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lunes, 19 de mayo de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA



                                                           San Bernardino de Siena, Predicador
(Año 1444)

                                 
 


 San Bernardino de Siena:
Suplícale al buen Dios y pídele a la Virgen Santísima,
que nos envíe muchos y muy buenos predicadores, como tú.
Ay de mí si no propago el evangelio. 



San Bernardino fue el más famoso predicador del 1400 y sus sermones sirvieron de modelos de predicación para muchos oradores en los siglos siguientes.
Nació cerca de Siena en Italia en el año 1380. Su padre era gobernador. El niño quedó huérfano de padre y madre a los siete años. Dos tías se encargaron de su educación y lograron formarlo lo mejor posible en ciencias religiosas y darle una educación muy completa. Sus estudios de bachillerato los hizo con tal dedicación que obtuvo las mejores notas.
Era muy simpático en el trato y las gentes gozaban en su compañía. Pero cuando oía a alguien que empleaba un vocabulario grosero y atrevido le corregía con toda valentía, para que abandonara esa mala costumbre.
Era muy bien parecido y un día un compañero lo incitó a cometer una acción impura. Bernardino le respondió dándole una sonora bofetada. Otro día un estudiante invitó a los compañeros del curso a cometer impurezas y Bernardino los animó a todos contra el impuro y le lanzaron barro y basura por la cara hasta hacerlo salir huyendo. Pero en el resto de su vida Bernardino fue siempre un modelo de amabilidad y bondad.
 De joven se afilió a una asociación piadosa llamada "Devotos de Nuestra Señora" que se dedicaba a hacer obras de caridad con los más necesitados. Y sucedió que en el año 1400 estalló en Siena la epidemia de tifo negro. Cada día morían centenares de personas y ya nadie se atrevía a atender los enfermos ni a sepultar a los muertos, por temor a contagiarse. Entonces Bernardino y sus compañeros de la asociación se dedicaron a atender a los apestados. Trabajaban de día y de noche. Bernardino preparaba muy bien a los que ya se iban a morir, para que murieran en paz con Dios y bien arrepentidos de sus pecados. Y como por milagro, este grupo de jóvenes se libró del contagio de la peste del tifo. Pero cuando pasó la enfermedad, Bernardino estaba tan débil y sin alientos, que estuvo por varios meses postrado en cama, con alta fiebre. Esto le disminuyó mucho las fuerzas de su cuerpo, pero le sirvió enormemente para aumentar la santidad de su alma.
Cuando ya recobró otra vez su salud, de vez en cuando se alejaba de casa y a quienes le preguntaba a dónde se dirigía les respondía: "Voy a visitar a una personita de la cual estoy enamorado". La gente creía que era que se iba a casar, pero un día sus tías le siguieron los pasos y se dieron cuenta de que se iba a una ermita donde había una estatua de la Virgen Santísima y allí le rezaba con gran fervor.
En el año 1402 entró de religioso franciscano. Lo recibieron en un convento cercano a su familia, pero como allí iban muchos amigos a visitarlo pidió que lo enviaran a otro más alejado y donde la disciplina era muy rígida, y así en el silencio, la oración y la mortificación se fue santificando.
Nuestro santo nació el día de la fiesta del nacimiento de la Santísima Virgen, el 8 de septiembre. Y en esa misma fecha recibió el bautismo. Y también un 8 de septiembre recibió el hábito de franciscano y en ese gran día de la Natividad de Nuestra Señora recibió la ordenación sacerdotal (en 1404). Fue pues siempre para él muy grata y muy significativa esta santa fecha.
 Los primeros 12 años de sacerdocio los pasó Bernardino casi sin ser conocido de nadie. Vivía retirado, dedicado al estudio y la oración. Dios lo estaba preparando para su futura misión.
Ni la voz ni las cualidades oratorias le ayudaban a Bernardino para tener éxito en la predicación. Entonces se dedicó a pedir a Nuestro Señor y a la Sma. Virgen que lo capacitaran para dedicarse a evangelizar con éxito y de pronto Dios le envió a predicar. Y esto sucedió de un modo bien singular. Durante tres días seguidos, estando rezando todos los religiosos por la mañana, de pronto un joven novicio, sin poder contenerse, interrumpió la oración y le dijo: "Hermano Bernardino: no ocultes más las cualidades que Dios te ha dado. Vete a Milán a predicar". Iguales palabras le fueron dichas cada uno de los tres días. Todos consideraron que esto era una manifestación de la voluntad de Dios y le aconsejaron que se fuera a la gran ciudad a predicar la Cuaresma. Y los éxitos fueron impresionantes. Las multitudes empezaron a asistir en inmensas cantidades a sus sermones. Al principio le costaba mucho hacerse oír a lo lejos pero le pidió con toda fe a la Virgen Santísima y Ella le concedió una voz potente y muy sonora (en vez de la voz débil y desagradable que antes tenía).
