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viernes, 4 de marzo de 2016

PASTORAL: SANTO DEL DIA



 San José Oriol
     (año 1702)


Nació en Barcelona (España) y pasó casi toda su vida en esta ciudad.

Quedó huérfano de padre siendo todavía muy pequeñito.

Jovencito fue admitido como monaguillo y cantor en una iglesia, y viendo los sacerdotes su gran piedad y devoción se propusieron costearle los estudios de seminario. Pasaba muchas horas rezando ante el Santísimo Sacramento en el templo.

Ordenado sacerdote, y habiendo recibido en la universidad el grado de doctor, se dedicó a la educación de la juventud.

Era sumamente estimado por las gentes y muy alabado por su gran virtud y por sus modos tan amables que tenía en el trato con todos, pero Dios le dejó ver el estado de su alma (como lo hizo también con toros santos) y desde ese día ya no tuvo José ningún sentimiento de vanidad ni de orgullo. Se dio cuenta de que lo que ante los ojos de la gente brilla como santidad, ante los ojos de Dios no es sino miseria y debilidad.

Desde el día en que Dios le permitió ver el estado de su alma, José Oriol se propuso nunca más volver a comer carne en su vida y ayunar todos los días. Y así lo cumplió. (Ayuno es tomar un desayuno muy pequeño, un almuerzo ordinario y una cena muy leve también, y no comer ni beber nada entre una comida y otra comida). También como penitencia pasaba muchas horas de rodillas rezando (y a veces con los brazos en cruz) y usaba vestidos tan viejos y desteñidos que las gentes se burlaron de él muchas veces por las calles de Barcelona.

Fue en peregrinación a Roma y desde allá el Sumo Pontífice ordenó que lo encargaran de un templo en Barcelona. Y en su nueva iglesia se dedicó totalmente a tratar de salvar las almas y hacer amar más a Dios. Su habitación (una pieza en arriendo en una azotea) era totalmente pobre: una mesita, un crucifijo, una silla y unos libros. Cama no tuvo nunca, porque las pocas horas que dormía las pasaba en una estera en el duro suelo.

A San José Oriol le concedió Dios el don de la dirección espiritual. Las gentes que iban a consultarlo volvían a sus casas y a sus oficios con el alma en paz y el espíritu lleno de confianza y alegría. Muchos llegaban a su despacho con el rostro triste y sin saludar a nadie, y después de oír por unos minutos a este santo sacerdote hablarles del cielo y de los premiso y ayudas que Dios tiene reservados para los que lo aman, salían de allí sonrientes y saludando a todo el que encontraban. A las personas que dirigía les insistía en que su santidad no fuera sólo superficial y externa, sino sobre todo interior y sobrenatural. No aceptaba dirigir espiritualmente a quien no se comprometía a leer libros espirituales o escuchar sermones, y a hacer su examen de conciencia cada día y algún Retiro Espiritual de vez en cuando.

Acusaron al Padre José de que era demasiado rígido en el confesionario. Que ponía a los penitentes pequeños trabajos espirituales para hacer, y que a los que no se esforzaban por hacerlos (por ejemplo callar algo en momentos de cólera, etc.) los enviaba donde otros sacerdotes porque él no se comprometía a seguir confesando a los que no hacían nada por enmendarse. Que a los que no iban a misa los domingos no les daba la absolución mientras no hubieran ido siquiera tres domingos a misa (porque no quería ser alcahuete de los que no cumplan el tercer mandamiento, que manda santificar las fiestas), etc., etc. El superior entonces le prohibió confesar durante un año. Pero a los pocos días murió el superior y el que lo reemplazó le volvió a conceder otra vez el permiso de confesar. Los que iban a confesarse con él sabían que era muy amable, bondadoso, muy bien educado, pero que no aceptaba que la confesión fuera un simple rito para poder comulgar y para seguir cometiendo siempre lo mismo sin enmendarse. Eso sí que no lo aceptaba nunca.

Le encantaba enseñar catecismo a los niños, especialmente para prepararlos a la Primera Comunión. Tenía una especial cualidad para predicar y enseñar catecismo a los soldados y le gustaba mucho hablarles a los militares.

Empezó a sentir un gran deseo de ser martirizado por defender su religión. Y aunque las gentes de Barcelona que tanto lo amaban y estimaban, le rogaron mucho que no se fuera a otro país, sin embargo él se fue para Roma a pedir que la Santa Sede lo enviara de misionero a un país de salvajes.

Pero en Marsella cayó enfermo y en medio de su enfermedad se le apareció la Sma. Virgen y le comunicó que Dios le aceptaba su deseo de morir mártir por Cristo, pero que lo que le pedía era que volviera a su ciudad a seguir ganando almas para Nuestro Señor. Y se volvió a Barcelona.

Su regreso fue aclamado con grandes demostraciones de júbilo en Barcelona.

Y su fama de obrador de milagros empezó a extenderse por la ciudad y por muchas partes más. De varios pueblos de alrededor llegaban enfermos a que él los curara, y eran tan grandes los tumultos que se formaban en las iglesias, queriendo todos que les impusiera las manos, que su confesor tuvo que prohibirle que hiciera curaciones dentro del templo. El santo nunca se atribuía a él mismo ninguno de los prodigios que obraba. Decía que todo se debía a que sus penitentes se confesaban con mucho arrepentimiento y que por eso Dios los curaba.

En sus últimos años obtuvo de Dios el don de profecía y anunciaba muchas cosas que iban a suceder en el futuro. Y hasta anunció cuando iba a suceder su propia muerte. En un día del mes de marzo del año 1702, mientras cantaba en su lecho de enfermo un himno a la Virgen María, murió santamente. Tenía apenas 53 años.

Enormes multitudes se congregaron alrededor de su féretro el día de su entierro. Los devotos se repartieron sus pocas pertenencias para guardarlas como reliquias, y después consiguieron formidables milagros por su intercesión y el Papa San Pío Décimo lo declaró santo.


jueves, 3 de marzo de 2016

MUSICA Musica Rolling Stone Around and Around in stereo

PASTORAL: SANTO DEL DIA


San Casimiro de Polonia
          (año 1484)


Casimiro nació en 1458 en Cracovia. Era el tercero de los trece hijos de Casimiro, rey de Polonia. Muchos santos han salido de familias muy numerosas, y de esta clase de familias llegan a la Iglesia Católica excelentes vocaciones.

Su madre Isabel, hija del emperador de Austria, era una fervorosa católica y se esmeró con toda el alma porque sus hijos fueran también entusiastas practicantes de la religión. Ella en una carta a una amiga hace una formidable lista de las cualidades que debe tener una buena madre, y seguramente que esas cualidades fueron las que practicó con sus propios hijos.

Y además de la educación que le dieron sus padres, Casimiro tuvo la gran suerte de que el rey le consiguió dos maestros que eran buenísimos educadores. El Padre Juan y el profesor Calímaco. El Padre Juan era Polaco y dejó fama de ser muy sabio y muy santo, pero su mayor honor le viene de haber sido el que encaminó a San Casimiro hacia una altísima santidad. El Profesor Calímaco era un gran sabio que había sido secretario del Papa Pío II, y después estuvo 30 años en la corte del rey de Polonia ayudándole en la instrucción de los jóvenes. Calímaco dijo: "Casimiro es un adolescente santo", y el Padre Juan escribió también: "Casimiro es un joven excepcional en cuanto a virtud".

Claro está que no basta con recibir una buena educación de parte de los papás y tener buenos profesores, sino que es necesario que el joven ponga de su parte todo el empeño posible por ser bueno. Pues de los otros doce hermanos de Casimiro, que tuvieron los mismos profesores, ninguno llegó a la santidad, y algunos hasta dieron malos ejemplos. En cambio nuestro santo llegó a unas alturas de virtud que admiraron a los que lo conocieron y lo trataron.

Dicen los biógrafos de San Casimiro que su más grande anhelo y su más fuerte deseo era siempre agradar a Dios. Para eso trataba de dominar su cuerpo, antes de que las pasiones sensuales mancharan su alma. Siendo hijo del rey, sin embargo vestía muy sencillamente, sin ningún lujo. Se mortificaba en el comer, en el beber, en el mirar y en el dormir. Muchas veces dormía sobre el puro suelo y se esforzaba por no tomar licor. Y esto en un palacio real donde las gentes eran bastante inclinadas a una vida fácil y de muchas comodidades y comilonas.

Para Casimiro el centro de su devoción era la Pasión y Muerte de Jesucristo. En aquellos tiempos los maestros espirituales insistían frecuentemente en que para ser fervoroso y crecer en el amor a Dios aprovecha muchísimo el meditar en la Pasión de Jesucristo. Nuestro santo pasaba mucho tiempo meditando en la Agonía de Jesús en el Huerto y en los azotes que padeció, como también en la coronación de espinas y las bofetadas que le dieron a Nuestro Señor. Ratos y ratos se estaba pensando en la subida de Jesús al Calvario y en las cinco heridas del crucificado, y meditando en el amor que llevó a Jesús a sacrificarse por nosotros. Le gustaban los cristos muy sangrantes, y ante un crucifijo se quedaba tiempos y tiempos meditando, suplicando y dando gracias.

Otra gran devoción de Casimiro era la de Jesús Sacramentado. Como durante el día estaba sumamente ocupado ayudando a su padre a gobernar el Reino de Polonia y de Lituania, aprovechaba el descanso y el silencio de las noches para ir a los templos y pasar horas y horas adorando a Jesús en la Santa Hostia.

Sus preferidos eran los pobres. La gente se admiraba de que siendo hijo de un rey, nunca ni en sus palabras ni en su trato se mostraba orgulloso o despreciador con ninguno, ni siquiera con los más miserables y antipáticos. Un biógrafo (enviado por el Papa León X a recoger datos acerca de él) afirma que la caridad de Casimiro era casi increíble, un verdadero don del Espíritu Santo. Que el amor tan grande que le tenía a Dios, lo llevaba a amar inmensamente al prójimo, y que nada le era tan agradable y apetecible como la entrega de todos sus bienes en favor de los más necesitados, y no sólo de sus bienes materiales, sino de su tiempo, sus energías, de su influencia respecto a su padre y de su inteligencia. Que prefería siempre a los más afligidos, a los más pobres, a los extranjeros que no tenían a nadie que los socorriera, y a los enfermos. Que defendía a los miserables y por eso el pueblo lo llamaba "el defensor de los pobres".

Su padre quiso casarlo con la hija del Emperador Federico, pero Casimiro dijo que le había prometido a la Virgen Santísima conservarse en perpetua castidad. Y renunció a tan honroso matrimonio.

Los secretarios y otras personas que vivieron con Casimiro durante varios años estuvieron todos de acuerdo en afirmar que lo más probable es que este santo joven no cometió ni un solo pecado grave en toda su vida. Y esto es tanto más admirable en cuanto que vivía en un ambiente de palacio de gobierno donde generalmente hay mucha relajación de costumbres. La gente se admiraba al ver que un joven de veinte años observaba una conducta tan equilibrada y seria como si ya tuviera sesenta.

A su padre el rey le advertía con todo respeto pero con mucha valentía, las fallas que encontraba en el gobierno, especialmente cuando se cometían injusticias contra los pobres. Y el papa atendía con rapidez a sus peticiones y trataba de poner remedio.
Casimiro llegó lo mismo que San Luis Gonzaga, San Gabriel de la Dolorosa, San Estanislao de Koska, San Juan Berchmans, y Santa Teresita de Jesús, a una gran santidad, en muy pocos años.

Se enfermó de tuberculosis, y el 4 de marzo de 1484, a la corta edad de 26 años, murió santamente dejando en todos los más edificantes recuerdos de bondad y de pureza. Lo sepultaron en Vilma, capital de Lituania.

A los 120 años de enterrado abrieron su sepulcro y encontraron su cuerpo incorrupto, como si estuviera recién enterrado. Ni siquiera sus vestidos se habían dañado, y eso que el sitio donde lo habían sepultado era muy húmedo.

miércoles, 2 de marzo de 2016

MUSICA Chicago - Does Anybody Really Know What Time It Is?

PASTORAL: SANTO DEL DIA



SAN EMETERIO Y SAN CELEDONIO
          Mártires (s. III)





El poeta hispano Prudencio recogió en verso los relatos de la muerte de Emeterio y Celedon

Calahorra está unida a estos soldados por el hecho de su martirio y quizás también por ser el lugar de su nacimiento. Otros señalan a León como cuna por los libros de rezos leoneses -antifonarios, leccionarios y breviarios del siglo XIII- al interpretar «ex legione» como lugar de su proveniencia, cuando parece ser que la frase latina es mejor referida a la Legión Gemina Pia Felix a la que pertenecieron y que estuvo acampada cerca de la antigua Lancia, hoy León, según se encuentra en el documento histórico denominado "Actas de Tréveris" del siglo VIIEn la parte alta de Calahorra está la iglesia del Salvador -probablemente en testimonio perpetuante del hecho martirial- por donde antes estuvo un convento franciscano y antes aún la primitiva catedral visigótica que debió construirse, según la costumbre de la época, junto a la residencia real, para defensa ante posibles invasiones y que fue destruida por los musulmanes en la invasión del 923, según consta en el códice primero del archivo catedralicio

No se conocen las circunstancias del martirio de estos santos; no las refiere Prudencio. ¡Qué pena que el emperador Diocleciano ordenara quemar los códices antiguos y expurgar los escritos de su tiempo! Con ello intentó, por lo que nos refiere Eusebio, que no quedara constancia ni sirviera como propaganda de los mártires y evitar que se extendiera el incendio. Tampoco hay en el relato nombres que faciliten una aproximación. ¿Fue al comienzo del siglo IV en la persecución de Diocleciano? Parece mejor inclinarse con La Fuente por la mitad del siglo III, en la de Valeriano, contando con que algún otro retrotrae la historia hasta el siglo II. Cierto es que Prudencio nació hacia el 350, deja escrita en su verso la historia antes del 401, cuando se marcha a Italia, hablando de ella como de suceso muy remoto y no debe referirse con esto al tiempo de Daciano (a. 304) porque esta época ya fue conocida por los padres del poeta. Es bueno además no perder de vista que el narrador antiguo no es tan exacto en la datación de los hechos como la actual crítica, siendo frecuente toparse con anacronismos poco respetuosos con la historia.

El caso es que Emeterio y Celedonio -hermanos de sangre según algunos relatores- que fueron honrados con la condecoración romana de origen galo llamada torques por los méritos al valor, al arrojo guerrero y disciplina marcial, ahora se ven en la disyuntiva de elegir entre la apostasía de la fe o el abandono de la profesión militar. Así son de cambiantes los galardones de los hombres. Por su disposición sincera a dar la vida por Jesucristo, primero sufren prisión larga hasta el punto de crecerles el cabello. En la soledad y retiro obligados bien pudieron ayudarse entre ellos, glosando la frase del Evangelio, que era el momento de «dar a Dios lo que es de Dios» después de haberle ya dado al César lo que le pertenecía. Su reciedumbre castrense les ha preparado para resistir los razonamientos, promesas fáciles, amenazas y tormentos. En el arenal del río Cidacos se fija el lugar y momento del ajusticiamiento. Cuenta el relato que los que presencian el martirio ven, asombrados, cómo suben al cielo el anillo de Emeterio y el pañuelo de Celedonio como señal de su triunfo señero.

Muy pronto el pueblo calagurritano comenzó a dar culto a los mártires. Sus restos se llevaron a la catedral del Salvador; con el tiempo, las iglesias de Vizcaya y Guipúzcoa con otras hispanas y medio día de Francia dispusieron de preciosas reliquias. Junto al arenal que recogió la sangre vertida se levanta la catedral que guarda sus cuerpos. Hoy Emeterio y Celedonio, los santos cantados por su paisano Prudencio, y recordados por sus compatriotas Isidoro y Eulogio son los patronos de Calahorra que los tiene por hermanos o de sangre o -lo que es mayor vínculo- de patria, de ideal, de profesión, de fe, de martirio y de gloria.

martes, 1 de marzo de 2016

PASTORAL: SANTO DEL DIA




San Nicolás de Flue
           (año 1487


Es uno de los santos más famosos y estimados de Suiza.

Desde cuando era muy pequeño su madre lo hizo pertenecer a una asociación piadosa llamada: "los amigos de Dios", y aquella institución religiosa lo enfervorizó mucho porque recomendaba insistentemente a sus socios que meditaran con frecuencia en la Pasión y Muerte de Jesús y que se esforzaran por vivir como dignos seguidores de Cristo.

Nicolás se enroló en el ejército para defender a su patria, y llegó a ser capitán. Después se casó y tuvo dos hijos, uno de los cuales llegó a ser un santo sacerdote, y el otro fue nombrado alcalde.

En su matrimonio seguía siendo Nicolás un hombre sumamente piadoso. Dice el hijo sacerdote: "Mi padre se acostaba temprano después de haber hecho que sus hijos y sus empleados rezaran las oraciones de la noche. Y muy de madrugada yo sentía que él se levantaba muy pasito y se dedicaba a rezar hasta el amanecer. Siempre que pasaba frente a un templo abierto entraba a orar, y cada día salía de casa por unos minutos para ir a visitar a Jesús en el Santísimo Sacramento en la iglesia".

Cuando tenía 50 años sintió una inspiración de Dios para dejar sus empleos oficiales y sus comodidades e irse a orar y a meditar en la soledad. De acuerdo con su santa esposa se separó de ella, y vestido de monje se fue en soledad a dedicarse a la oración y a la meditación.

Quiso irse a otro país pero cuando iba llegando a la frontera se encontró con un campesino que también pertenecía a la asociación "Amigos de Dios", el cual le dijo que debía quedarse en su propia patria rezando y haciendo penitencia por sus paisanos. Nicolás estaba indeciso pero entonces se desató una tormenta tan espantosa en el camino por donde él iba a seguir y caían rayos tan tremendos allí adelante, que consideró todo esto como una señal de Dios y se volvió a seguir viviendo en su tierra.

Por el camino sufrió un cólico con unos dolores de estómago tan espantosos que creyó morir. Se encomendó a Dios y el mal desapareció, pero desde ese día perdió por completo el apetito y en adelante vivió de tal manera sin comer ni beber casi nada, que nadie lograba explicarse cómo podía vivir así.

Se fue a una alta montaña junto a un nacedero de agua y allí en una cueva pasó sus últimos 19 años rezando, meditando y haciendo penitencia.

Desde la madrugada hasta la una de la tarde se dedicaba a orar y meditar. Luego, desde la una hasta las seis dedicaba su tiempo a dar consejos a las numerosas personas que iban a consultarle, y después desde las seis hasta las nueve seguía orando.

Dios le concedió el don de saber aconsejar. A un amigo suyo le contó que había pedido mucho al Señor este don y que lo había logrado conseguir de su divina bondad. Grandes multitudes se sentían atraídas por este hombre a quien nadie veía comer ni beber y que era de muy pocas palabras, pero que las pocas palabras que decía le llegaban a uno al alma y lo transformaban. A los que iban sólo por curiosidad no les decía ni una palabra y los despachaba sin darles consejos. A quienes le preguntaban cómo lograba subsistir así sin casi alimentarse, les respondía: "Dios sabe cómo". Las autoridades ponían detectives en los caminos para averiguar quién le llevaba alimentos, pero no encontraban a nadie.

Con los regalos de los fieles hizo construir una capilla y allí a esa altura iba cada día un sacerdote y le celebraba la misa y le daba la comunión.

Los distintos partidos y estados de Suiza estaban tremendamente divididos y había el grave peligro de que se desatara una sangrienta guerra civil. Nadie los lograba poner de acuerdo. Al fin a algunos se les ocurrió que llamaran a Nicolás. Este bajó de la montaña y de tal manera supo aconsejar sumamente bien a los unos y a los otros que se logró firmar la paz y se evitó la guerra entre paisanos. El senado de la nación dio un decreto alabando a Nicolás y dándole gracias por su mediación y allí se dice: "Este hombre de Dios recomienda a todos la paz, y la logra conseguir".

Nicolás volvió a su montaña a orar, meditar y aconsejar, y el día en que cumplió sus setenta años murió plácidamente. Desde entonces los católicos de Suiza lo consideran como un santo y empezaron a conseguir favores del cielo encomendándose a este su santo paisano.


DESDE MI CALLE




Una escalera con algo de misterio


Sacado del blog de @GalianaRgm.


La mayoría de los escritores no vivimos en chalets descomunalmente grandes en medio de un monte rodeados de un paisaje que ni en los dibujos animados. Tampoco en una casa amueblada como en las revistas de decoración con grandes ventanales con vistas al mar. Nosotros, los juntaletras, vivimos en edificios normales y corrientes como en los que habitan los lectores.

Y no, no vivo en el ático abuhardillado con una enorme terraza con vistas espectaculares al cielo de Madrid, lamento si te he defraudado, pero soy tan normal como tú.


El lugar donde resido es un cuarto piso con ascensor, de ésos que aún conservan la estructura de hierro en la escalera típica de los años cuarenta. Lo han reformado de maquinaria y le pusimos hace unos diez años una cabina nueva, que nos costó lo suyo a los vecinos, pero conseguimos que siguiera teniendo ese regusto a viejo/nuevo que se nos ha dado por denominar vintage.
En el piso de arriba, y último del edificio, solo hay una puerta que corresponde a una única vivienda. En el resto tenemos cuatro por rellano, pero solo dos viviendas, ya que cada piso cuenta con entrada de servicio que se decía antes, puerta en la cocina que le llamamos ahora. En el mismo portal está la portería, una vivienda de unos cincuenta metros donde vivía Jacinto.
En el ático vive una encantadora viejecita nonagenaria con una única afición. Sobre las tres de la madrugada le da por mover los muebles de toda la casa. Te cruzas con ella en el portal y te pide que le lleves la bolsa del pan porque está de la espalda, de las piernas, del corazón, y hasta del moño, si ve que no le extiendes la mano par ayudarla. Vive sola, pero por la noche debe tomar vitaminas en la cena que la convierten en superwoman, con la energía suficiente para arrastrar los muebles por el suelo, debe estar buscando un tesoro oculto debajo de alguna baldosa.
En el cuarto comparto pared del salón con la casa del al lado. En ella viven cuatro chicas universitarias, el padre de una de ellas es el propietario, pero ni aparece por el edificio jamás, al menos yo no le he visto nunca. Las chicas tienen a bien organizar todos los sábados durante el curso escolar, no falla ni uno, unas fiestas que una porque ya peina canas que si no me pasaba por allí por ver si se me pega algo. Un día subí con un par de ellas en el ascensor y me preguntaron si la música me molestaba:
-No os preocupéis, yo trabajo mejor de noche, y no interferís para nada en ello.

Me callé que el vecino del edificio de enfrente, en la panadería, no hace más que decir que está como loco por meterles mano, por ambientar la calle la noche de los sábados como si fuera una verbena popular.
En el piso de abajo vive un matrimonio joven, no tendrán más de treinta, si los tienen, con un bebé de un año aproximadamente. Lo sé porque desde que nació la criatura la mezcla entre la música de las chicas de al lado y los llantos del infante son para que el Dj del momento haga un superventas y se forre.
El piso de al lado al matrimonio con el niño está vacío desde hace no sé cuántos años, incluso antes que yo me mudase a vivir aquí. Por lo visto los dueños eran un matrimonio sin hijos que se mató en un accidente de tráfico. Los sobrinos llevan años litigando en los tribunales por la herencia, y de seguir así van a disfrutar solo de lo que dejen las termitas.
El segundo, todo él, es un despacho de abogados. Cierra, con puntualidad británica, a las siete de la tarde de lunes a jueves y a las tres los viernes. Nadie aparece por allí los fines de semana, ni durante el mes de agosto, ni en navidades. Son cuatro jóvenes engominados, perfectamente trajeados, y muy educados todos ellos. El que viene a las reuniones de la comunidad es de ésos que dices:
-Dios, porque no habré nacido diez años después.
El primero es una tienda de vestidos de novia. Las dueñas son dos chicas, muy monillas ellas, algo tontas para mi gusto, pero muy monas ellas. Las ventanas las convirtieron, dentro de lo que la ley les dejó, en escaparates llenos de maniquíes vestidos de blanco inmaculado.
El edificio es peculiar porque en el primero se hace lo posible por casar a las parejas, y en el segundo si la cosa sale mal se las divorcia.
¿Por qué te cuento todo esto, a ti, mi cómplice lector?, porque necesito que te conviertas en detective y me ayudes a resolver un caso que se produjo hace unos días en el edificio en el que vivo.
Tranquilo, no sucedió ningún asesinato, nadie fue agredido, ni robaron en ningún piso. Una vive en un barrio bien donde esas cosas no pasan.
Te pongo en situación.
Empezando la tarde-noche del pasado sábado llegaba a casa cargada con bolsas después de pasarme por todas las tiendas de un conocido centro comercial. Salí temprano de casa en plan “le doy alegría a la tarjeta hasta que los pies me digan:
-Llévanos a casa que estamos destrozados.”
Llegar, darle al ascensor y ver que, por enésima vez, se había vuelto a averiar, me sentó como una patada ahí mismo.
Lo primero que pensé es por qué narices se había tenido que jubilar el portero de la finca hacía un par de meses, con lo fácil que hubiera sido tocar la puerta de su vivienda, en la portería, dejarle los bultos, pedirle que me los subiera cuando pudiera, y subir con las manos vacías. Jacinto y su mujer ya no estaban, su hijo no quiso quedarse y heredar el oficio del padre. Un chico muy guapo, a que negarlo, pero en cuanto abría la boca te dabas cuentas que lo suyo no era ser servil, y el oficio de portero es lo que tiene.
El caso es que Jacinto y su familia me habían hecho la puñeta con su marcha. Me tocaba subir cargada como una mula los cuatro pisos.
Miré mis brazos y me dije:
-Galiana, no te hagas la remolona que nadie va a venir a socorrerte.
Inicié la subida por la escalera, no sin antes quitarme el abrigo y colgarlo del bolso de bandolera que llevaba colgado del cuello, no tenía ganas de sudar la gota gorda.
En el último tramo de escalera antes de llegar al primero me encontré con un zapato negro de tacón de aguja. Pensé:
– “Se le ha debido caer a alguna de las chicas que se lo ha quitado para subir mejor. Se habrá dado cuenta cuando ha llegado arriba, y seguro que baja a por él cuando arreglen el ascensor”.
Mi teoría del zapato abandonado sin querer se me cayó cuando al iniciar la subida al segundo me encontré con el compañero. Aquello no era una caída accidental, era un…
-No puedo con vosotros, ahí os quedáis, que ya os recojo cuando no tenga que subir andando.
Continué mi ascenso, todavía quedaban el segundo y tercero antes de llegar al cuarto.
Lo de los zapatos me pareció exótico, pero bueno. Lo que pasa es que, en el rellano del segundo, delante de la única puerta que da acceso al despacho, encontré un par de medias. Verlas y sonreír fue todo uno. Pensé:
-“Estas chicas… Cómo baje Doña Encarna y lo vea les va a llamar la atención, con las ganas que las tiene”.
En la puerta del ascensor del tercero me encontré con una falda. De ésas que una no sabe si denominarla como tal o mejor decir que es un cinturón ancho y terminar antes.
Una de las chicas se estaba desnudando por la escalera, eso estaba claro. Debía tener mucha prisa o, mejor dicho, una urgencia muy, muy grande.
Lo de ver unas minúsculas braguitas negras tiradas en el felpudo de la entrada de mi casa me hizo soltar un:
– ¡Ay, cuántas prisas tienen algunas!
Abrí la puerta de casa. Solté las bolsas en el suelo, como si de un peso muerto se tratasen. El bolso y el abrigo los tiré también. Me dejé caer en el sofá todo lo larga que soy.
-Joder, esto de subir cuatro pisos no es lo mío, me estoy haciendo mayor.
Al recuperar el aliento me levanté y recogí todo lo que había abandonado en el suelo de la entrada. Cuando quité la última bolsa reparé en un papel que alguien debía haber metido por debajo de la puerta antes que yo llegara:
-Este fin de semana no estaremos en la casa. Nos vamos a esquiar. Regresamos el lunes por la mañana. Besitos. Tus vecinas.
Las chicas se habían ido, ¿de quién era la ropa que me había encontrado por la escalera? Salí de la casa, no sé muy bien por qué. Entonces vi un sujetador negro en el tramo de escalera en dirección al piso de Doña Encarna. Me pudo la curiosidad, lo reconozco, subí hasta el último piso. Di la luz, que se había apagado como siempre suele suceder en estos casos. En ese momento el ascensor se puso en marcha, escuche risas nerviosas en su interior.
¿Serías capaz, con tus dotes detectivescas, de decirme a quién podía pertenecer la ropa de la escalera?
Mi opinión es la siguiente:
¿Puede ser el matrimonio con el bebé al que le han dejado en casa de los padres de alguno de ellos, y dado que el crío no les deja por la noche ni dormir, y mucho menos hacer el ...., , han aprovechado la circunstancia para darse el lote, y era tanta la urgencia que no han podido esperar a llegar a casa y se han "enfrescado en la labor" en el ascesor?.
¿Cuales la tuya?

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