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martes, 15 de julio de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA


NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

Patrona de los marineros

Memoria de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, monte en el que Elías consiguió que el pueblo de Israel volviese a dar culto al Dios vivo y en el que, más tarde, algunos, buscando la soledad, se retiraron para hacer vida eremítica, dando origen con el correr del tiempo a una orden religiosa de vida contemplativa, que tiene como patrona y protectora a la Madre de Dios.

Desde los antiguos ermitaños que se establecieron en el Monte Carmelo, Los Carmelitas han sido conocidos por su profunda devoción a la Santísima Virgen. Ellos interpretaron la nube de la visión de Elías (1 Reyes 18, 44) como un símbolo de la Virgen María Inmaculada. Ya en el siglo XIII, cinco siglos antes de la proclamación del dogma, el misal Carmelita contenía una Misa para la Inmaculada Concepción.

En las palabras de Benedicto XVI, 15,VII,06: 
"El Carmelo, alto promontorio que se yergue en la costa oriental del Mar Mediterráneo, a la altura de Galilea, tiene en sus faldas numerosas grutas naturales, predilectas de los eremitas. El más célebre de estos hombres de Dios fue el gran profeta Elías, quien en el siglo IX antes de Cristo defendió valientemente de la contaminación de los cultos idolátricos la pureza de la fe en el Dios único y verdadero. Inspirándose en la figura de Elías, surgió al Orden contemplativa de los «Carmelitas», familia religiosa que cuenta entre sus miembros con grandes santos, como Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Teresa del Niño Jesús y Teresa Benedicta de la Cruz (en el siglo, Edith Stein). Los Carmelitas han difundido en el pueblo cristiano la devoción a la Santísima Virgen del Monte Carmelo, señalándola como modelo de oración, de contemplación y de dedicación a Dios. María, en efecto, antes y de modo insuperable, creyó y experimentó que Jesús, Verbo encarnado, es el culmen, la cumbre del encuentro del hombre con Dios. Acogiendo plenamente la Palabra, «llegó felizmente a la santa montaña» (Oración de la colecta de la Memoria), y vive para siempre, en alma y cuerpo, con el Señor. A la Reina del Monte Carmelo deseo hoy confiar todas las comunidades de vida contemplativa esparcidas por el mundo, de manera especial las de la Orden Carmelitana, entre las que recuerdo el monasterio de Quart, no muy lejano de aquí [Valle de Aosta]. Que María ayude a cada cristiano a encontrar a Dios en el silencio de la oración. 

La estrella del Mar y los Carmelitas

Los marineros, antes de la edad de la electrónica, dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.

Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar. Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar.

Los Carmelitas y la devoción a la Virgen del Carmen se difunden por el mundo

La Virgen Inmaculada, Estrella del Mar, es la Virgen del Carmen, es decir a la que desde tiempos remotos se venera en el Carmelo. Ella acompañó a los Carmelitas a medida que la orden se propagó por el mundo. A los Carmelitas se les conoce por su devoción a la Madre de Dios, ya que en ella ven el cumplimiento del ideal de Elías. Incluso se le llamó: "Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo". En su profesión religiosa se consagraban a Dios y a María, y tomaban el hábito en honor ella, como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a ella, y por ella, a Cristo.

La devoción a la Virgen del Carmen se propagó particularmente en los lugares donde los carmelitas se establecieron. 

América
Es patrona de Chile; en el Ecuador es reina de la región de Cuenca y del Azuay, recibiendo la coronación pontificia el 16 de Julio del 2002. En la iglesia del monasterio de la Asunción en Cuenca se venera hace más de 300 años. Es además venerada por muchos en todo el continente. 

PASTORAL. SANTO DEL DIA


San Buenaventura
Religioso. Cardenal. Escritor.
Año 1274


Nació en Bañoreal, cerca de Vitervo (Italia)

Se llamaba Juan, pero dicen que cuando era muy pequeño enfermó gravemente y su madre lo presentó a San Francisco, el cual acercó al niñito de cuatro meses a su corazón y le dijo:
"¡BUENA VENTURA!"que significa: "¡BUENA SUERTE. BUEN EXITO!". Y el niño quedó curado. Y por eso cambio su nombre de Juan por el de Buenaventura. Y en verdad que tuvo buena suerte y buen éxito en toda su vida.

En agradecimiento a San Francisco su benefactor, se hizo religioso franciscano. Estudióo en la universidad de París, bajo la dirección de famoso maestro Alejandro de Ales, y llegó a ser uno de los más grandes sabios de su tiempo. Se le llama "Doctor seráfico", porque "Serafín" significa "el que arde en amor por Dios" y este santo en sus sermones, escritos y actitudes demostró vivir lleno de un amor inmenso hacia Nuestro Señor. Los que lo conocieron y trataron dicen que todos sus estudios y trabajos los ofrecía para gloria de Dios y salvación de las almas. A sus clases concurrían en grandes cantidades gente de todas las clases sociales y sus oyentes afirmaban que mientras hablaba parecía estar viendo al invisible.Su inocencia y santidad de vida eran tales que su maestro, Alejandro de Alex, exclamaba "Buenaventura parece que hubiera nacido sin pecado original".Escrúpulos peligrosos. Él no veía en si mismo sino faltas y miserias y por eso empezó a padecer la enfermedad de los escrúpulos, que consiste en considerar pecado lo que no es pecado. Y creyéndose totalmente indigno empezó a dejar de comulgar. Afortunadamente la bondad de Dios le concedió un valor especial, y observó en visión que Jesucristo en la Santa Hostia se venía desde el copón en el cual el sacerdote estaba repartiendo la Sagrada Comunión, y llegaba hasta sus labios. Con esto reconoció que el dejar de comulgar por escrúpulos era una equivocación.Escritor famoso. Buenaventura, además de dedicarse muchos años a dar clases en la Universidad de París donde se formaban estudiantes de filosofía y teología de muchos países, escribió numerosos sermones y varias obras de piedad que por siglos han hecho inmenso bien a infinidad de lectores. Una de ellas se llama "Itinerario del alma hacia Dios". Allí enseña que la perfección cristiana consiste en hacer bien las acciones ordinarias y todo por amor de Dios. El Papa Sixto IV decía que al leer las obras de San Buenaventura se siente uno invadido de un fervor especial, porque fueron escritas por alguien que rezaba mucho y amaba intensamente a Dios.
Una noticia muy alagadora. San Buenaventura fue nombrado Superior General de los Padres Franciscanos, y el Papa le concedió el título de Cardenal. Y aunque era famoso mundialmente por su sabiduría, sin embargo seguía siendo muy humilde y se iba a la cocina a lavar platos con los hermanos legos (dicen que la noticia de su nombramiento como Cardenal le llegó mientras estaba un día lavando platos en la cocina) y Fray Gil, uno de los hermanos legos más humildes, le preguntó un día: "Padre Buenaventura, ¿un pobre ignorante como yo, podrá algún día estar tan cerca de Dios, como su Reverencia que es tan inmensamente sabio?"El gran sabio le respondió: "Oh mi querido Fray Gil: si una pobre viejecita ignorante tiene más amor de Dios que Fray Buenaventura, estará más cerca de Dios en la eternidad que Fray Buenaventura". Al oír semejante noticia, el humilde frailecito empezó a aplaudir y a gritar: "Ay Fray Gil borriquillo de Dios, aunque seas más ignorante que la más pobre viejecita, si amas a Dios más que Fray Buenaventura, estarás en el cielo más cerca de Dios que el gran Fray Buenaventura". Y de pura emoción se fue elevando por los aires, y quedó allí suspendido entre cielo y tierra en éxtasis. Es que había escuchado la más halagadora de las noticias: que el puesto en el cielo dependerá del grado de amor que hayamos tenido hacia el buen Dios.

Este gran doctor, que por 17 años fue Superior General de los Padres Franciscanos y recorrió el mundo visitando las casas de su comunidad y animando a todos a dedicarse a la santidad, y que fue el hombre de confianza del Sumo Pontífice para resolver muchos casos difíciles, y que dirigió en nombre del Papa el Concilio de Lyon y tuvo el honor de que la oración fúnebre el día de su entierro la hiciera el mismo Sumo Pontífice, tenía una cualidad especialísima: una exquisita bondad en su trato, una amabilidad que le ganaba los corazones, un modo conciliador que lo alejaba de los extremos, de la extrema rigidez que amarga la vida de los otros y de la relajación que deja a todos seguir por el camino del mal sin corregirlos. Sus virtudes preferidas eran la humildad y la paciencia, y la meditación frecuente en la pasión y muerte de Cristo lo llevaba a esforzarse por cumplir aquel consejo de Jesús: "Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón". Su crucifijo lo tenía totalmente desgastado de tanto besarle las manos, los pies, la cabeza y la herida del costado. Su amor a la Virgen María era intenso y por todas partes recomendaba el rezo del Angelus (o de las tres Aves Marías).Un santo elogia a otro santo. A San Buenaventura le recomendaron que escribiera la biografía de su gran protector San Francisco de Asís (la cual resulto muy hermosa) y dicen que cuando estaba redactándola, llegó a visitarlo el sabio más famoso de su tiempo, Santo Tomás de Aquino, el cual al asomarse a su celda y verlo sumido en la contemplación y como en éxtasis, exclamó: "dejemos que un santo escriba la vida de otro santo", y se fue. Así que estos dos sabios tan famosos no se trataron en vida pero se admiraron mutuamente.Muerte solemne. En el año 1274 se celebro el concilio de Lyon (o reunión de todos los obispos católicos del mundo). Terminando el Concilio con gran éxito, todo dirigido por San Buenaventura, por orden del Sumo Pontífice, el santo sintió que le faltaban las fuerzas, y el 15 de julio de 1274 murió santamente asistido por el Papa en persona. Todos los obispos del Concilio asistieron a sus funerales y caso único en la historia, el Santo Padre ordenó que todos los sacerdotes del mundo celebran una misa por el alma del difunto.Un elogio muy especial. El Papa Inocencio V predicó la homilía en el entierro de San Buenaventura y dijo de él: "Su amabilidad era tan grande que empezar a tratarlo era quedar ya amigos de él para siempre. Y su unción al predicar y escribir era tan admirable, que escucharlo o leer sus escritos, era ya empezar a sentir deseos de amar a Dios y conseguir la santidad". Bello elogio en verdad.



lunes, 14 de julio de 2014

DESDE MI CALLE



La paz y la espada
Las acciones y sus consecuencias no funcionan de manera automática y al margen de las voluntades. El poderoso suele realizarlas para justificarse ante los demás, especialmente si son sus subordinados, tratando de manipularlos y atraerse su favor, sin cambiar su conducta. Los poderosos hacen saber al pueblo que tales acciones, por más malvadas que sean no son abominables. Y no porque sean innecesarias, insolidarias o perniciosas, sino porque su objetivo es que sean la expresión de un modo de vida orientada hacia el dominio de las suyas, y conseguir así que reconozcan su superioridad, y la necesidad de dependencia hacia ellos. Por eso, no dudan en hablar de justicia, y en la necesidad de ayuda a los necesitados, aunque en ningún momento crean en ello, y, menos aún, pongan en marcha las medidas necesarias para realizarlas, 
El divorcio entre los necesitados y los poderosos es todavía más grande en la sociedad de consumo en la que estamos conviviendo, pues todos los sacrificios a los que nos están conduciendo, no son sino la memoria y la actualización del único objetivo al que esos poderosos desean que lleguemos, que es la aceptación y el sometimiento a sus ambiciones.
Para evitar el llegar a ese extremo, es preciso hacer previamente una elección radical y no siempre fácil, mediante actos y protestas, mediante palabras y hechos, que pueden escandalizar a los más pusilánimes, a los más temerosos y faltos del necesario valor. Es claro que la persona humana no es por definición belicista, ni está a favor de la violencia, pero si dice que hay que tomar la espada y no la paz, es porque una elección fácil y pacífica es lo mismo que renunciar a sus derechos, porque se debe de exigir el bien obrar, porque se debe de buscar el ayudar al oprimido, el defender al huérfano, al falto de recursos, porque se debe pedir de forma imperiosa y enérgica una solidariedad total, la eliminación de la marginación, del aislamiento de la sociedad,es decir un nuevo modo de vida y de relación entre todos.
Por todo ello, no dudemos en sacar la espada ante los poderosos, y defender con  ella, caso que sea necesario, un nuevo modo de vida.
DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos.








                                                                                     . 

DESDE MI CALLE

Algo de ti reconozco en mí


Cabizbaja y repleta de miedos, aquella mujer salió de su piso. En la maleta (ligera como una pluma) sus dos hijos. 

Miró hacia atrás y el reflejo del cristal de la puerta de acceso al edificio la deslumbró; tuvo que volver la cabeza hacia otro lado si quería ver. Se frotó los ojos mirando adelante, echando a caminar. Parecía que a cada paso que daba sus pupilas mejoraban en visión. 

Tenía que darse prisa para coger el autobús que la llevaría hacia su tierra, donde con los brazos abiertos la esperaban sus padres. 

Atrás quedaban años de amor, ilusión, esperanza, lucha, decepción y desamor. 

Ni por un momento, en aquellos instantes, llenos de inseguridades imaginó lo que la depararía el futuro. 

Había sido un ser humano dependiente de otro muchos años y no estaba segura de sí misma en ningún sentido. 

No descubriría quién era realmente hasta el momento que se dio cuenta que era ella, y nadie más que ella, quien decidiera el rumbo a tomar y cogiera las riendas de su carruaje. 

Pasaron los años comprobando cómo aquellas criaturas pequeñas (que eran lo más importante en su vida) crecían en un ambiente de paz y estabilidad. 

Sentía con orgullo cómo había conseguido salir del pozo por el que el agua subía y subía hasta casi ahogarla. Fueron sus propios padres en compañía de hermanos, familiares y alguna buenísima amiga los que la rescataron, extendiendo sus manos para agarrase fuertemente y no volver a dejarse caer. 

Siempre procuró recompensarlo y agradecerlo de muy diferentes maneras, procurando dar a cada uno lo que de ella se necesitara o podía llegar a ofrecer en momentos puntuales. 

Hoy en el año 2014 me ha comentado que es feliz, entre otras cosas porque ha encontrado al hombre de su vida. Alguien que la deja ser libre, que procura mimarla y complacerla, que estimula su valía, con el que se divierte, alguien en el que confía y sobre todo alguien que en los malos momentos sabe escuchar y rectificar.

A él le debe su estabilidad emocional que repercute en sus hijos haciendo que se sientan cómodos en un ambiente relajado lleno de amor y cariño.

Ahora se mira al espejo, y ve a una mujer con la mente abierta a proyectos inimaginables en otros tiempos, unos ya realizados y otros en camino de serlo.

Se siente satisfecha de haberse tomado su tiempo y dedicación a aprender a quererse más como persona y procurar crecer hacia el bien, poniendo freno a sus desatinos, y recordando muy a menudo lo que en un tiempo creyó ser y que nunca fue pero que quisieron hacérselo creer.

Francisca María Folgado Gangoso

(Zamora)

DESDE MI CALLE que sigue siendo la calle de todos, y sobre todo de personas como Francisca María Folgado.


domingo, 13 de julio de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA

                                                San Camilo de Lelis (Lellis)
1550-1614. Fundador de los Siervos de los enfermos.

 San Camilo nació en 1350 en Bucchianico, cerca de Chieti, región de los Abruzos, Italia. Su madre era sexagenaria cuando tuvo a su hijo.

Era alto de estatura para la época, de 1.9omts. Se enroló en el ejército veneciano para luchar contra los turcos pero pronto contrajo una enfermedad en la pierna que le hizo sufrir toda su vida. En 1571 ingresó como paciente y criado en el hospital de incurables de San Giacomo, en Roma. Nueve meses después fue despedido a causa de su temperamento revoltoso y volvió a ser soldado contra los turcos.

Mas tarde reconoció que era un gran pecador. Uno de sus vicios era el juego de azar que se nutre de la avaricia. En 1574 apostó en las calles de Nápoles sus ahorros, sus armas, todo lo que poseía y perdió hasta la camisa que llevaba puesta. Obligado a la miseria y recordando un voto que había hecho mucho tiempo antes de ingresar en los franciscanos, entró a trabajar en la construcción de un convento capuchino (franciscanos) en Manfredonia.  Las prédicas en el convento lo llevaron a una profunda conversión. Camilo cayó de rodillas, pidió perdón de sus pecados con muchas lágrimas y se encomendó a la misericordia de Dios.  La conversión tuvo lugar en 1575, a sus 25 años de edad. Desde entonces comenzó una nueva vida de completa sumisión a Jesucristo y de penitencia. Ingresó a los capuchinos pero la enfermedad de su pierna impidió su profesión. Entonces volvió al hopital de San Giacomo donde se consagró al cuidado de los enfermos. Al cabo de un tiempo llegó a ser superintendente del hospital, sirviendo como con ejemplar caridad.

Los hospitales de la época empleaban a personas sin dedicación hacia los enfermos. Esto llevó a Camilo a fundar una asociación de personas deseosas de consagrarse, por caridad, al cuidado de los enfermos. Encontró seguidores pero también graves obstáculos por las envidias y rumores que provocan las grandes obras de Dios. Después de consultar con su confesor, San Felipe Neri, decidió recibir las órdenes sagradas. Fermo Calvi, un caballero romano, le asignó una renta el día de su ordenación. San Camilo decidió entonces independizarse del hospital de San Giacomo y empezar la tarea por su cuenta, contra la opinión de San Felipe Neri. Con dos compañeros comenzó la nueva congregación, los Siervos de los Enfermos, observando una regla común. Iban cada día al gran hospital del Espíritu Santo para asistir a los enfermos. Lo hacían con tanto amor como si curasen las heridas de Cristo. Los preparaban para recibir los sacramentos y morir en las manos de Dios. 

En 1585, habiendo crecido la comunidad, prescribió a sus miembros un voto de atender a los prisioneros, a los enfermos infecciosos y a los enfermos graves de las casas particulares. Desde 1595 envió religiosos con las tropas para servir de enfermeros.  Tal fue el comienzo de los enfermeros de guerra, antes que existiese la Cruz Roja fundada por Enrique Dunant. 

En 1588 un barco con enfermos apestados no recibió permiso para entrar en Nápoles. Los Siervos de los Enfermos fueron al barco a asistirlos y murieron de la enfermedad, los primeros mártires de la nueva congregación. San Camilo también asistió heroicamente a Roma durante una peste que asoló a la ciudad. En 1591 San Gregorio XIV elevó la congregación de San Camilo a la categoría de orden religiosa.

En la actualidad los Siervos de los Enfermos cuentan con sacerdotes y hermanos consagrados a cuidar a los enfermos.

San Camilo sufrió mucho toda su vida. Padeció por 46 años por su pierna, que además tuvo fracturada desde sus 36 años. Tenía también dos llagas muy dolorosas en la planta del pie.

Desde mucho antes de morir padeció de nauseas y apenas podía comer. Sin embargo, en vez de buscar el cuidado de sus hermanos, los enviaba a servir a otros enfermos.

San Camilo introdujo la práctica de cerciorarse que los enfermos estuviesen muertos antes de enterrarlos, que las oraciones continuasen al menos un cuarto de hora después de la muerte aparente. Fundó 15 casas religiosas y 8 hospitales. Tenía el don de profecía y milagros además de muchas gracias extraordinarias.

En 1607, San Camilo renunció a la dirección de su orden pero asistió al capítulo de su orden en 1613. Murió el 14 de julio de 1614, a los 64 años de edad. Fue canonizado en 1746. El Papa León XIII le proclamó patrono de los enfermos junto con San Juan de Dios, Pío XI lo nombró patrono de los enfermos y de sus asociaciones.

sábado, 12 de julio de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA


SAN ENRIQUE emperador
(† 1024)

En la primavera del año 973 el ducado de Baviera celebraba con grandes festejos el nacimiento del príncipe heredero. Este niño, que llegaría a ser emperador y santo, era hijo de Enrique el Batallador, duque de Baviera, y de la princesa Gisela de Borgoña.

 Podemos fácilmente imaginarnos los primeros años del niño príncipe: las fiestas, la caza, los trovadores, la guerra, en el marco poético del Medievo.

 La vida de San Enrique parece que comienza como un bonito cuento de hadas, pero aquellos tiempos no eran de pura poesía; guerras y pestes se dejaban sentir y la lglesia atravesaba lo que se ha llamado su "edad de hierro". La sociedad sufría violentos vaivenes y, en uno de ellos, nuestro pequeño Santo tuvo que sufrir durante algunos años la persecución, mientras su padre, vencido en guerras familiares, era condenado al destierro.

 Recobrada la calma y restablecido su padre en el trono de Baviera, el joven Enrique se dedicó al cultivo de las artes y las letras, bajo la custodia del santo obispo de Ratisbona, San Wolfgang, que había sido su padrino de bautismo y se cuidó de darle una esmerada educación cristiana.

 A la muerte de su padre ocupó el trono nuestro Santo, que contaba por entonces veintidós años. Era uno de los príncipes más instruidos de su tiempo; joven y fuerte, su fama corrió pronto por toda Alemania, ganándose la simpatía general. Para completar el cuadro gozó también del amor, casándose con la princesa Cunegunda, con quien vivió tan santamente que hoy veneramos a ambos en los altares.

 San Enrique fue un verdadero padre para sus súbditos; su ímpetu de mozo no le hizo olvidar la responsabilidad de ser rey.

 Cuando algún señor feudal o alguna ciudad se sublevaban, cosa, por lo demás, harto frecuente en aquellos tiempos, sus jefes militares le aconsejaban destruir tales ciudades o fortalezas para castigo de su orgullo y escarmiento de los demás, pero el joven rey contestaba con calma:

 —Dios no me dio la corona para hacer mal, sino para corregir a los que lo hacen.

 Así poco a poco su gobierno se consolidaba cada vez más y su buena fama corría de boca en boca.

 Una noche se le apareció en sueños su padrino, San Wolfgang, y le hizo leer en la muralla: "Después de seis", desvaneciéndose inmediatamente la aparición.

 San Enrique creyó que se trataba de un anuncio de su próxima muerte en el plazo de seis días y redobló sus acostumbradas penitencias, poniéndose en las manos de Dios. Pero el sentido exacto de la aparición lo comprendió sólo después de seis años, ya que exactamente a los seis años de la aparición, el 1 de enero del año, 1002, fue proclamado emperador de Alemania. Acababa de morir el emperador Otón III y, como no dejaba descendencia directa, correspondía por derecho a San Enrique ocupar el trono del Imperio romano-germánico.

 Reunidos los electores del Imperio declararon emperador a San Enrique, con gran gozo de todos sus súbditos. Sin embargo, para ocupar el trono al que tenía todos los derechos se vio obligado a hacer algunas guerras familiares contra otros pretendientes.

La situación del Imperio en aquellos momentos no era nada halagüeña. Numerosos señores feudales, marqueses u obispos, se hacían la guerra mutuamente, asolando el país con sus razzias. A su vez, el rey de Polonia intentaba invadir Alemania y los bizantinos presionaban en las fronteras del sur del Imperio.

Para poner fin a todo esto, San Enrique organizó un formidable ejército y poco a poco logró imponer la paz en todos sus dominios, haciendo, además, tributarios a los reyes vecinos. San Enrique contaba entre sus dotes personales un gran genio militar.

Interesado en la reforma espiritual del clero, el año 1007 convocó en Francfort un concilio general para tratar este tema. De todos los puntos del Imperio acudieron numerosos prelados. Cuando San Enrique entró en la sala del concilio se postró en tierra ante todos los obispos en humilde y pleno reconocimiento de su potestad en todos los asuntos espirituales; tal gesto de humildad no lo había hecho ningún emperador germano. Bajo la protección imperial el concilio dictó severas normas disciplinares y San Enrique se encargó de hacerlas cumplir.

El emperador fundó espléndidamente numerosos monasterios y nuevas iglesias. Por todas partes florecían nuevos claustros, en que los monjes se entregaban a sus obras de piedad y de cultura, y desde todos los rincones del Imperio miles de campanas volteaban dando gracias al emperador. En Alemania todavía se conservan muchas de las grandes catedrales de entonces. Sobre las antiguas ciudades se destaca su imponente masa, como auténticas fortalezas, y su silueta marca siempre dos torres o dos ábsides iguales, simbolizadores de los dos poderes: la Iglesia y el Imperio.

Pero en Italia los Estados Pontificios no gozaban de la misma paz. Toda Italia era un hervidero de luchas fratricidas y en los Estados del Papa reinaba la más completa anarquía.

San Enrique pasó a Italia con un fuerte ejército para restablecer el orden, pero tuvo que salir de nuevo hacia Polonia para sofocar la sublevación de aquella parte del Imperio. Toda la vida del Santo transcurre en un continuo zigzaguear de marchas militares y batallas para restablecer la paz y castigar a los malhechores.

San Enrique era amigo de la paz; tal vez por contraste con su azarosa vida amaba la delicia de un claustro silencioso y le gustaba darse a la oración completamente solo. Podía parecer que le gustaba ser monje.

Cierta vez, estando en Estrasburgo, en el año, 1012, maravillado de la piedad de los canónigos de la catedral quiso ser canónigo, y así se lo pidió al obispo que presidía el cabildo.

El obispo vio las buenas disposiciones del emperador, pero prefirió tomar su petición en broma y, siguiendo el juego, le pidió una promesa de obediencia:

—¿Estáis, señor, dispuesto a obedecerme en todo?

Y a decir verdad que el rey estaba bien dispuesto a renunciar a todo para hacerse miembro de aquel santo cabildo.

—Pues bien; yo os ordeno, en virtud de santa obediencia, que continuéis rigiendo el Imperio como hasta ahora, porque el Señor os ha destinado para rey y no para canónigo.

El rey obedeció, pero fundó una rica prebenda para que un canónigo se ocupara siempre de rezar por el rey, con el título de "rey del coro" y los honores consiguientes. Tal tradición se conservó en Estrasburgo hasta bien entrado el siglo XIII.

Entretanto murió en Roma el papa Sergio IV y fue elegido sucesor el papa Benedicto VIII, pero éste fue expulsado de Roma por el antipapa Gregorio y tuvo que refugiarse junto al emperador, el cual hizo una marcha sobre Roma para colocar al verdadero Papa en la Santa Sede. El Papa, en agradecimiento, le regaló un globo de oro adornado con piedras preciosas, representando su soberanía sobre el mundo, y desde entonces ése fue el símbolo de los emperadores. En tal ocasión San Enrique y su esposa fueron ungidos y coronados como emperadores de la cristiandad. Roma celebró con gran júbilo aquellas fiestas; parecía como si, bajo signo cristiano, hubiera resucitado otra vez el antiguo Imperio de Roma. Era el 14 de febrero del año 1014.

Seguramente pocos reyes pudieron gozar como San Enrique del amor de sus súbditos, y sus vasallos recibieron como un don del cielo el tener tan buen rey.

A su muerte, el emperador hizo llamar a los padres de su esposa y a los grandes de la corte y, tornando dulcemente la mano a Santa Cunegunda, les dijo: "He aquí a la que vosotros me habéis dado por mujer ante Cristo, como me la disteis virgen, virgen la pongo otra vez en las manos de Dios y en las vuestras". Luego dictó su testamento y fue a reunirse con los santos.

En Grona las campanas tocaban a muerto el 13 de julio de 1024. Mientras tanto una gran procesión trasladaba los restos de San Enrique emperador a la catedral de Barnberg, donde todavía se conservan.



viernes, 11 de julio de 2014

DESDE MI CALLE


SERPIENTES Y PALOMAS

¿Hay algo más opuesto que una serpiente y una paloma? Y sin embargo, se nos pide tener algo de ambas.¿Cómo será posible?
La paloma: el animal de los parques de nuestra infancia, al que dar de comer en la boca, al que hacer un palomar en el pueblo; el que, con su rama de olivo en la mano, anuncia la paz... La serpiente, por el contrario, animal temido, sibilino, escurridizo, que aparece sin avisar, representante de la seducción... ¿Se puede ser, a la vez, sagaz y sencillo? ¿Será quizá una manera de mostrarse ante las dificultades que huya tanto del temor como de la falsedad?
Se me ocurre ¿ existirá alguien que precupado ante la situación de desamparo, indiferencia, pobreza, miseria, desánimo, y ante la mirada de los suyos, mezcla de tristeza  y de asombro, pudo continuar diciendo?:
“Sed ágiles como los corredores/as, para arriesgar y avanzar sin estar dando vueltas eternamente a lo mismo; pero de los que saben esperar a los que van más lentos, como los peregrinos”.
“Sed objetivos con la realidad como los científicos, para descubrir la verdad de las cosas; pero parciales como los ideólogos para posicionaros al lado del más débil, de lo más justo, de lo que merece la pena”.
“Sed firmes como los soldados, para tener criterio y no confundir a los demás; pero flexibles como los gimnastas, para adaptarse a cada persona, a cada circunstancia y dar una nueva oportunidad”.
“Sed exigentes para que no os den gato por liebre... pero lo suficientemente ingenuos para seguir confiando, esperando, amando... a pesar de todo”.
Y cuando, como nosotros hoy, sus amigos le preguntarán: “¿Cómo será posible?”, Él, con esa mezcla de sagacidad y sencillez que le caracterizaría, diría: “La esperanza es lo último que debéis de perder y ella os irá guiando hacia un futuro mejor".
Hoy en día tenemos la serpiente que nos está llevando al abismo, pero siempre existe una paloma que haga cambiar el rumbo.
DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos.