hasta que un día cruza la corriente cargado con un insignificante niño a quien no se molesta en preguntar; ¿qué va a saber aquella frágil criatura? A mitad del río su peso se hace insoportable y sólo a costa de enormes esfuerzos consigue llegar a la orilla: Cristóbal llevaba a hombros más que el universo entero, al mismo Dios que lo creó y redimió. Por fin había encontrado a Aquél a quien buscaba.

--¿Quién eres, niño, que me pesabas tanto que parecía que transportaba el mundo entero?--Tienes razón, le dijo el Niño. Peso más que el mundo entero, pues soy el creador del mundo. Yo soy Cristo. Me buscabas y me has encontrado. Desde ahora te llamarás Cristóforo, Cristóbal, el portador de Cristo. A cualquiera que ayudes a pasar el río, me ayudas a mí.

Cristóbal fue bautizado en Antioquía. Se dirigió sin demora a predicar a Licia y a Samos. Allí fue encarcelado por el rey Dagón, que estaba a las órdenes del emperador Decio. Resistió a los halagos de Dagón para que se retractara. Dagón le envió dos cortesanas, Niceta y Aquilina, para seducirlo. Pero fueron ganadas por Cristóbal y murieron mártires. Después de varios intentos de tortura, ordenó degollarlo. Según Gualterio de Espira, la nación Siria y el mismo Dagón se convirtieron a Cristo.

San Cristóbal es un Santo muy popular, y poetas modernos, como García Lorca y Antonio Machado, lo han cantado con inspiradas estrofas. Su efigie, siempre colosal y gigantesca, decora muchísimas catedrales, como la de Toledo, y nos inspira a todos protección y confianza.

Sus admiradores, para simbolizar su fortaleza, su amor a Cristo y la excelencia de sus virtudes, le representaron de gran corpulencia, con Jesús sobre los hombros y con un árbol lleno de hojas por báculo.

Esto ha dado lugar a las leyendas con que se ha oscurecido su vida. Se le considera patrono de los transportadores y automovilistas.

martes, 8 de julio de 2014

PASTORAL. SANTO DEL DIA


Santa Verónica Giuliani 1660 - 1727



Ursula Giuliani nació en Mercatello de Urbino, en 1660. 

En 1667, la joven ingresó en el convento capuchino de Cita de Castello, en Umbría, donde tomó el nombre de Verónica. Después de la profesión, aumentó todavía más su devoción a la Pasión de Cristo; a raíz de una visión de Nuestro Señor con la cruz a cuestas, Verónica empezó a sufrir de un agudo dolor en el costado. En 1693, tuvo otra visión en la que el Señor le dio a gustar el cáliz; Verónica lo aceptó y, desde aquel momento, los estigmas de la Pasión comenzaron a grabarse en su cuerpo y en su alma. Al año siguiente las marcas de la corona de espinas aparecieron sobre su frente y las huellas de las cinco llagas se formaron en sus miembros el Santo de 1697. 

Durante 34 años desempeñó en su convento el cargo de maestra de novicias. Once años antes de su muerte, fue elegida abadesa. Formaba a sus novicias con el "Ejercicio de Perfección y Virtudes Cristianas" del P. Rodriguez. Al fin de su vida, Santa Verónica, que durante casi 50 años había sufrido con admirable paciencia, resignación y aún gozo, se vio atacada de una apoplejía. Murió el 9 de julio de 1727. Dejó escrito un relato de su vida y sus experiencias místicas, que fue de gran utilidad en el proceso de beatificación. Antes de su muerte, había dicho a su confesor que los instrumentos de la Pasión del Señor estaban impresos en su corazón. Le dibujó su corazón, representando estos instrumentos, pues decía que los sentía porque cambiaban de posición. Al hacerle la autopsia, en la que estuvo presente el obispo, el alcalde y varios cirujanos, se puso al descubierto una serie de objetos minúsculos, que correspondían a los que la santa había dibujado.

lunes, 7 de julio de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA


SAN FERMIN, OBISPO Y MARTIR

Es sin duda uno de los santos más conocidos, sirvió de inspiración a un premio Pulitzer (A Hemingway en su novela «Fiesta») y las celebraciones que cada siete de julio le rinden tributo convocan a miles de corredores de todos los rincones del planeta. Sin embargo, poco se sabe con certeza de la vida de San Fermín, divulgador del cristianismo y co-patrón de Navarra junto a San Francisco Javier.

La información que ha llegado hasta nuestros días de la vida del santo procede en su mayor parte de las «Actas de la vida y del martirio de San Fermín», redactadas hacia el siglo VI —tres siglos después de su muerte— y de varios brevarios medievales, textos en los cuales, según explica José Antonio Goñi Beásoain de Paulorena, prefecto de liturgia de la Catedral de Santa María la Real de Pamplona en su biografía del santo, «San Fermín, entre la historia y la leyenda», dónde afirma que en la vida de San Fermín «aparece mezclada la realidad histórica con elementos legendarios sobre la vida del santo, fruto de la devoción del pueblo fiel». 

Entre lo que se sabe del santo, cabe destacar que el siete de julio no fue una fecha significativa en su vida ni en su muerte. De hecho, no se le comenzaría a rendir tributo en ese día hasta 1591, cuando el obispo Bernardo de Rojas y Sandoval trasladó, a petición del pueblo, la festividad en su nombre, celebrada hasta entonces el 10 de octubre, por ser más cálido el tiempo y para que coincidiera con la feria de ganado.

Según Goñi, San Fermín nació a mediados del siglo III en la romana Pompaelo, actual Pamplona, primogénito de un senador local, Firmo. Años después de su nacimiento llegó a la zona el predicador Honesto, discípulo de Saturnino de Toulouse (Francia) dispuesto a evangelizar una región en la cuál todavía se veneraba a los dioses romanos. Allí se encontró con Firmo y su familia, a los cuáles logró convencer de que abrazasen la Fé cristiana gracias a su oratoria.

Tras persuadir a los Firmo, Honesto volvió a Toulouse para informar a Saturnino de sus progresos. Éste decidió trasladarse a Pamplona, dónde convirtió en masa al pueblo pamplonica al cristianismo, incluyendo al jóven Fermín. Convencido de haber hecho lo correcto al abandonar los dioses paganos, Firmo entregó a su primogénito a Honesto para que le formara en la doctrina cristiana. Cuando éste le consideró apto, lo envió a Toulouse para que el obispo Honorato, sucesor de Saturnino, lo ordenase sacerdote, tras lo cuál éste volvió a la actual capital navarra.

Recién cumplidos los treinta años, Fermín abandonó su tierra por última vez para evangelizar las tierras de las Galias vecinas. Allí visitó Agen y Anjou, y después Beauvais, a dónde se dirigió, según Goñi «con entusiasmo y gozo, dispuesto a padecer por Cristo habiéndose enterado de que Valerio, gobernador de los belovacos, perseguía a los cristianos y los martirizaba». Allí fue encarcelado hasta que, muerto Valerio en una revuelta militar, acabó siendo liberado por sus sucesores.

El siguiente destino de San Fermín fue Amiens, dónde acabaría sufriéndo martirio a manos de Sebastián, el gobernador de la provincia, quién, azuzado por la persecución religiosa contra los cristianos decretada por el emperador Diocleciano, mandó apresarlo y decapitarlo. «Ordenó sus soldados que lo prendieran y lo encerraran en la cárcel, indicándoles que lo decapitaran silenciosamente por la noche y que escondieran su cuerpo para que no lo encontraran los cristianos y le tributaran honores» escribe Goñi. Precisamente para recordar esta decapitación los actuales corredores de los Sanfermines se anudan un pañuelo rojo al cuello.

Según el prefecto de liturgia, Sebastián tenía reservado al cuerpo del santo un destino cruel: «descuartizarlo y desparramarlo por los campos para que los cristianos no lo encontraran». Sin embargo, la rápida actuación del senador Faustiniano, «quién años atrás había recibido a Fermín a su llegada a Amiens y había sido bautizado por éste», salvó sus restos: «Faustiniano recogió secretamente los restos del santo obispo y los enterró en el sepulcro familiar de Abladene».

Fue también en Amiens donde se inició el culto al santo pamplonica. Según Goñi, «la tradición habla del hallazgo de sus reliquias a comienzos del 615. En el siglo XII el culto al santo adquirió gran esplendor y popularidad en la ciudad francesa, según las Actas de la Iglesia de Amiens, gracias al nuevo obispo Godofredo».

En Pamplona el culto a la figura de San Fermín no llegaría hasta 1186, cuando el obispo Pedro de París recibió unas reliquias del cráneo del mártir. Sin embargo, el culto al mismo pronto crecería en intensidad hasta el siglo XVII, cuando se inició una disputa entre seguidores de San Fermín y de San Francisco Javier, patrocinado por los jesuitas. Una disputa que quedó zanjada en 1657, cuando el Papa Alejandro VII proclamó a ambos co-patronos de Navarra.

Pese a estos datos, los detalles que se conservan de su biografía aparecen entremezclados con retazos legendarios e incluso no son pocos los que se plantean si de verdad existió. El último en defender que el santo no existió ha sido el historiador Roldán Jimeno, hijo del historiador pamplonés Jimeno Jurío, que defiende en una tesis la misma conclusión a la que llegaron en 1970 varios expertos navarros y arqueólogos de Amiens: que los retazos de la vida de San Fermín que han llegado hasta nuestros días carecen de base histórica.

Otros, sin embargo, encuentran motivos suficientes para defender que el santo vivió de verdad. «A pesar de que su existencia no puede testimoniarse con documentos históricos, no podemos concluir que San Fermín sea fruto de la devoción popular o de leyendas hagiográficas», explica Goñi en su texto. «Algún fundamento tuvieron aquellos cristianos de Amiens para atribuir como lugar de procedencia Pamplona, ciudad situada a mil kilómetros de distancia, al mártir y obispo, en lugar de permitir que alguna Iglesia de Francia pudiera apropiarse de un hijo tan ilustre». Además, recuerda que «la diócesis de Pamplona cuenta actualmente con un obispo, que tuvo un antecesor, que a su vez sucedió a otro, y éste a otro. Alguna vez uno de ellos tuvo que ser el primero ¿Se llamaba Fermín?».