Y desde 1418 hasta su muerte, por 26 años Bernardino recorre pueblos, ciudades y campos predicando de una manera que antes la gente no había escuchado. Se levantaba a las 4 de la mañana y durante horas y horas preparaba sus sermones. Y el efecto de cada predicación era un entusiasmarse todos por Jesucristo y una gran conversión de pecadores. Muchísimos terminaban llorando de arrepentimiento al escuchar sus palabras. Cuando su voz potentísima gritaba en medio de la silenciosa multitud: "Temblad tierra entera, al ver que la criatura se ha atrevido a ofender a su Creador", a las gentes les parecía que el piso se movía debajo de sus pies y empezaban a llorar con gran arrepentimiento. Casi siempre tenía que predicar en las plazas y campos porque en los templos no cabía la gente que deseaba escucharle.
 Recorrió todo su país (Italia) a pie, predicando. Cada día predicaba bastantes horas y varios sermones. A todos y siempre les recomendaba que se arrepintieran de sus pecados y que hicieran penitencia por su vida mala pasada. Atacaba sin compasión los vicios y las malas costumbres e invitaba con gran vehemencia a tener un intenso amor a Jesucristo y la Virgen María.
Por todas partes llevaba y repartía un estandarte con estas tres letras: JHS (Jesús, Hombre, Salvador) e invitaba a sus oyentes a sentir un gran cariño por el nombre de Jesús. Donde quiera que San Bernardino predicaba, quedaban muchos estandartes en palacios y casas con sus tres letras: JHS.
En Polonia predicó contra los juegos de azar y las gentes quemaron todos los juegos de azar que tenían. Un fabricante de naipes se quejó con el santo diciéndole que lo había dejado en la ruina, y él aconsejó: "Ahora dedíquese a imprimir estampas de Jesús". Así lo hizo y consiguió más dinero que el que había logrado conseguir imprimiendo cartas de naipe.
Los envidiosos lo acusaron ante el Papa diciendo que Bernardino recomendaba supersticiones. El Papa le prohibió predicar, pero luego lo invitó a Roma y lo examinó delante de los cardenales y quedó tan conmovido el Sumo Pontífice al oírle sus predicaciones, que le dio orden para que pudiera predicar por todas partes.
Durante 80 días predicó en Roma e hizo allí 114 sermones con enorme éxito.
El Papa quiso nombrarlo arzobispo, pero el santo no se atrevió a aceptar. Entonces lo nombraron superior de los franciscanos, porque era el que más vocaciones había conseguido para esa comunidad.
Cuando Bernardino entró en la comunidad de franciscanos observantes, solamente había en Italia 300 de estos religiosos. Cuando él murió ya había más de 4,000.
Los grandes sacrificios que tenía que hacer para predicar tantas veces y en tan distintos sitios, y los muchos ayunos y penitencias que hacía, lo fueron debilitando notoriamente. En su rostro se notaba que era un verdadero penitente, pero esta misma apariencia de austero y mortificado, le atraía más la admiración de las gentes. El único lujo que aceptó en sus últimos años, fue el de un borriquillo, para no tener que hacer a pie todos sus largos viajes. Era tal su deseo de progresar en el arte de la elocuencia y del buen predicar, que donde quiera que sabía que había un buen predicador, se iba a escucharlo y aún ya lleno de años, se sentaba como simple discípulo para escuchar las clases de los maestros afamados que enseñaban cómo hablar bien en público.
Y acompañaba sus predicaciones con admirables milagros y prodigios.
En su ciudad natal, Siena, había muchas divisiones y peleas. Se fue allá y predicó 45 sermones que devolvieron la paz a toda esa región. Uno de los oyentes logró copiar esos sermones y se conservan como una verdadera joya de la elocuencia sagrada, donde se combinan la teología con los consejos prácticos y la agradabilidad con la profundidad. Verdaderamente Bernardino era un gran maestro de oratoria.
En 1444, mientras viajaba por los pueblos predicando, con muy poca salud pero con un inmenso entusiasmo, se sintió muy débil y al llegar al convento de los franciscanos en Aquila, murió santamente el 20 de mayo.
En su sepulcro se obraron numerosos milagros y el Papa Nicolás V ante la petición de todo el pueblo, lo declaró santo en 1450 a los 6 años de haber muerto.



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domingo, 18 de mayo de 2014

DESDE MI CALLE


MANUEL LORENZO Y LA REVOLUCION EN PORTUGAL


 Las revoluciones no surgen de la nada. Son, generalmente, el resultado de la explosión ciudadana ante una decadencia civil que la ha llevado a una situación de inconformismo, ante una situación de pobreza social, ante una situación de decadencia moral de los poderosos. No son expontáneas. Nacen y se desarrollan  por diversas circunstancias, políticas, sociales, incluso, a veces, religiosas.

Hoy voy a relatar unos hechos que viví en primera persona, antes de la Revolución de los Claveles en Portugal, aquél 25 de abril de 1974.

Existía en mi pueblo un Bar, se llamaba el Bar Brasil (aún existe ese bar pero no tiene nada que ver con el que cuento, aunque esté en el mismo lugar). Su dueño era Manuel Lorenzo, un portugés que había escapado de la dictadura de Oliveira Salazar en su país y que se asentó en Gernika. Primeramente puso una cantina en la estación del ferrocarril, se casó con una Gernikesa y tuvo tres hijos. Si bien ese Bar era uno normal, pequeño pero muy agradable por la simpatía de Manolo "El Portu" (sobrenombre por el que era conocido), al mismo tiempo era parada de personas que, como él, escapaban de la policía del dictador Salazar. Varias veces conocí y hablé con algunas de esas personas, casi todos jóvenes. Comentábamos, era a finales de los 60, la semejanza entre las dictaduras de Franco y Salazar. Me acuerdo, que en una de esas conversaciones, me dijeron que la oposición en España era poco beligerante. Por las noticias que tenían ellos, sólo el PCE y algunos Jóvenes Vascos eran activos en ese terreno. Que en cambio en Portugal, Mario Soares era su referencia. Había fundado en 1957 en la candestinidad el Movimiento de Unidad Democrática é intentaba reunir a todos los disidentes con la dictadura de Salazar.

Al mismo tiempo, me decían que estaban preparando un levantamiento popular, y que contaban con la ayuda de algunos Oficiales del Ejército, destinados en las colonias y que no estaban de acuerdo con el Gobierno de Salazar.

Como todos los que pasaban por el Bar Brasil, únicamente se quedaban unos días, y luego marchaban a otros lugares, principalmente a París, capital donde extaba exiliado Mario Soares.

Llegó el 25 de Abril de 1974, y no me sorprendió el éxito popular que llevó al desmoramiento de la dictadura, y posterior proclamación de elecciones, con el triunfo en ellas del Partido Socialista Portugués, fundado en Bonn en 1973 por Mario Soares.

Sí que me sorprendió, al recuerdo de las palabras sobre beligerancia de aquellos jóvenes portugueses, que la Revolución hubiese sido pacífica. Que no hubiese muertos y ni siquiera ni un sólo disparo. Lo digo, como lo pensé entonces. Fué como si una luz me hubiese dado a entender que, también las revoluciones pueden ser incruentas. Que también Dictaduras, Gobiernos déspotas y alejados de los verdaderos intereses del pueblo pueden ser derrotados sin derramamiento de sangre.

Ahora tenemos la oportunidad en la convocatoria del día 25, para con nuestro voto, cambiar el rumbo que en Europa ha llevado a la discriminación de parte de ella, por esas políticas antisociales imperantes actualmente.

DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos.


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sábado, 17 de mayo de 2014

PASTORAL SANTO DEL DIA


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SANTA Mª JOSEFA DEL CORAZON DE JESUS.

SEMBLANTE DE SU VIDA
Santa María Josefa nació en Vitoria, el 7 de septiembre de 1842, de Bernabé Sancho y Petra de Guerra, quienes la educaron según los principios del Evangelio. A los 7 años experimenta su primer gran dolor, la muerte de su padre. Poco se sabe de su infancia y adolescencia. A los 18 años decide ser religiosa contemplativa, pero una enfermedad será el signo providencial que precisará su camino. En Madrid ingresa en el convento de las Siervas de María fundadas poco antes por Santa Soledad Torres Acosta. Pero Mª Josefa tiene tremendas dudas sobre si el camino escogido es el que debe seguir, a pesar de la certeza de su vocación. Aconsejada por la Madre Soledad, acude a San Antonio Mª Claret que le dice: “En nombre de Dios profese en el Instituto al que pertenece, porque Dios la tiene reservada para lo que menos piensa”, vaticinando sin duda, con estas palabras el posterior destino que el Señor se había dignado reservarle, escogiéndola para Fundadora de este nuevo Instituto de Siervas de Jesús de la Caridad. Del Corazón de Jesús recibió sentimientos de bondad y misericordia para cuidar a los enfermos, a los necesitados y a todos los que sufren material y espiritualmente, al estilo de Cristo en su vida apostólica. Su caridad se prolongó en toda clase de obras asistenciales y de beneficencia donde había alguien con su salud quebrantada. Esta caridad que abrasó el corazón de nuestra Madre Fundadora en el misterio de Cristo, es la forma de vivir el carisma de la Congregación, que tiene su base y encierra toda su espiritualidad y todo su apostolado en el lema: “Amor y Sacrificio”. Estuvo 12 años gravemente enferma. En estas circunstancias gobernó la Congregación con gran fortaleza especialmente a través de sus cartas, amor, sacrificio y oración. Murió el 20 de marzo de 1912.

En el año 1901, día 15 de Marzo, Santa María Josefa cae gravemente enferma por la repetición de una afección cardiaca; en aquella enfermedad que fue larga y penosa padeció mucho; la afección del corazón unida a otros padecimientos, le fueron haciendo imposible la visita a las casas. Sentada en un sillón de enferma, gobierna y rige la gran familia de las Siervas a través de su epistolario. La que se había entregado a Dios para cuidar de los enfermos era una enferma más. Estos consejos son extraídos de las cartas dirigidas a sus hijas durante este tiempo.
«Dedíquense a la vida interior y serán almas de oración; porque la vida interior es morir a todo lo que no es Dios; en ella se encuentra la tranquilidad espiritual y la verdadera alegría que el Señor hace gustar a las almas fervorosas. Sean muy amantes de la oración y no la dejen ningún día. La oración es el alimento del alma y la presencia de Dios bien llevada es una oración no interrumpida. No descuiden el adelantamiento del espíritu por el afán de las cosas exteriores, vivan más de la divina providencia y el Señor las bendecirá, haciendo que poco a poco vayan prosperando en todo, pues con la ambición de lo terreno no se consigue nada; confórmense con poco y serán felices. El alma más feliz en este mundo es la que nada desea fuera de Dios. Aceptemos los acontecimientos, tanto grandes como pequeños, agradables o desagradables, como venidos de la mano de Dios, creyendo que todo lo permite para nuestro bien. Pidan al Señor que les dé un corazón grande para amar, grande para sufrir y grande para perdonar y entonces serán compasivas con los pobres enfermos. En el lecho del dolor todos son necesitados por la enfermedad y háganles las cosas como quisiesen que se las hiciesen si se encontrasen en su lugar; la medida más segura para obrar en conciencia es ponerse siempre de parte del que sufre. Del Corazón de Jesús aprenderán principalmente la caridad para con los enfermos viendo en cada uno la persona del mismo Cristo que sufre. Tomen por modelo a Jesucristo en la vida pública, imiten su celo por la salvación de las almas y su caridad con los enfermos. Somos apóstoles predicando con nuestro buen ejemplo. No crean hermanas, que la asistencia consiste solo en dar las medicinas y la alimentación al enfermo, hay otra clase de asistencia que nunca deben olvidar, y es la del corazón, procurando acomodarse a la persona que sufre, saliendo al encuentro de sus necesidades. pues hay que reír con el que ríe y llorar con el que llora".

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viernes, 16 de mayo de 2014

DESDE MI CALLE


LAS COSAS QUE CREO VER SON REFLEJOS DE IDEAS

A partir de ahí, la mente forja una imagen de eso que desea, lo juzga valioso y, por lo tanto procura encontrarlo. Estas imágenes se proyectan luego al exterior, donde se contemplan, se consideran reales y si defienden como algo propio de uno. De deseos dementes nace un mundo demente, un mundo condenado
 

De pensamientos de perdón, en cambio, surge un mundo apacible y misericordioso cuyo propósito es ofrecele un dulce hogar en el que descansar por un tiempo antes de proseguir su jornada, y donde él puede ayudar a sus semejantes a seguir adelante con él y a encontrar el camino hacia la felicidad.
 

Veamos hoy la tierra desparecer, al principio transformada, y después, una vez que haya sido perdonada, veámosla desvanecerse completamente. Aceptemos hoy que el persón es nuestra única función. ¿Por qué atacar nuestras mentes y ofrecerles imágenes de dolor? ¿Por qué enseñarles que son impotentes?. 




El conflicto debe ser resuelto. Si se quiere escapar de él, no debe evadirse, ignorarse, encubrirse, verse en otra parte, llamarse por otro nombre u ocultarse mediante cualquier clase de engaños. Tiene que verse exactamente como es, allí donde se cree que está, y tiene que verse también la realidad que se le ha otorgado y el propósito que le ha asignado la mente. Pues sólo entonces se desmantelan sus defensas y la verdad puede arrojar luz sobre él según desaparece.


No esperaré ni un sólo día más para encontrar los tesoros que me ofrecen. Todas las ilusiones son vanas, y los sueños desaparecen incluso a medida que se van tejiendo con pensamientos basados en percepciones falsas.

Perdonar es una elección. Nunca veo a mi semejante tal como es, pues eso está mucho más allá ede la percepción. Lo que veo en él es simplemente lo que deseo ver, pues eso es lo que quieero que sea verdad. A eso es a lo único que respondo, por mucho que parezca que es a los acontecimientos externos. Elijo lo que deseo contemplar, y eso, y sólo eso, es lo que veo. La impecabilidad de mis semejantes me muestra que quiero contemplar la mía propia.

El perdón es el medio a través del cual a la percepción le llega su fin. El conocimiento es restituido una vez que la percepción ha sido transformada y ha dado paso a lo que por siempre ha de estar más allá de su más elevado alcance. Pues las imágenes y los sonidos tan sólo pueden servir, en el mejor de los casos, para evocar el recuerdo que yace tras todos ellos. El perdón elimina las distorsiones y el altar a la verdad que se hallaba oculto. Sus blancas azucenas refulgen en su mente, y la instan a refresar y a mirar en su interior para encontrar lo que en vano ha buscaado afuera. Pues ahí sólo ahí, se restaura la paz interior.

Por un momento olvidémonos de las imágenes que oscurecen nuestra mente, y concentrémonos en las imágenes del perdon y la solidaridad.

DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos.






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PASTORAL: SANTO DEL DIA



San Pascual Bailón

Religioso
(año 1592)
Querido San Pascual: consíguenos del buen Dios un inmenso amor por la Sagrada Eucaristía, un fervor muy grande en nuestras frecuentes visitas al Santísimo y una grande estimación por la Santa Misa.

Propagad la devoción a Jesús Sacramentado y veréis
lo que son los milagros (S. J. Bosco).
San Pascual BailónLe pusieron por nombre Pascual, por haber nacido el día de Pascua (del año 1540). Nació en Torre Hermosa, Aragón, España.
Es el patrono de los Congresos Eucarísticos y de la Adoración Nocturna. Desde los 7 años hasta los 24, por 17 años fue pastor de ovejas. Después por 28 será hermano religioso, franciscano.
Su más grande amor durante toda la vida fue la Sagrada Eucaristía. Decía el dueño de la finca en el cual trabajaba como pastor, que el mejor regalo que le podía ofrecer al niño Pascual era permitirle asistir algún día entre semana a la Santa Misa. Desde los campos donde cuidaba las ovejas de su amo, alcanzaba a ver la torre del pueblo y de vez en cuando se arrodillaba a adorar el Santísimo Sacramento, desde esas lejanías. En esos tiempos se acostumbraba que al elevar la Hostia el sacerdote en la Misa, se diera un toque de campanas. Cuando el pastorcito Pascual oía la campana, se arrodillaba allá en su campo, mirando hacia el templo y adoraba a Jesucristo presente en la Santa Hostia.Un día otros pastores le oyeron gritar: "¡Ahí viene!, ¡allí está!". Y cayó de rodillas. Después dijo que había visto a Jesús presente en la Santa Hostia.
De niño siendo pastor, ya hacía sus mortificaciones. Por ej. la de andar descalzo por caminos llenos de piedras y espinas. Y cuando alguna de las ovejas se pasaba al potrero del vecino le pagaba al otro, con los escasos dineros que le pagaban de sueldo, el pasto que la oveja se había comido.A los 24 años pidió ser admitido como hermano religioso entre los franciscanos. Al principio le negaron la aceptación por su poca instrucción, pues apenas había aprendido a leer. Y el único libro que leía era el devocionario, el cual llevaba siempre mientras pastoreaba sus ovejas y allí le encantaba leer especialmente las oraciones a Jesús Sacramentado y a la Sma. Virgen.

Como religioso franciscano sus oficios fueron siempre los más humildes: portero, cocinero, mandadero, barrendero. Pero su gran especialidad fue siempre un amor inmenso a Jesús en la Santa Hostia, en la Eucaristía. Durante el día, cualquier rato que tuviera libre lo empleaba para estarse en la capilla, de rodillas con los brazos en cruz adorando a Jesús Sacramentado. Por las noches pasaba horas y horas ante el Santísimo Sacramento. Cuando los demás se iban a dormir, él se quedaba rezando ante el altar. Y por la madrugada, varias horas antes de que los demás religiosos llegaran a la capilla a orar, ya estaba allí el hermano Pascual adorando a Nuestro Señor.
Ayudaba cada día el mayor número de misas que le era posible y trataba de demostrar de cuantas maneras le fuera posible su gran amor a Jesús y a María. Un día un humilde religioso se asomó por la ventana y vio a Pascual danzando ante un cuadro de la Sma. Virgen y diciéndole: "Señora: no puedo ofrecerte grandes cualidades, porque no las tengo, pero te ofrezco mi danza campesina en tu honor". Pocos minutos después el religioso aquel se encontró con el santo y lo vio tan lleno de alegría en el rostro como nunca antes lo había visto así. Cuando los padres oyeron esto, unos se rieron, otros se pusieron muy serios, pero nadie comentó nada.
Pascual compuso varias oraciones muy hermosas al Santísimo Sacramento y el sabio Arzobispo San Luis de Rivera al leerlas exclamó admirado: "Estas almas sencillas sí que se ganan los mejores puestos en el cielo. Nuestras sabidurías humanas valen poco si se comparan con la sabiduría divina que Dios concede a los humildes

Sus superiores lo enviaron a Francia a llevar un mensaje. Tenía que atravesar caminos llenos de protestantes. Un día un hereje le preguntó: "¿Dónde está Dios?". Y él respondió: "Dios está en el cielo", y el otro se fue. Pero enseguida el santo fraile se puso a pensar: "¡Oh, me perdí la ocasión de haber muerto mártir por Nuestro Señor! Si le hubiera dicho que Dios está en la Santa Hostia en la Eucaristía me habrían matado y sería mártir. Pero no fui digno de ese honor". Llegado a Francia, descalzo, con una túnica vieja y remendada, lo rodeó un grupo de protestantes y lo desafiaron a que les probara que Jesús sí está en la Eucaristía. Y Pascual que no había hecho estudios y apenas si sabía leer y escribir, habló de tal manera bien de la presencia de Jesús en la Eucaristía, que los demás no fueron capaces de contestarle. Lo único que hicieron fue apedrearlo. Y él sintió lo que dice la S. Biblia que sintieron los apóstoles cuando los golpearon por declararse amigos de Jesús: "Una gran alegría por tener el honor de sufrir por proclamarse fiel seguidor de Jesús".
Lo primero que hacía al llegar a algún pueblo era dirigirse al templo y allí se quedaba por un buen tiempo de rodillas adorando a Jesús Sacramentado.
Hablaba poco, pero cuando se trataba de la Sagrada Eucaristía, entonces sí se sentía inspirado por el Espíritu Santo y hablaba muy hermosamente. Había recibido de Dios ese don especial: el de un inmenso amor por Jesús Sacramentado.
Siempre estaba alegre, pero nunca se sentía tan contento como cuando ayudaba a Misa o cuando podía estarse un rato orando ante el Sagrario del altar.
Pascual nació en la Pascua de Pentecostés de 1540 y murió en la fiesta de Pentecostés de 1592, el 17 de mayo (la Iglesia celebra tres pascuas: Pascua de Navidad, Pascua de Resurrección y Pascua de Pentecostés. Pascua significa: paso de la esclavitud a la libertad). Y parece que el regalo de Pentecostés que el Espíritu Santo le concedió fue su inmenso y constante amor por Jesús en la Eucaristía.
Cuando estaba moribundo, en aquel día de Pentecostés, oyó una campana y preguntó: "¿De qué se trata?". "Es que están en la elevación en la Santa Misa". "¡Ah que hermoso momento!", y quedó muerto plácidamente.

Después durante su funeral, tenían el ataúd descubierto, y en el momento de la elevación de la Santa Hostia en la misa, los presentes vieron con admiración que abría y cerraba por dos veces sus ojos. Hasta su cadáver quería adorar a Cristo en la Eucaristía. Los que lo querían ver eran tantos, que su cadáver lo tuvieron expuesto a la veneración del público por tres días seguidos.
Por 200 años muchísimas personas, al acercarse a la tumba de San Pascual oyeron unos misteriosos golpecitos. Nadie supo explicar el porqué pero todos estaban convencidos de que eran señales de que este hombre tan sencillo fue un gran santo. Y los milagros que hizo después de su muerte, fueron tantos, que el Papa lo declaró santo en 1690.
El Sumo Pontífice nombró a San Pascual Bailón Patrono de los Congresos Eucarísticos y de la Adoración Nocturna.

jueves, 15 de mayo de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA


SAN JUAN NEPOMUCENO

 El punto inicial en la leyenda es la persona de Juan de Pomuk (Jan z Pomuku en checo), un pequeño pueblo con mercado de Bohemia que posteriormente fue rebautizado como Nepomuk, y que pertenecía a una abadía cisterciense cercana. Juan nació sobre el año 1340 y estudió en la Universidad de Praga, para seguir después un curso de derecho canónico en la Universidad de Padua en el norte de Italia. En 1380 fue párroco en Praga y en 1393 fue nombrado vicario general de Juan de Jenštejn, arzobispo de Praga entre 1378 y 1396. El nuevo vicario general no disfrutó de una buena reputación entre sus contemporáneos; era rico, poseía casas, y prestaba dinero a nobles y sacerdotes. El 20 de marzo de ese mismo año fue arrojado al río Moldava desde el Puente Carlos de Praga a petición del rey de Bohemia Wenceslao de Luxemburgo.
El motivo era antiguo, y solución fue la tradicional si lo comparamos con las Defenestraciones de Praga. El motivo era el nombramiento de un nuevo abad para la rica y poderosa abadía benedictina de Kladruby, debido a que su abad era un magnate territorial cuyos recursos eran cruciales para el rey Wenceslao en sus luchas con los nobles. Wenceslao apoyaba al papa de Aviñón, mientras que el arzobispo apoyaba al de Roma. Cuando el movimiento reformista husita, denunciado como herejía, dividió Bohemia, el arzobispo Juan representó hábilmente la facción conservadora e incluso reaccionaria a cualquier cambio radical en la sociedad. Juan Nepomuceno confirmó al candidato del arzobispo para el puesto de abad de Kladruby contrariamente a los deseos del monarca, por lo que fue arrojado por el Puente Carlos por orden del monarca el 20 de marzo de 1393.
Imagen de San Juan Nepomuceno en Breslavia.
Juan Nepomuceno es considerado por la Iglesia Católica como un mártir de la causa de la inmunidad del clero, por los nacionalistas románticos como un mártir checo frente a la interferencia imperial, y por los historiadores como una víctima de una versión tardía de la Querella de las Investiduras entre el poder civil y eclesiástico. Es representado con un halo de cinco estrellas, conmemorando las estrellas sobre el Moldava la noche de su asesinato. Su tumba, un monumento barroco de plata y oro, fue diseñado por Johann Bernhard Fischer von Erlach y se encuentra en la catedral de San Vito de Praga.

DESDE MI CALLE


AMBIENTE EN QUE VIVIMOS

Reconozco que a veces estoy algo obsesionado con la increencia de la que los sociólogos levantan acta en el ambiente en que vivo. Y yo mismo la percibo en los criterios que se manejan en los medios de comunicación social, en conversaciones con algunos conocidos, en la manera cómo se conducen -al menos externamente- muchas de las personas que crean opinión.

¿Será verdad que los ciudadanos estamos en el medio entre dos grandes poderes como son el Gobierno y la Banca? ¿Será verdad que su palabra ha perdido crédito? ¿Será verdad que ya ninguno de esos poderes sirve para iluminarles y darles esperanza? Esto es lo que solemos decir. Pero a veces ante la increencia verbal, se agazapa una profunda y agónica inquietud.

¿A través de qué signos, podemos entender que ésta situación tiene solución? ¿Cómo podemos experimentar el creer que, si bien estamos en medio de ellos, tanto el Gobierno como la Banca desean nuestro bien? ¿Cómo es posible que hayan perdido la sensibilidad ante todos aquellos que desesperadamente confían en ellos? ¿Debemos pensar que únicamente actúan movidos por el orgullo y el deseo del poder? ¿Es que se consideran una élite privilegiada, la única?.

Todas estas preguntas me las hago a mí mismo para caer en la cuenta que estoy despierto, y que todavía puedo estremecerme ante la injusticia de ése poder que, en este momento, lo controla todo.

Despertémonos y pensemos que está en nuestra mano el cambiar esta situación y anular ese poder inmesirecorde con nuestro esfuerzo.

DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos