Entradas populares

domingo, 23 de abril de 2017

PASTORAL: SANTO DEL DIA


San Fidel de Sigmaringa
                 Mártir
               Año 1622


Nació en Sigmaringa, Alemania, en 1577.
Tenía una inteligencia muy vivaz y fue enviado a estudiar a la Universidad de Friburgo, donde obtuvo doctorado en ambos derechos, y luego llegó a ser profesor muy estimado de filosofía y letras. Durante seis años fue encargado de la educación de varios jóvenes de las familias principales de Suabia (Alemania), a los cuales llevó por varios países de Europa para que conocieran la cultura y el modo de ser de las diversas naciones. Sus alumnos se quedaban admirados del continuo buen ejemplo de su profesor en el cual no podían encontrar ni una palabra ni un acto que no fueran de buen ejemplo. Lo que los otros gastaban en cucherías él lo gastaba en dar limosnas.
Como abogado, Fidel se dedicó a defender gratuitamente a los pobres que no tenían con qué costearse un defensor. Su generosidad era tan grande que la gente lo llamaba "El abogado de los pobres". Ya desde muy joven renunciaba a conseguir y estrenar trajes nuevos y el dinero que con eso ahorraba lo repartía entre las gentes más necesitadas. Jamás en su vida de estudiante ni en sus años de profesional tomó licor, ni nadie lo vio en reuniones mundanas o que ofrecieran peligro para la virtud. Sus compañeros de abogacía se admiraban de que este sabio doctor nunca empleaba palabras ofensivas en los pleitos que sostenía (y sus contrarios sí las usaban y muy terribles).
Un día el abogado contrario a un pleito, le ofreció en secreto una gran cantidad de dinero, con tal de que arreglaran los dos en privado y se le diera la victoria al rico que había cometido la injusticia. Fidel se quedó aterrado al constatar lo fácil que es para un abogado el prestarse a trampas y vender su alma a Satanás por unas monedas como lo hizo Judas. Y dispuso dejar la abogacía y entrar de religioso capuchino. Tenía 35 años.
Dividió sus importantes riquezas en dos partes: la mitad la repartió a los pobres, y la otra mitad la dio al Sr. Obispo para que hiciera un fondo para costear los estudios a seminaristas pobres.
Con razón le pusieron después esta leyenda debajo de su retrato:
¡Santo es Fidel, y fue abogado!,
Obra del poder Divino.
Mucho le costó ser capuchino
y morir después martirizado.
Habiendo sido tan rico y tan lleno de comodidades se fue a vivir como el más humilde y pobre fraile capuchino. Le pedía constantemente a Dios que lo librara de la tibieza (ese vicio que lo hace a uno vivir sin fervor, ni frío ni caliente, descuidado en sus deberes religiosos y flojo para hacer obras buenas) y le suplicaba a Nuestro Señor que no lo dejara perder el tiempo en inutilidades y que lo empleara hasta lo máximo en propagar el Reino de Dios. Le gustaba repetir la famosa frase de San Bernardo: "Sería una vergüenza que habiendo sido coronado de espinas mi Capitán Jesucristo, en cambio yo que soy su soldado, viviera entre comodidades y sin hacer sacrificios".
En Friburgo consiguió la conversión de muchos protestantes. Y la gente se quedó admirada cuando llegó la peste del cólera, pues se dedicaba de día y de noche a asistir gratuitamente a todos los enfermos que podía. Su austeridad o dominio de sí mismo, era impresionante. Su fervor en la oración y en la Santa Misa conmovían a los que lo acompañaban. Las gentes veían en su persona a una superioridad interior que les impresionaba. Su predicación conseguía grandes frutos porque era sencilla, clara, fácil, práctica, suave y amable, pero acompañada por la unción o fuerza de conmover que proviene de quien antes de predicar reza mucho por sus oyentes y después de la predicación sigue orando por ellos. Era tal el atractivo de sus sermones que hasta los mismos herejes iban a escucharlo. Pero este atractivo fue el que llenó de envidia y rabia a sus opositores y los llevó a escogerlo a él, entre todos los compañeros de misión, para martirizarlo.
Hay algo que a los santos les falla de manera impresionante, es la "prudencia simplemente humana", ese andar haciendo cálculos para no excederse en desgastarse por el Reino de Dios. Los santos no se miden. Ellos se enamoran de Cristo y de su religión y no andan dedicándose a darse a cuenta gotas, sino que se entregan totalmente a la misión que Dios les ha confiado. Y esto le sucedió a Fidel. Cada poco le llegaban tarjetas como esta: "Recuerde que está predicando en tierras donde hay muchos protestantes, evangélicos, calvinistas y demás herejes. No hable tan claro en favor de la religión católica, si es que quiere seguir comiendo tranquilamente su sopa entre nosotros"
Pero él seguía incansable enseñando el Catecismo Católico y previniendo a sus oyentes contra el peligro de las sectas de evangélicos y demás protestantes. Tenía que prevenir a sus ovejas contra los lobos que acaban con las devociones católicas.
Al saber en Roma los grandes éxitos del padre Fidel que con sus predicaciones convertía a tantos protestantes, lo nombraron jefe de un grupo de misioneros que tenían que ir a predicar en Suiza, nido terrible de protestantes calvinistas. Lo enviaba la Sagrada Congregación para la Propagación de la fe.
En la ceremonia con la cual lo despedían solemnemente al empezar su viaje hacia Suiza, Fidel dijo en un sermón: "Presiento que voy a ser asesinado, pero si me matan, aceptaré con alegría la muerte por amor a Jesucristo y la consideraré como una enorme gracia y una preferencia de Nuestro Señor.
Pocos días antes de ser martirizado, al escribir una carta a su lejano superior, terminaba así su escrito: "Su amigo Fidel que muy pronto será pasto de gusanos".
Al llegar a Suiza empezó a oír rumores de que se planeaba asesinarlo porque los protestantes tenían gran temor de que muchos de sus adeptos se pasaran al catolicismo al oírlo predicar. Al escuchar estas noticias se preparó para la muerte pasando varias noches en oración ante el Santísimo Sacramento, y dedicando varias horas del día a orar, arrodillado ante un crucifijo. La santidad de su vida lo tenía ya bien preparado para ser martirizado.
El domingo 24 de abril, se levantó muy temprano, se confesó y después de rezar varios salmos se fue al templo de Seewis, donde un numeroso grupo de protestantes se había reunido con el pretexto de que querían escucharlo, pero con el fin de acabar con él. Al subir al sitio del predicador, encontró allí un papel que decía: "Este será su último sermón. Hoy predicará por última vez". Se armó de valor y empezó entusiasta su predicación. El tema de su sermón fue esta frase de San Pablo: "Una sola fe, un solo Señor, un solo bautismo" (EF. 4,5) y explicó brillantemente cómo la verdadera fe es la que enseñan los católicos, y el único Señor es Jesucristo y que no hay varios bautismos como enseñan los protestantes que mandan rebautizar a la gente. Aquellos herejes temblaban de furia en su interior, y uno de los oyentes le disparó un tiro, pero equivocó la puntería. Fidel bajó del sitio desde donde predicaba y sintiendo que le llegaba el fin, se arrodilló por unos momentos ante una imagen de la Sma. Virgen. Quedó como en éxtasis por unos minutos, y luego salió por una pequeña puerta por la sacristía detrás del templo.
Los herejes lo siguieron a través del pueblo gritándole: "Renuncie a lo que dijo hoy en el sermón o lo matamos". El les respondió valientemente: "He venido para predicar la verdadera fe, y no para aceptar falsas creencias. Jamás renunciaré a la fe de mis antepasados católicos."  Aquel grupo de herejes, dirigidos por un pastor protestante, le gritaba: "O acepta nuestras ideas o lo matamos". El les contestó: "Ustedes verán lo que hacen. Yo me pongo en manos de Dios y bajo la protección de la Virgen Santísima. Pero piensen bien lo que van a hacer, no sea que después tengan que arrepentirse muy amargamente". Entonces lo atacaron con palos y machetes y lo derribaron por el suelo, entre un charco de sangre. Poco antes de morir alcanzó a decir: "Padre, perdónalos".
Era el 24 de abril del año 1622.
Dios demostró la santidad de su mártir, obrando maravillosos milagros junto a su sepulcro. Y el primer milagro fue que aquel pastor protestante que acompañaba a los asaltantes, se convirtió al catolicismo y dejó sus errores.
El Papa Benedicto XIV lo declaró santo en 1746.

viernes, 21 de abril de 2017

PASTORAL: SANTO DEL DIA

Santa María egipciaca  
               Penitente
               (siglo V)


Una hermosa tradición muy antigua cuenta que en el siglo V un santo sacerdote llamado Zózimo después de haber pasado muchos años de monje en un convento de Palestina dispuso irse a terminar sus días en el desierto de Judá, junto al río Jordán. Y que un día vio por allí una figura humana, que más parecía un esqueleto que una persona robusta. Se le acercó y le preguntó si era un monje y recibió esta respuesta: "Yo soy una mujer que he venido al desierto a hacer penitencia de mis pecados". 
Segun la tradición quella mujer le narró la siguiente historia: Su nombre era María. Era de Egipto. Desde los 12 años llevada por sus pasiones sensuales y su exagerado amor a la libertad se fugó de la casa. Cometió toda clase de impurezas y hasta se dedicó a corromper a otras personas. Después se unió a un grupo de peregrinos que de Egipto iban al Santo Sepulcro de Jerusalén. Pero ella no iba a rezar sino a divertirse y a pasear.
Y sucedió que al llegar al Santo Sepulcro, mientras los demás entraban fervorosos a rezar, ella sintió allí en la puerta del templo que una mano la detenía con gran fuerza y la echaba a un lado. Y esto le sucedió por tres veces, cada vez que ella trataba de entrar al santo templo. Iglesia del Santo SepulcroY una voz le dijo: "Tú no eres digna de entrar en este sitio sagrado, porque vives esclavizada al pecado". Ella se puso a llorar, pero de pronto levantó los ojos y vio allí cerca de la entrada una imagen de la Sma. Virgen que parecía mirarla con gran cariño y compasión. Entonces la pecadora se arrodilló llorando y le dijo: "Madre, si me es permitido entrar al templo santo, yo te prometo que dejaré esta vida de pecado y me dedicaré a una vida de oración y penitencia.  Y le pareció que la Virgen Santísima le aceptaba su propuesta. Trató de entrar de nuevo al templo y esta vez sí le fue permitido. Allí lloró largamente y pidió por muchas horas el perdón de sus pecados. Estando en oración le pareció que una voz le decía: "En el desierto más allá del Jordán encontrarás tu paz".
María egipciaca se fue al desierto y allí estuvo por 40 años rezando, meditando y haciendo penitencia. Se alimentaba de dátiles, de raíces, de langostas y a veces bajaba a tomar agua al río. En el verano el terrible calor la hacía sufrir muchísimo y la sed la atormentaba. En invierno el frío era su martirio. Durante 17 años vivió atormentada por la tentación de volver otra vez a Egipto a dedicarse a su vida anterior de sensualidad, pero un amor grande a la Sma. Virgen Virgen Maríale obtenía fortaleza para resistir a las tentaciones. Y Dios le revelaba muchas verdades sobrenaturales cuando ella estaba dedicada a la oración y a la meditación.
La penitencia le hizo prometer al santo anciano que no contaría nada de esta historia mientras ella no hubiera muerto. Y le pidió que le trajera la Sagrada Comunión. Era Jueves Santo y San Zózimo le llevó la Sagrada Eucaristía. Quedaron de encontrarse el Día de Pascua, pero cuando el santo volvió la encontró muerta, sobre la arena, con esta inscripción en un pergamino: "Padre Zózimo, he pasado a la eternidad el Viernes Santo día de la muerte del Señor, contenta de haber recibido su santo cuerpo en la Eucaristía. Ruegue por esta pobre pecadora, y devuélvale a la tierra este cuerpo que es polvo y en polvo tiene que convertirse".
El monje no tenía herramientas para hacer la sepultura, pero entonces llegó un león y con sus garras abrió una sepultura en la arena y se fue. Zózimo al volver de allí narró a otros monjes la emocionante historia, y pronto junto a aquella tumba empezaron a obrarse milagros y prodigios y la fama de la santa penitente se extendió por muchos países.
San Alfonso de Ligorio y muchos otros predicadores narraron muchas veces y dejaron escrita en sus libros la historia de María Egipciaca, como un ejemplo de lo que obra en un alma pecadora, la intercesión de la Sma. Madre del Salvador, la cual se digne también interceder por nosotros pecadores para que abandonemos nuestra vida de maldad y empecemos ya desde ahora una vida de penitencia y santidad.

jueves, 20 de abril de 2017

MUSICA Tina Turner - Private Dancer



PASTORAL: SANTO DEL DIA

        San Anselmo  
Arzobispo. Doctor de la Iglesia
              (1109)

San Ancelmo4-21.jpg (3532 bytes)


Nacio en Aosta del Piamonte (Italia). De noble familia lombarda, su padre quiso educarle para la politica, por lo que nunca aprobo su temprana decision de hacerse monje. Recibio una excelente educacion clasica, siendo tenido pir uno de los mejores latinistas de su tiempo. Esta educacion le llevo al uso preciso de la palabra y a la necesidad de claridad de su pensamineto.
Su padre era muy amigo de las fiestas y de aparecer bien en público. La mamá en cambio era sumamente piadosa y humilde. Mientras el papá lo animaba a ser un triunfador en el mucho, la madre le mostraba el bellísimo cielo azul de Italia y le decía: allá arriba empieza el verdadero reino de Dios. Y Anselmo se fue inclinando más a ganarse su cielo que la mamá le mostraba, que las glorias humanas que le ponderaba su padre.
De jovencito fue encomendado a un profesor muy riguroso, regañón y humillante y el niño empezó a perder la alegría y a volverse demasiado tímido y retraído. Entonces lo llevaron a los Padres Benedictinos y estos por medio de la bondad y de la alegría lo transformaron en un estudiante alegre y entusiasta. Más tarde Anselmo dirá: "Mis progresos espirituales, después de Dios y mi madre, los debo a haber tenido unos excelentes profesores en mi niñez, los Padres Benedictinos".
El papá le ofrece triunfar en el mundo y lo lleva a fiestas y a torneos. Pero aunque Anselmo participa con mucho entusiasmo, después de cada fiesta mundana siente su alma llena de tristeza y desilusión. Y exclama: "El navío de mi corazón pierde el timón en cada fiesta y se deja llevar por las olas de la perdición". Toda la vida se arrepentirá de esos años de mundanalidad. Afortunadamente se decide a aceptar otra propuesta: la de hacerse religioso. Y allí sí encuentra la paz.
Ha muerto la mamá y no se entiende bien con el papá. Anselmo huye del hogar y se va para Francia donde, según le han contado hay un monje famoso, muy sabio y muy amable que sabe dirigir maravillosamente a la juventud. Ese monje se llama Lanfranco. El joven Anselmo tiene 27 años y sale de su país acompañado solamente de un burrito que lleva sus pocas pertenencias. Va a hacerse monje benedictino.
Lanfranco recibe a Anselmo con gran amabilidad y se dedica a dirigirlo y a formarlo. En adelante serán grandes amigos por toda la vida y Anselmo irá reemplazando a su maestro en sus altos cargos. Cuando a Lanfranco lo nombran arzobispo, Anselmo es nombrado superior del convento, y aunque se negaba totalmente a aceptar tan delicado cargo, lo obligaron a aceptar y gobernó con gran prudencia y con la más exquisita bondad. Exigía exacto cumplimiento del deber pero sabía gobernar con gran prudencia y amabilidad, por eso lo amaban y lo estimaban.
Todos los ratos libres los dedicaba a estudiar y a escribir, llegando así a ser uno de los autores más leídos en la Iglesia Católica. Durante siglos los maestros de teología han leído y citado las enseñanzas de este gran sabio que escribió dos libros muy famosos: El Monologio y el Prosologio, y fue el verdadero precursor de Santo Tomás, el escritor que más unió las dos grandes ciencias, la Filosofía y la Teología (El dice que Monologio significa: manera de meditar en las razones de la fe). Fue el mayor teólogo de su tiempo. Gran sabio.
Su amigo Lanfranco, Arzobispo de Cantorbery, murió muy pronto, más por angustias, por las persecuciones del gobierno, que por viejo o por enfermedad. Y entonces el Papa nombró para reemplazarlo a San Anselmo. Casi se desmaya del susto, al recibir el nombramiento, pero tuvo que obedecer.
El rey Guillermo quería nombrar él mismo a obispos y sacerdotes. Anselmo se le opuso diciéndole que esto era un derecho exclusivo de la Iglesia Católica. El rey entonces expulsó de Inglaterra al arzobispo Anselmo, el cual aprovechó para dedicarse en Francia y en Italia a estudiar y a escribir.
A la muerte de Guillermo regresó Anselmo a Inglaterra pero el nuevo rey Enrique quería también nombrar él mismo a los obispos y disponer de los bienes de la Iglesia. Anselmo se le opuso valientemente. Enrique quiso expulsarlo. El Sumo Pontífice amenazó con excomulgar al rey si expulsaba al arzobispo. Entonces enviaron delegados a Roma y el Papa le dio toda la razón a Anselmo. El santo consiguió con sus ruegos en Roma que no fuera sancionado el rey y así obtuvo que Inglaterra no se separara de la Iglesia Católica todavía. El era extraordinariamente bondadoso.
San Anselmo murió el 21 de abril del año 1109.

MUSICA Patty Pravo - La bámbola (en español)

MUSICA The Platters - Only You (And You Alone) (Original Footage HD)

miércoles, 19 de abril de 2017

PASTORAL: SANTO DEL DIA

 San Telmo
   Predicador
   (año 1240.)


Su nombre era Pedro González Telmo, pero el pueblo lo llamaba Telmo, y como San Telmo ha sido invocado siempre por sus devotos que han conseguido de él muchos favores. En momentos de especial peligro los marineros han gritado: "San Telmo bendito, ayúdame", y han recibido ayudas que nadie ha podido explicar.
Siendo sobrino del obispo de Astorga, este le costeó la educación religiosa para que se hiciera sacerdote, y una vez ordenado lo nombró presidente de los canónigos de esa ciudad. Pero su educación había sido más mundana que espiritual y lo que buscaba Telmo no era salvar almas sino conseguir honores, y en él dominaban más el orgullo y el deseo de aparecer, que la virtud. Y Dios dispuso corregirlo. Y así fue que el día en que se dirigía lleno de vanidad por las calles de Astorga a tomar posesión de su puesto de presidente de los empleados de la catedral, el caballo en el que viajaba con tanto orgullo y ostentación, empezó a corcovear y lo derribó entre un barrizal, en medio de las risas de la gente. Telmo se levantó de esa caída y exclamó: "Ya que hoy el mundo se ha burlado de mí, de ahora en adelante yo me burlaré del mundo", y dejando sus puestos honrosos se entró de religioso dominico en un convento.
Después de haberse preparado muy cuidadosamente en la comunidad de los dominicos para dedicarse a la predicación, empezó sus sermones por pueblos y ciudades con gran aceptación de las gentes. Tenía que predicar en las plazas porque la gente no cabía en los templos. Su voz era sonora, su pronunciación perfecta y su estilo directo. Hablaba francamente contra los vicios y en favor de la buena conducta, y sus sermones producían efectos admirables. Pasaba muchas horas estudiando los sermones que iba a pronunciar, y muchas horas más rezando por los hombres a Dios, antes de hablarles de Dios a los hombres.
Y lo oyó predicar el rey San Fernando y quedó tan encantado de su modo de hablar que lo nombró capellán de su ejército que victorioso iba recobrando ciudad por ciudad y pueblo por pueblo, del poder de los moros. Allí en el ejército tuvo que dedicarse Telmo con todas sus energías a corregir vicios de los militares y a contenerlos para que en las ciudades que conquistaban no cometieran excesos y crueldades.
Un día unos militares disgustados dispusieron armarle una trampa a su castidad y le enviaron una mujer hermosa y corrompida a que tratara de hacerlo ofender a Dios. Cuando el santo vio que llegaba impúdicamente a su habitación, no teniendo otro medio de alejarla, prendió fuego a los materiales que allí lo rodeaban y entre llamas y humo hizo salir huyendo a la corruptora.
Los militares jóvenes de las altas clases sociales se sintieron muy molestos por los sermones de Telmo en el ejército, porque no les toleraba sus vicios y maldades y se propusieron amargarle la vida lo más posible. El, al darse cuenta de que el ambiente de allí no era apto para su modo de obrar y de pensar, se retiró del ejército y empezó otro apostolado muy especial: la evangelización de los pescadores y marineros en la región de Tuy. Y allí sí fue mejor aceptado. Lo primero que hizo fue organizarlos en asociaciones para que defendieran sus derechos y se ayudaran mutuamente.
Luego como sacerdote se dedicó a ser padre de los pobres, amigo de todos, consejero de los que necesitaban ser aconsejados, corregidor de vicios, pacificador de peleas y riñas y buen ejemplo para todos de una vida sin mancha y llena de espíritu y sacrificio y oración.
Y sucedió que los marineros y pescadores empezaron a encomendarse a las oraciones de Telmo cuando se iban al mar, especialmente en tiempos de tormentas y vendavales. "¡Fray Telmo, encomiéndenos hoy que el tiempo está difícil!", le decían al embarcarse. El santo les prometía su oración y en plena mar brava cuando los remeros veían que se iban a hundir en las aguas formidables, exclamaban: "Dios mío, por las oraciones de Fray Telmo, ¡sálvame!", y sentían que misteriosamente se libraban de aquellos inminentes peligros de muerte. En los procesos para su beatificación hay centenares de testimonios como estos. Un día en plena tempestad cuando varios pescadores estaban en grave peligro de perecer, San Telmo se puso a rezar por ellos y la tempestad se calmó rapidísimamente, sin que nunca antes hubieran visto una calma así de repentina.
En la Semana Santa a principios de abril al predicar un sermón se despidió de sus oyentes avisándoles que muy pronto pasaría a la eternidad. No era viejo. Había nacido en 1185 y apenas tenía 55 años. Pero su salud estaba muy débil a causa de tantos sacrificios y largas horas de estudio y frecuentísimas predicaciones. Estaba verdaderamente desgastado por tantos años de esfuerzos por conseguir la gloria de Dios y el bien de las almas y su propia santificación.
Y el 14 de abril del año 1240, durmióse para este mundo y despertó para empezar la vida eterna en el cielo.
Y desde entonces empezó una interminable serie de prodigios conseguidos por su intercesión: salvarse de naufragios que parecían irremediables. Calma instantánea de tempestades. Conversión de pecadores. Apaciguamiento entre los que estaban peleados. Solución de graves situaciones económicas. Y por muchos años y hasta siglos, los marineros de España y de Portugal, cuando estaban en gravísimos peligros, lo primero que gritaban era: "¡San Telmo bendito, protéjanos!". Y cuando las tempestades arreciaban, los que estaban en alta mar repetían: "Es hora de invocar a San Telmo bendito".