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martes, 3 de junio de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA

SAN FRANCISCO CARACCIOLO


 Nació en los Abruzos (Italia), el 13 de octubre de 1563. A los 21 años, le dio una enfermedad terrible a la piel,semejante a la lepra, y todos creían que sería incurable. Entonces Francisco le hizo a Dios esta promesa: "Si me curas de esta enfermedad, dedicaré mi vida al sacerdocio y al apostolado". Así, curado de milagro, decidió cumplir con su promesa y empezó a prepararse para el sacerdocio. Se fue a Nápoles, y allá, apenas ordenado sacerdote se unió a un grupo de apostolado que se dedicaba a atender a los presos de las cárceles.

En el año 1588 un gran apóstol llamado Juan Adorno, dispuso fundar una comunidad religiosa que dedicara la mitad del tiempo a la oración y la otra mitad al apostolado. Para esto mandó una carta a un tal Ascanio Caracciolo, pidiéndole consejos acerca de este proyecto y proponiendo su colaboración. Pero, sucedió que los que llevaban la carta se equivocaron de destinatario y en vez de entregarla a Ascanio la entregaron a san Francisco Caracciolo. El, al leerla encontró que esta comunidad era lo que él había deseado por muchos años y junto con Juan Adorno fundaron la nueva congregación.
La nueva comunidad recibió el nombre de "Clérigos regulares".

El Papa Sixto V aprobó la nueva Congregación, y les fue concedida una casa junto a la famosa Basílica Santa María la Mayor. Pronto empezaron a llegarles muchos jóvenes con la aspiración de pertenecer a la comunidad. Los fervorosos religiosos se dedicaban a predicar misiones por pueblos y veredas y a hacer apostolados en las cárceles y hospitales. Tenían ciertos sitios apartados y solitarios para dedicarse a la oración y a la meditación.

Al morir su compañero, fue nombrado nuestro santo como superior general de la Congregación.

Poseía el don de curaciones. Muchas veces con la señal de la cruz devolvía la salud a los enfermos. Fundó una gran casa religiosa en Nápoles, que pronto se llenó de nuevos religiosos. Fundó también casas en Madrid, Valladolid y Alcalá en España.

En 1607 renunció a todos sus cargos y se dedicó a la oración y a la meditación. En su habitación, en Nápoles lo encontraron varias veces en el suelo, con los brazos en cruz, en éxtasis, orando y mirando al crucifijo absorto.

Murió el 4 de junio del año 1608. Tenía apenas 44 años. Su cuerpo, después de muerto despedía suaves fragancias que por tres días llenaron aquel recinto.

lunes, 2 de junio de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA

San Carlos Luanga y
 los mártires de Uganda 
Año 1886



Uganda es un país del Africa. Los padres Blancos del Cardenal Lavigerie empezaron a misionar ese país y pronto hubo muchos negros convertidos al catolicismo y esta religión les transformó muy notablemente su modo de pensar y obrar.
Y sucedió que el jefe de esa nación, llamado Muanga, tenía el vicio de la homosexualidad. Y cuando el jefe del personal de mensajeros del palacio José Makasa, se convirtió al catolicismo le hizo saber al jefe que la Biblia condena y prohibe totalmente la homosexualidad y que la llama una "aberración", o sea algo abominable, que va contra la Ley Divina y que es totalmente impropio de la persona humana. Y que el Libro Sagrado dice que "la homosexualidad es un pecado merecedor de la muerte" (Levítico 18) y "algo que va contra la naturaleza (Rom. 1,26) y que los que lo cometen no poseerán el Reino de Dios (1 Cor. 6,10). Esto indignó tanto al reyezuelo, que ordenó asesinar a José Makasa el 15 de noviembre de 1885, y así este llegó a ser el primero de los 26 mártires de Uganda. (Ahora se llama San José Makasa). Otra de las causas del asesinato de José fue haber reprendido al rey por el asesinato del dos misioneros.
Al saber esta terrible noticia, los demás católicos que trabajaban en el palacio real como mensajeros o empleados, en vez de acobardarse, se animaron más fuertemente a preferir morir antes que ofender a Dios. La segunda víctima fue un pequeño mensajero llamado Denis. El jefe Muanga quiso irrespetar a un jovencito llamado Muafa, pero este le dijo que su cuerpo era un templo del Espíritu Santo, y que él se haría respetar costara lo que costara. Averiguó el rey quién le había enseñado al niño estas doctrinas y le dijeron que era otro de los mensajeros, Denis, ¡y le dio muerte! Así este jovencito llegó a ser el segundo mártir San Denis. (Antes de darle muerte, el rey le preguntó: "¿eres cristiano?" y el niño respondió: "Sí, soy cristiano y lo seré hasta la muerte").
Mientras tanto allá en un salón del palacio, el nuevo jefe de los mensajeros, Carlos Luanga (que había reemplazado a San José Makasa) reunía a todos los jóvenes y les recordaba lo que enseña San Pablo en la S. Biblia, que "los que cometen el pecado de homosexualidad tendrán un castigo inevitable por su extravío" (Rom. 1,18) y les recordaba que "homosexualidad es la tendencia a cometer acciones impuras con personas del propio sexo", y que eso no es amor de caridad que busca el bien de la otra persona, sino que es un "amor de concupiscencia" por el afecto que se siente hacia personas bien parecidas del propio sexo, y que lo que busca es satisfacer sus propios apetitos e inclinaciones anormales hacia las cualidades físicas del otro. Y les narraba cómo las ciudades de Sodoma y Gomorra fueron destruidas por una lluvia de fuego por cometer ese pecado, y cómo la Biblia anuncia tremendos castigos para los que lo cometen. Carlos terminaba sus charlas recordando aquellas palabras de Jesús: "Al que se declare a mí favor aquí, yo me declararé a su favor en el cielo".
Con estas instrucciones de Carlos Luanga, ya todos los jovencitos mensajeros y empleados del palacio real de Uganda quedaron resueltos a perder su vida antes que renunciar a las creencias católicas o perder la pureza de su alma con un pecado de homosexualidad. Y ahora iba a llegar el desenlace fatal y sangriento
 El reyezuelo tenía como primer ministro al terrible brujo Katikiro, el cual estaba disgustadísimo porque los que se volvían cristianos católicos, ya no se dejaban engañar por sus brujerías. Y entonces se propuso convencer al rey de que debía hacer morir a todos los que se declararon cristianos.
El cruel Muanga reunió a todos sus mensajeros y empleados y les dijo: "De hoy en adelante queda totalmente prohibido ser cristiano, aquí en mi reino. Los que dejen de rezar al Dios se los cristianos, y dejen de practicar esa religión, quedarán libres. Los que quieran seguir siendo cristianos irán a la cárcel y a la muerte".
Y luego les dio una orden mortal: - Los que quieran seguir siendo cristianos darán un paso hacia adelante".
Inmediatamente Carlos Luanga, jefe de todos los empleados y mensajeros del palacio, dio el paso hacia adelante. Lo siguió el más pequeño de los mensajeros, que se llamaba Kisito. Y enseguida 22 jóvenes más dieron el paso decisivo. Inmediatamente entre golpes y humillaciones fueron llevados todos a prisión.
El Padre misionero no había alcanzado a bautiza a algunos de ellos, y entonces estos jóvenes valientes viendo que su muerte estaba ya muy próxima pidieron a Carlos que los bautizara. Y allí en la oscuridad de la prisión Carlos Luanga bautizó a los que aún no estaban bautizados, y se prepararon todos para su paso a la eternidad feliz, que ya estaba muy cerca.
El reyezuelo los volvió a reunir y les preguntó: "¿Siguen decididos a seguir siendo cristianos?". Y ellos respondieron a coro: "Cristianos hasta la muerte". Entonces por orden del cruel ministro Katikiro fueron llevados prisioneros a 60 kilómetros de distancia por el camino, y allí mismo fueron asesinados por los guardias.
Después de haberlos tenido siete días en prisión en esas lejanías, en medio
de los más atroces sufrimientos, mientras reunían la leña para el holocaustos el 3 de junio del año 1886, día de la Ascensión, los envolvieron en esteras de juntos muy secos, y haciendo un inmenso montón de leña seca los colocaron allí y les prendieron fuego. Entre las llamas salían sus voces aclamando a Cristo y cantando a Dios, hasta el último aliento de su vida. Por el camino se llevaron los verdugos a dos mártires más, ya mayores de edad. El uno por haber convertido y bautizado a unos niños (San Matías Kurumba) y el otro por haber logrado que su esposa se hiciera cristiana (San Andrés Kawa). Ellos se unieron a los otros mártires (de los cuales 17 eran jóvenes mensajeros) y en total murieron en aquel año 26 mártires católicos por defender su fe y su castidad.
El cruel Katikiro fue fusilado y echado a los perros unos años después en una revolución. El reyezuelo Muanga fue derrotado por sus enemigos y desterrado a terminar sus años en una isla solitaria. Y los 26 mártires de Uganda, con Carlos Luanga a la cabeza, fueron declarados santos por el Papa Pablo VI, y ahora en Uganda hay un millón de católicos: "La sangre de los mártires, produce nuevos cristianos".

DESDE MI CALLE

CHISPITA

"Chispita" no es una chispa eléctrica menor, ni una broma, ni siquiera el nombre de alguna telenovela. "Chispita" era el nombre de un gato siamés del que quiero escribir su historia, mientras vivió conmigo.









En una etapa de mi vida laboral, estuve trabajando en Palma de Mallorca. Allí, un compañero de trabajo tuvo una camada de gatos siameses. Fué ofreciendo a los que querían tener uno de ellos. Se quedó con dos. Uno, según él, era más dócil y el otro más travieso. En aquel tiempo había yo alquilado una planta baja en un edificio a las afueras de la capital. Me comentó, el compañero, si no me importaba quedarme con uno de los dos gatos con los que él se había quedado. Dado que tenía una terraza grande, pensé que no me vendría mal el tener la compañía con un gato, ya que su amo me había comentado que me cedería el cariñoso. No sé si se confundió, o lo hizo a propósito, pero el gato que me entregó resultó que fué el travieso.

Confieso que le cogí cariño. Le puse por nombre "Chispita", ¿Por qué ese nombre? No me acuerdo, pero comencé a llamarle así. La primera noche, y a la madrugada, me desperté sobresaltado porque sentí movimiento en mi cama. El susto fué tremendo. Ví unos ojos brillantes que me miraban desde donde descansaban mis pies. No sé si grité, pero es fácil que lo hiciese. Pasado el susto, le atraje hacia mí, y se durmió a mi vera.

Salía yo de trabajar hacia las 3 de la tarde y, después de comer me tumbaba un poco, era verano y calentaba. Dejaba la ventana del cuarto, que daba al norte, abierta para que entrase un poco de brisa, cuando la había. "Chispita" después de su ronda diaria por los alrededores, se asomaba a la ventana y si me encontraba acostado se arrollaba en mis piernas. Pero no todo era placidez con el gato (ya dije que era el travieso), y hacía de las suyas. En una ocasión se subió encima del televisor y empezo a agitarlo de tal manera que menos mal que estaba yo viendo algún programa y le hice bajar. Cuando fregaba yo su "espacio", al acabar, creo que esperaba a ello, hacía nuevamente sus necesidades allí donde todo estaba limpio. Otra vez, le que entraba en casa corriendo, y por detrás un gato grande que iba tras él. Se refugió entre mis piernas, y cuando conseguí que el otro gato se marchase fué detrás de él provocándole. Era "Chispita" todo un gato.  Eso sí, bastaba que le silbase o le llamase, para que acudiese rápidamente donde mí.

Unas vacaciones me fuí a casa, y en una jaula especial, conseguí que le admitiesen en el avión que me llevaba de Palma a Bilbao. Le acomodé en un camarote que tenía. Allí le alimenté tanto que engordó 2 Kgr., por lo menos. Pero sucedió un accidente. Tenía yo en la cocina un canario, y un día, pues..cuando llegué a casa no quedaban del pobre más que las plumas. Volví de las vacaciones con reserva de embutidos. Colgué, ya en Palma de Mallorca, una ristra de chorizos en el patio, bien alineados y en el alto de un madero que había. Fuí a trabajar, y se me hizo la mañana larguísima esperando llegase la hora de ir a casa, y prepararme un buen bocata de chorizo. Abro la puerta, y observo que... había rastros de chorizo por toda la entrada. Llego, temblando, al patio y de los chorizos no quedaban ni la piel. Cabreadísimo y con el escobón en mi mano grito: "Chispitaaa", "Chispitaaaa", pero nada. El jodido de él se había escabullido. Regresó a la noche y, como si nada hubiese pasado, se restregó entre mis piernas. Ya se me había pasado el enfado, y riéndome le acaricié la cabecita.

Un buen día, al volver del trabajo "Chispita" no estaba. No volvió más. ¿Qué le pasó? Nunca lo supe. "Chispita" había desaparecido de mi vida para siempre.

Por eso, he querido dedicar estas palabras al recuerdo de ese gato siamés al que le puse por nombre "Chispita".

DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos.

domingo, 1 de junio de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA


 Santos Marcelino y Pedro
Mártires
Año 304

 El primero de estos dos santos mártires era un sacerdote muy estimado en Roma, y el segundo era un fervoroso cristiano que tenía el poder especial de expulsar demonios. Fueron llevados a prisión por los enemigos de la religión, pero en la cárcel se dedicaron a predicar con tal entusiasmo que lograron convertir al carcelero y a su mujer y a sus hijos, y a varios prisioneros que antes no eran creyentes. Disgustados por esto los gobernantes les decretaron pena de muerte.
A Marcelino y Pedro los llevaron a un bosque llamado "la selva negra", y allá los mataron cortándoles la cabeza y los sepultaron en el más profundo secreto, para que nadie supiera dónde estaban enterrados. Pero el verdugo, al ver lo santamente que habían muerto se convirtió al cristianismo y contó dónde estaban sepultados, y los cristianos fueron y sacaron los restos de los dos santos, y les dieron honrosa sepultura. Después el emperador Constantino construyó una basílica sobre la tumba de los dos mártires, y quiso que en ese sitio fuera sepultada su santa madre, Santa Elena.
Las crónicas antiguas narran que ante los restos de los santos Marcelino y Pedro, se obraron numerosos milagros. Y que las gentes repetían: "Marcelino y Pedro poderosos protectores, escuchad nuestros clamores".
 

DESDE MI CALLE

RAZONES PARA CREER

Existen muchas razones poderosas para creer en "la utopía", el vivir dignamente", "el trabajo solidario", incluso en la maternidad que haga que los niños puedan crecer y desarrollarse en un mundo más justo.

Todos tenemos nuestros problemas. Quizás no sean enormes, pero en más de una ocasión nos han servido como excusa para no complicarnos, por lo menos eso deseábamos, la vida.

Después de los días de trabajo, si con suerte cuentas con ello, deseamos tener derecho a un descanso. Pero, siempre hay "un pero", andamos económicamente ajustados. Apenas nos llega para las necesidades básicas. Nos gustaría ayudar a esas organizaciones que se desviven por los más desfavorecidos, por la gente que está en el paro, por ayudar a los ancianos quer se encuentran solitarios, en sus casas, en sus residencias. A muchos de estos ancianos sus parientes les han relegado a una mísera existencia. Piensan aquello de "Nadie quiere resolver mis necesidades".

Nos gustaría ponernos en camino hacia esa "utopia", pero hay ocasiones en que la realidad está por encima de nuestros deseos. Ese camino quiséramos que nos condujese a resolver esas necesidades, esos problemas, que no sólo los tienen  los ancianos, sino muchos que carecen de trabajo, que pasan toda la semana, dia tras día, recorriendo y dejando curriculum por todos los establecimientos que encuentran a su paso. En ocasiones nos da hasta vergüenza que, aunque precario, tengamos un trabajo, que nos ayuda en nuestras básicas necesidades.

En ese camino hacia tu vida futura, a veces tienes la tentación de pensar en que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, o al revés. No te importa hacer un favor, pero al mismo tiempo agradecerías que lo reconociesen. Más tarde piensas ¿es justo eso? ¿no es mejor hacer el favor sin esperar nada a cambio? Entonces comprendemos que la tarjeta de visita de una entrega gratuita es siempre la alegría y la sencillez, que ese pequeño acto de entrega es, también, porque igualmente hay alguien que lo hace contigo sin reserva alguna.

Por eso, debemos de creer en la utopia, si, pero no porque la realidad sea imposible, sino porque todo es posible.

DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos.


sábado, 31 de mayo de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA

Justino nació el año 100 en Naplusa (Palestina), ciudad romana y pagana, construida en el emplazamiento de la antigua Siquem, no lejos del pozo de Jacob, donde Jesús anunció a la Samaritana el culto nuevo. Naplusa era una ciudad reciente en la que florecían el granado y el limonero, encajada entre dos colinas a mitad de camino entre la frondosa Galilea y Jerusalén.
Los padres de Justino eran colonos acomodados; puede que fueran de esos veteranos dotados de tierras por el Imperio; esto explicaría en el filósofo su rectitud de carácter, su gusto por la exactitud histórica. No posee ni la flexibilidad ni la sutilidad dialéctica de un heleno. Vivió en contacto con judíos y samaritanos.

 De naturaleza noble, prendado de lo absoluto, desde joven supo gustar la filosofía, en el sentido que entonces se le daba: no una especulación, sino persecución de la sabiduría que lleva a Dios. La filosofía lo condujo, etapa tras etapa, hasta el umbral de la fe. El mismo Justino nos cuenta, en el Diálogo con el judío Trifón, el largo itinerario de su búsqueda, sin que nos sea posible distinguir entre el artificio literario y la autobiografía. En Naplusa siguió primero las clases de un estoico y después las de un discípulo de Aristóteles, al que abandonó pronto para acudir a un platónico. En su ingenuidad, esperaba que la filosofía de Platón le permitiría «ver inmediatamente a Dios».

Retirado a la soledad, meditaba sobre la visión de Dios, sin que su inquietud se sosegase, cuando tuvo lugar el encuentro nocturno con aquel anciano en la playa. Éste le mostró que el alma humana no podía alcanzar a Dios por sus propios medios; el cristianismo era la única verdadera filosofía, que lleva a su cumplimiento todas las verdades parciales: «Platón prepara para el cristianismo».

La Iglesia acogió a Justino y, con él, a Platón. Cuando se hizo cristiano en el año 130, el filósofo, lejos de abandonar la filosofía, afirma haber encontrado en el cristianismo la única filosofía segura que colma todos sus deseos. Siempre lleva puesto el manto de los filósofos. Para él es un título de nobleza.

Justino sabía ver la parte de verdad contenida en todos los sistemas. Le gustaba decir que los filósofos eran cristia­nos sin saberlo. Y justifica esta afirmación con un argumento tomado de la apologética judía, que pretendía que los pensadores debían lo mejor de sus doctrinas a los libros de Moisés. Para él, el Verbo de Dios ilumina a todos los hombres, lo cual explica las partes de verdad que se encuentran en los filósofos. Los cristianos no tienen nada que envidiarles, porque poseen al Verbo mismo de Dios, que no solamente guía la historia de Israel, sino toda búsqueda sincera de Dios. Esta generosa visión de la historia encierra una intuición de genio que, después de Ireneo de Lyon, será recogida desde san Agustín a san Buenaventura, y más recientemente por Maurice Blondel. Está particularmente cercana a nuestra problemática de hoy día.

Justino no se preocupa más que de la doctrina y de la autenticidad del testimonio. Los argumentos que desarrolla tienen una historia: la suya propia. El ha conocido personalmente las tentaciones contra las que nos pone en guardia. El testimonio de la obra de Justino conserva todo su valor para aquel que se decide a seguirlo.

Nadie ha creído en Sócrates hasta morir por lo que éste enseñaba. Pero, por Cristo, artesanos y hasta ignorantes han despreciado el miedo a la muerte». Estas nobles palabras las dirige Justino al Senado de Roma. También a él le toca aceptar la muerte por la fe que había recibido y transmitido. En el momento de su martirio, el filósofo cristiano no está solo, sino rodeado de sus discípulos. Las actas nos citan seis de ellos. Esta presencia, esta fidelidad hasta en la muerte, eran el homenaje más emocionante que se pueda ofrecer a un maestro de sabiduría.






En este hombre de hace dieciocho siglos percibimos el eco de nuestras inquietudes, de nuestras objeciones y de nuestras certezas. Es un contemporáneo nuestro por su apertura de alma, por su voluntad de diálogo, por su capacidad de comprensión.
Justino, un laico, un intelectual, ilustra el diálogo que comienza entre la fe y la filosofía, entre cristianos y judíos, entre Oriente, donde él había nacido, y Occidente, donde abre una escuela: en Roma al cabo de numerosas etapas. Su vida fue una larga búsqueda de la verdad. Para este filósofo, el cristianismo no es una doctrina, ni siquiera un sistema, si no una persona: el Verbo encarnado y crucificado en Jesús, que le desvela el misterio de Dios.
Había viajado, interrogado, sufrido, con el fin de encontrar lo verdadero. Sin duda por esta razón nosotros descubrimos detrás de lo que él descubre un desprendimiento, incluso una desnudez que es lo que avala a su testimonio. Este filósofo del año 150 está más cercano a nosotros que muchos de los: pensadores modernos. Muere el año 165.

viernes, 30 de mayo de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA

VISITACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN A SANTA ISABEL

 Luego que María Santísima oyó del ángel Gabriel que su prima Isabel también esperaba un hijo, sintióse iluminada por el Espíritu Santo y comprendió que debería ir a visitar a aquella familia y ayudarles y llevarles las gracias y bendiciones del Hijo de Dios que se había encarnado en Ella. San Ambrosio anota que fue María la que se adelantó a saludar a Isabel puesto que es la Virgen María la que siempre se adelanta a dar demostraciones de cariño a quienes ama. 

Por medio de la visita de María llevó Jesús a aquel hogar muchos favores y gracias: el Espíritu Santo a Isabel, la alegría a Juan, el don de Profecía, etc, los cuales constituyen los primeros favores que nosotros conocemos que haya hecho en la tierra el Hijo de Dios encarnado. San Bernardo señala aquí que desde entonces María quedó constituida como un "Canal inmenso" por medio del cual la bondad de Dios envía hacia nosotros las cantidades más admirables de gracias, favores y bendiciones. 

Además, nuestra Madre María recibió el mensaje más importante que Dios ha enviado a la tierra: el de la Encarnación del Redentor en el mundo, y en seguida se fue a prestar servicios humildes a su prima Isabel. No fue como reina y señora sino como sierva humilde y fraterna, siempre dispuesta a atender a todos que la necesitan. 

Este fue el primero de los numerosos viajes de María a ayudar a los demás. Hasta el final de la vida en el mundo, Ella estará siempre viajando para prestar auxilios a quienes lo estén necesitando. También fue la primera marcha misionera de María, ya que ella fue a llevar a Jesús a que bendijera a otros, obra de amor que sigue realizando a cada día y cada hora. Finalmente, Jesús por medio de su Madre santifica a Juan Bautista y ahora ella sigue siendo el medio por el cual Jesús nos santifica a cada uno de nosotros que somos también hijos de su Santa Madre.