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lunes, 21 de julio de 2014

DESDE MI CALLE



SILECIOS Y CONCLUSIONES


“¡Por favor, cierren los ojos!”. Este es el título de un librito que he leido en las vacaciones. Tomé varios apuntes del mismo, pues me ha impresionado su lectura, ya que pone nombre a inquietudes que me habitan, porque da claves para entender todo lo que padecen nuestras sociedades y sus individuos, porque nos lleva a buscar otro tipo de “tiempo”. Su lectura, repito, dejó en mi mente un rosario de resonancias. Si, yo, también me invito e invito a "cerrar los ojos", a "detener la mirada", a entrar en silencio. ¿Porqué?

 l¿Qué sería un vivir en el que nada concluye, en el que todo sigue y sigue… sin término? Imaginémonos  metidos en una cadena de producción, haciendo siempre los mismos gestos, tratando siempre el mismo material, configurándolo una y otra vez de la misma manera y así minutos y minutos, horas y horas, días y días… ?
¿Qué sería una existencia en la que las relaciones nunca maduran? No llegan a ser amistad, no llegan a ser amor, no toman una configuración decisiva y última. ¡Todo es un flirteo sin consecuencias! Imaginemos una vocación que siempre es provisoria, de tanteo permanente, que nunca toma forma! ¡Sin conclusión! .
Imaginemos un nacer sin conclusión: ¡el drama de un ser humano inmortal! Imaginemos una muerte sin nacimiento. Por eso, nos resulta tan horrible pensar en un final de nuestra vida sin alicientes, sólos, desamparados, sin nadie a nuestro lado. Un final sin conclusión. Ese final nos resullta incomprensible y nos agobia infinitamente. ¿Nos imaginamos un relato sin conclusión? ¿Una historia sin fin? ¿Un espacio ilimitado?
Lo decía Hegel: “todo lo razonable tiene una conclusión”. El tiempo sin conclusión lleva, a la corta o a la larga, a la depresión, al vacío, a la angustia, a la locura… El tiempo sin conclusión no tiene mensaje cierto, ni sentido pleno. Y como es así, entonces queremos que pase cuanto antes, y llega la aceleración del tiempo. Hacemos zapping. No nos detenemos en nada. Buscamos neuróticamanete lo que viene después. Entramos en el vértigo de lo siguiente, y lo siguiente de lo siguiente…. Todo pasa rápido, rapidísimo. No nos detenemos. No hay razón para cerrar los ojos, ni para detener la mirada. Sólo para esperar ansiosamente la página siguiente, lo que viene después.  Este es el frenesí del tiempo sin conclusión.
Estamos en la sociedad de la información. Se acumula la información de última hora. La información nunca concluye. Estás ocupado con una noticia y ya viene otra que quiere borrarla de nuestra mente. La información se multiplica numéricamente. Pero no ofrece una unidad de sentido. ¡No hay conclusión! 
Sólo lo que tiene inicio y conclusión es “unidad de sentido”. “Nacer y morir”. No tiene sentido nacer sin conclusión, o una conclusión sin nacimiento.  Si es importante el inicio, también lo es la conclusión. Así es la vida como relato y no como una serie de informaciones sobre hechos sucedidos. Vivir es vivir el tiempo con ritmo y cadencia, vivirlo musicalmente como una pieza, como unidad de sentido. Ese el tiempo que nos llena, que nos regenera. En cambio el tiempo acelerado, frenético, acumulativo nos vuelve caóticos, desestructurados, contradictorios y, en última instancia, depresivos.
Decimos que un ordenador nos ahorra tiempo: operaciones que nos llevarían muchas horas, las realiza en unos segundos. Pero el ordenador no nos ofrece conclusiones o “sentido”, sólo acumulación de datos informativos, operaciones matemáticas.  Tales operaciones han sido aceleradas hasta lo impensable. El sistema se vuelve obeso, pero tal obesidad nos va paralizando e inutilizando.
La franja de un relato es estrecha. No se relata todo. Lo importante en un relato no es ofrecer una información excesiva, sino seleccionarla y formar unidades de sentido con su conclusión.
Mientras vivimos tenemos la experiencia del instante. El instante es el momento feliz y pleno o el momento terrible. “Sucedió en un instante….”, decimos estremecidos. El instante es también una conclusión. El instante tiene sentido en sí mismo, se basta a sí mismo, no necesita más. Cuando contemplamos una imagen y cerramos los ojos, hacemos que la imagen nos hable en el silencio. Sin ese silencio la imagen se desparrama, se pierde, se olvida. El silencio hace concluir ese breve espectáculo estético. Cuando contemplamos una flor y olemos su aroma, llevamos a conclusión esa contemplación. ¿De qué me sirve visitar a toda velocidad un museo? Puedo quedar informado de la cantidad de imágenes allí expuestas, pero sin detener la mirada, sin saborear la belleza, no ha habido “conclusión”. He visto muchas cosas, pero no he contemplado las sorprendentes formas de la belleza, ni sus símbolos. Sin conclusión todo se diluye; sin conclusión no se construye un yo estable, que sería como una forma de conclusión. No en vano son síntomas de depresión la falta de decisión, la incapacidad para decidir. Una cosa es contar numéricamente y otra es pensar reflexivamente. Podemos contar muy rápido; no podemos pensar aceleradamente.
La excesiva masa de información ahoga el pensamiento. También el pensamiento necesita silencio. Hay que cerrar los ojos para pensar. Ni pasado, ni futuro, ni recuerdo ni espera. El tiempo de la fiesta no es -sin más- un tiempo para la expansión, para la diversión. La fiesta misma es una forma de conclusión. Ella permite iniciar un tiempo totalmente nuevo. Sin la fiesta todo se vuelve banal, inconcluso; hasta el descanso no significa conclusión, sino recuperación para seguir bajo la dictadura del trabajo.
Para Hegel el amor es una conclusión. El amante muere en el otro. Cierra los ojos detiene la mirada. Pero esa parada permite el volver a uno mismo con un nuevo regalo, con un premio. El amor, como una conclusión absoluta presupone un salir de uno mismo. Es transformación. El abrazo es la señal que sigue a la conclusión; es su ratificación. También la fidelidad es una forma de conclusión, que introduce la eternidad en el tiempo.
Se dice, y con razón, que nacemos y morimos muchas veces. Así la vida tiene sentido.
DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos.



domingo, 20 de julio de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA


21 de julio
San Lorenzo de BrindisPredicador
Año 1619


Lorenzo significa: coronado de laurel. Laureado. Este santo ha sido quizás el más famoso predicador de la comunidad de Padres Capuchinos.

Nació en Brindis (Italia) cerca de Nápoles. Desde pequeño demostró tener una memoria asombrosa. Dicen que a los ocho años repitió desde el púlpito de la Catedral un sermón escuchado a un famoso predicador, con gran admiración de la gente.

Cuando pidió ser admitido como religioso en los Padres Capuchinos, el superior le advirtió que le iba a ser muy difícil soportar aquella vida tan dura y tan austera. El joven le preguntó: "Padre, ¿en mi celda habrá un crucifijo?". "Si, lo habrá", respondió el superior. "Pues eso me basta. Al mirar a Cristo Crucificado tendré fuerzas para sufrir por amor a El, cuaquier padecimiento".

La facilidad de Lorenzo para aprender idiomas y para grabarse en la memoria todo lo que leía, dejó atónitos a sus superiores y compañeros. Prácticamente se aprendía de memoria capítulos enteros de la S. Biblia y muchas páginas más de libros piadosos. Hablaba seis idiomas: griego, hebreo, latín, francés, alemán e italiano.

Y su capacidad para predicar era tan excepcional, que siendo simple seminarista, ya le fue encomendado el predicar los 40 días de Cuaresma en la Catedral de Venecia por dos años seguidos. Las gentes vibraban de emoción al oir sus sermones, y muchos se convertían.
Un sacerdote le preguntó: "Fray Lorenzo, ¿a qué se debe su facilidad para predicar? ¿A su formidable memoria?" Y él respondió: "En buena parte se debe a mi buena memoria. En otra buena parte a que dedico muchas horas a prepararme. Pero la causa principal es que encomiendo mucho a Dios mis predicaciones, y cuando empiezo a predicar se me olvida todo el plan que tenía y empiezo a hablar como si estuviera leyendo en un libro misterioso venido del cielo".

Los capuchinos nombraron a Fray Lorenzo superior del convento y luego superior de Italia. Más tarde al constatar las grandes cualidades que tenía para gobernar, lo nombraron superior general de toda su comunidad en el mundo. En sus años de superiorato recorrió muchos países visitando los conventos de sus religiosos para animarlos a ser mejores y a trabajar mucho por el reino de Cristo. Había días que caminaba a pie 50 kilómetros. No le asustaba desgastarse en su salud con tal de conseguir la salvación de las almas y la extensión del reino de Dios. La gente lo amaba porque era sumamente comprensivo y bondadoso, y porque sus consejos hacían un gran bien. Siendo superior, sin embargo servía a la mesa a los demás, y lavaba los platos de todos.

El Santo Padre, el Papa, lo envió a Checoslovaquia y a Alemania a tratar de extender la religión católica en esos países. Se fue con un buen grupo de capuchinos, y empezó a predicar. Pero en esos días un ejército de 60 mil turcos mahometanos invadió el país con el fin de destruir la religión, y el jefe de la nación pidió al Padre Lorenzo que se fuera con sus capuchinos a entusiasmar a los 18 mil católicos que salían a defender la patria y la religión. La batalla fue terriblemente feroz. Pero San Lorenzo y sus religiosos recorrían el campo de batalla con una cruz en alto cada uno, gritando a los católicos: "Ánimo, estamos defendiendo nuestra santa religión". Y la victoria fue completa. Los soldados victoriosos exclamaban: "La batalla fue ganada por el Padre Lorenzo".

El Papa Clemente VIII decía que el Padre Lorenzo valía él solo más que un ejército.
El Sumo Pontífice lo envió de delegado suyo a varios países, y siempre estuvo muy activo de nación en nación dirigiendo su comunidad y fundando conventos, predicando contra los protestantes y herejes, y trabajando por la paz y la conversión. Pero lo más importante en cada uno de sus días eran las prácticas de piedad. Durante la celebración de la Santa Misa, frecuentemente era arrebatado en éxtasis, y su orar era de todas las horas y en todos los sitios. Por eso es que obtuvo tan grandes frutos apostólicos.

Dormía sobre duras tablas. Se levantaba por la noche a rezar salmos. Ayunaba con frecuencia. Su alimento era casi siempre pan y verduras. Huía de recibir honores, y se esforzaba por mantenerse siempre alegre y de buen humor con todos. La gente lo admiraba como a un gran santo. Su meditación preferida era acerca de la Pasión y Muerte de Jesucristo.

En 1959 fue declarado "Doctor de la Iglesia", por el Sumo Pontífice Juan XXIII. Y es que dejó escritos 15 volúmenes de enseñanzas, y entre ellos 800 sermones muy sabios. En Sagrada Escritura era un verdadero especialista.

Cuando viajaba a visitar al rey de España enviado por la gente de Nápoles para pedirle que destituyera a un gobernador que estaba haciendo mucho mal, se sintió sin fuerzas y el 22 de julio de 1619, el día que cumplía sus 60 años, murió santamente. Ha sido llamado el "Doctor apostólico".

Ruega por nosotros, querido San Lorenzo, para que no tengamos miedo a gastarnos y desgastarnos por Cristo y su Santa Iglesia, como lo hiciste tú.
Dijo Jesús: "Si el grano de trigo muere, produce mucho fruto".


DESDE MI CALLE


EL PODER Y LA OPRESION

¿Podemos estar seguros de que los poderosos, los que gobiernan los países, las élites políticas, las económicas, incluso las religiosas, prefieran que las decisiones, los análisis, las sentencias, sean realmente decisiones justas? ¿Que todas esas personas que dirigen nuestros destinos, gobiernan nuestra sociedad con rectitud?

!!No!! Ellos cometen, a plena conciencia, injusticias de todo orden. Para preservar sus privilegios, no dudan en provocar guerras, en masacrar a mujeres, niños, padres, hermanos, ancianos, abuelos, etc. En llevar a la población el hambre, la miseria. En separar a las familias, en quitarles sus derechos, incluso los más basicos, el pan para poder comer, una casa donde vivir. No les importa favorecer cualquier forma de opresión sobre sus conciudadanos.

Nos hacen ver que, desde el seno matermo, estamos extraviados. Que ellos, tutelándonos, nos indicarán el camino recto hacia una efímera felicidad, dentro de una penosa existencia, que evite que nos descarriemos.

Tienen un veneno semejante al de las víboras. Son como serpientes sordas, que cierran los oidos para no oir esas voces que claman justicia. Dicen que esas voces son las voces de los encantadores de serpientes, que son voces de magos que ejercen su arte para reclamar un imposible.

No se dan cuenta que cada día son más los que piensan que se debería romperles sus dientes en la boca, arrancándoles esos colmillos de leones. Que cada día son más los que quieren, que esos colmillos leoninos se diluyan como agua que se evapora, que se marchiten como hierba pisoteada, que sean como una babosa que se deshace al pasar. Que los arrastre el vendaval de la furia tanto tiempo contenida.

No se les deberia olvidar NUNCA, que esta voz, la de los últimos, la de
los invisibles, clama airadamente  justicia, y la exige YA

DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos.




s


sábado, 19 de julio de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA


SAN APOLINAR, OBISPO Y MARTIR

San Apolinar fue el primer obispo de Ravena y él único mártir de dicha ciudad cuyo nombre se conoce. Según las actas de su martirio, Apolinar nació en Antioquía, donde fue discípulo de San Pedro, quien luego lo nombró obispo de Ravena. El santo además fue uno de los mártires más famosos en la Iglesia primitiva, y la gran veneración que se le profesaba es el mejor testimonio de su santidad y espíritu apostólico. Debido a las muchas conversiones que logró en su ciudad natal, el santo fue desterrado por las autoridades; entonces San Apolinar fue a predicar a Bolonia, pero de nuevo tuvo que partir al exilio y durante la travesía, naufragó en las costas de Dalmacia, donde fue maltratado por predicar el Evangelio. Apolinar volvió tres veces a su sede, y otras tantas fue capturado, torturado y desterrado nuevamente. Vaspaciano publicó un decreto por el que condenaba al destierro a todos los cristianos; San Apolinar consiguió esconderse algún tiempo, pero fue descubierto por el pueblo quien lo golpeó hasta dejarlo muerto. San Pedro Crisólogo, el más ilustre de los sucesores del santo, lo calificó de mártir, y añadió que Dios preservó la vida de Apolinar durante largo tiempo para bien de su iglesia, y no permitió que los perseguidores le quitasen la vida.

viernes, 18 de julio de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA


MACRINA LA JOVEN, SANTA


Macrina era la mayor de los diez hijos de los santos Basilio y de Emelia la mayor, y hermana de los Padres Capadocios, san Basilio y san Gregorio de Nisa. Nació en Cesarea de Capadocia, hacia el año 327 y su madre la educó con particular esmero, le enseñó a leer y vigilaba cuidadosamente sus lecturas. El libro de La Sabiduría y los Salmos de David eran las obras predilectas de Macrina, quien no descuidaba por ello los deberes domésticos y los trabajos de hilado y costura. A los doce años fue prometida en matrimonio, pero su prometido murió súbitamente y Macrina se negó a aceptar a ninguno de los otros pretendientes, para dedicarse a ayudar a su madre en la educación de sus hermanos y hermanas menores. San Basilio el Grande, san Pedro de Sabaste, san Gregorio de Nissa y los otros hermanos de Macrina, aprendieron de ella el desprecio del mundo, el temor a la riqueza y el amor a la oración y la palabra de Dios. Según se dice, san Basilio volvió muy envanecido de sus estudios, y su hermana le enseñó a ser humilde. Por otra parte, Macrina fue «el padre y la madre, el guía, el maestro y el consejero» de su hermano menor, san Pedro de Sebaste, pues san Basilio el Mayor, murió poco después del nacimiento de su último hijo. A la muerte de su padre, san Basilio estableció a su madre y a su hermana Macrina en una casa a orillas del río Iris; las dos santas mujeres se entregaron allí a la práctica de la ascética con otras compañeras. 

A la muerte de santa Emelia, Macrina repartió entre los pobres su herencia y vivió del trabajo de sus manos. Su hermano Basilio murió a principios del año 379, y Macrina cayó gravemente enferma nueve meses después. Cuando san Gregorio de Nissa llegó a visitarla después de nueve años de ausencia, la encontró en un lecho de tablas. El santo quedó muy consolado al ver el gozo con que su hermana soportaba la tribulación y muy impresionado del fervor con que se preparaba para la muerte. Santa Macrina exhaló eI último suspiro en un transporte de gozo al atardecer. Era tan pobre, que para amortajar el cadáver no se encontró más que un vestido viejo y una tela muy burda; pero San Gregorio regaló con ese fin una túnica de lino. El obispo del lugar, llamado Amauxio, dos sacerdotes y el propio San Gregorio, transportaron el féretro y, durante la procesión funeraria, se cantaron los salmos; pero la afluencia de la multitud y las lamentaciones del pueblo, especialmente de algunas mujeres, perturbaron mucho la ceremonia. 

En el «Diálogo sobre el alma y la resurrección» y en un panegírico dedicado al monje Olimpio, san Gregorio dejó trazada la biografía de su hermana Macrina, con muchos detalles sobre su virtud, su vida y su entierro. En el panegírico mencionado, el santo habla de dos milagros: el primero de ellos fue que santa Macrina recobró la salud cuando su madre trazó sobre ella la señal de la cruz; en el segundo caso, la santa curó de una enfermedad de los ojos a la hijita de un militar. San Gregorio añade: «Creo que no es necesario que repita aquí todas las maravillas que cuentan los que vivieron con ella y la conocieron íntimamente ... Por increíbles que parezcan esos milagros, puedo asegurar que los consideran como tales quienes han tenido ocasión de estudiarlos a fondo. Sólo los hombres carnales se rehusan a creerlos y los consideran imposibles. Así pues, para evitar que los incrédulos sean castigados por negarse a aceptar la realidad de esos dones de Dios, he preferido abstenerme de repetir aquí esas maravillas sublimes ...» Este comentario confirma, una vez más, el dicho de que sólo un santo puede escribir la vida de otro santo.

miércoles, 16 de julio de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA


Papa León IV


(847-55). Romano, hijo de Radoald, elegido unánimemente para suceder a Sergio II y como el alarmante ataque de los sarracenos a Roma en 846 hizo temer al pueblo por la seguridad de la ciudad, fue consagrado (10 de abril de 847) sin el consentimiento del emperador.
Educado en Roma ,en el monasterio de S. Martín , cerca de S. Pedro. Su piedad atrajo el interés de Gregorio IV, que le ordenó subdiácono y creó cardenal presbítero de los Quatuor Coronati por Sergio II, En cuanto León fue Papa, muy contra su deseo, comenzó a tomar precauciones contra la repetición de la razzia de los sarracenos de 846, reparando las murallas de la ciudad reconstruyendo completamente 15 de las grandes torres. Fue el primero en rodear con murallas la colina vaticana., para lo que recibió dinero del emperador y ayuda de todas las ciudades y colonias agrícolas (domus cultae) del ducado de Roma. El trabajo se realizó en 4 años y la nueva parte amurallada se llamó “ciudad leonina”, en su nombre. En 852 las fortificaciones estaban completas y fueron bendecidas por el papa con gran solemnidad.
Mientras se construían las murallas, una gran flota de sarracenos salió hacia Roma, al parecer desde Cerdeña, pero fue completamente destruida cerca de Ostia por las flotas aliadas de Roma, Nápoles, Amalfi , Gaeta con el concurso de una tempestad ( 849). Una vez terminadas las murallas, León reconstruyó el Puerto y lo entregó a unos exiliados corsos a los que las incursiones sarracenas habían obligado a huir de sus hogares. Se fortificaron otras ciudades del ducado de Roma ya por el mismo Papa o debido a sus exhortaciones.
León fomentó las reparaciones del daño hecho por los sarracenos a las diferentes iglesias en las incursiones de 846. S. Pedro había sufrido severamente y aunque en conjunto no volvió a su anterior magnificencia León se las arregló para hacer partes más hermosas que antes.
S Martín , donde había sido educado, los Quatuor Coronati, donde había sido sacerdote, el palacio Laterano, el Burgo Anglo-Sajón, Subiaco y muchos otros lugares tanto en Roma como fuera de ella, fueron renovados por el enérgico León . El construyó la iglesia de Sta maría Antigua, que el decadente palacio de los Césares trataba de absorber, y cuyas ruinas han sido descubiertas. En 850 León se asoció en el imperio a Luis con su padre Lotario, imponiéndole la corona imperial. Tres años después saludó al niño Alfredo como rey (dice un antiguo historiador inglés) ungiéndole y recibiéndolo en adopción como hijo suyo, lo confirmó y volvió a enviar a Inglaterra con la bendición de S. Pedro Apóstol”.
El mismo año ( 853) reunió un importante Sínodo en Roma en el que se aprobaron varios decretos para mejorar la disciplina eclesiástica y la educación y para condenar a terco Atanasio, cardenal de S. Marcelo y antes bibliotecario de de la Iglesia romana. Igualmente, la conducta rebelde de Juan arzobispo de Rávena obligó a León a viajar a esa ciudad para imponer a Juan y sus cómplices respeto por la ley. León murió cuando trataba de inspirar el mismo respeto a otro arzobispo, Hincmaro de Reims. También Nomenoe que hasta su muerte fue duque de Bretaña, había desafiado su autoridad y hasta quería independizarse de la autoridad imperial y desafiando tanto a León como a Carlos el Calvo; depuso a algunos obispos, nombró notros nuevos y los sometió a la sede metropolitana que él mismo creó ( Dol). Hasta el siglo trece no recuperó el arzobispo de Tours su jurisdicción sobre los obispos bretones.
Mientras, S. Metodio, Patriarca de Constantinopla había suspendido a Gregorio Asbestas, obispo de Siracusa, por consagrar un obispo fuera de su diócesis. S. Ignacio, que sucedió a Metodio, prohibió a Gregorio que estuviera presente en su consagración. Gregorio rompió todas las relaciones con él. Esto llevó a Gregorio a romper todas las relaciones. Ignacio lo depuso y pidió al Papa que confirmara esta deposición, lo que no quiso hacer el Papa porque, como dijo, Ignacio había reunido a obispos y depuesto a otros sin su conocimiento, mientras que no debía haberlo hecho en la “ausencia de nuestros legados o cartas nuestras”. A `pesar de que León estaba entonces en oposición al Patriarca de Constantinopla, uno de sus dependientes, Daniel, un magister militum, acusó a Luis, el emperador franco, de querer derrocar el poder de los francos con una alianza con los griegos. León no tuvo dificultades en demostrar a Luis que la acusación no tenía base. Daniel fue condenado a muerte y solamente logró librarse por intercesión del emperador.
Poco después murió León y fue enterrado en S. Pedro (17 de julio, 855)

DESDE MI CALLE


A veces hablamos como verdaderos colgados del dinero ajeno, y nos cabreamos cuando el que nos presta la pasta quiere cerrar el grifo y nos dice que no, que ya está bien, que así no se puede seguir. Esa es la impresión que tengo cuando escucho por ahí que el Estado desea colocar (es decir pedir prestado a inversores)  lo que sea para mantener servicios servicios públicos, las pensiones, el estado del bienestar y demás partidas presupuestarias que todos tenemos por necesarias. 

Naturalmente eso hay que, o bien a corto, mediano o largo plazo, pagar a esos inversores que de esa manera se convierten en nuestros acreedores. Ciertamente, que. como todo hijo de vecino, si no se cumple con las obligaciones de pago en los plazos acordados, más temprano que tarde, nos daremos de bruces con que los prestamistas vendrán con el garrote a por lo suyo. Y entonces diremos que son unos canallas, eludiendo nuestras responsabilidades. 

Hablemos de lo que sucede en este paìs llamado España, y de su actual Gobiermo. ¿ Qué ocurriría si nos pusiéramos por un momento en el lugar de los que prestan el dinero? A lo mejor ya no lo veríamos tan claro. Pero eso no es lo peor. Lo peor no es lamentarse por la enorme deuda que arrastra el país. es preguntarse dónde ha ido a parar ese dinero, porque todo el que pide prestado tiene que emplear el capital en aumentar su producción y aumentar su rendimiento por encima del tipo de interés, es decir, por encima del coste del dinero. 

¿Y hemos conseguido aumentar la producción estos años de manera que podamos devolver ese incremento de deuda? En absoluto. Nuestro PIB ha bajado entre un diez y un veinte por ciento, o incluso más, dependiendo de si nos creemos o no las cifras oficiales. ¿Hemos conseguido, con ese dinero, que haya más empleo? Para nada. Hay varios millones más de parados. ¿Hemos logrado, al menos, que los ciudadanos reciban un mejor servicio o que mejore la productividad del país? Ni de lejos. Además de pedir prestado nos hemos comido los recortes. 

¿Entonces qué puñetas ha pasado aquí? ¿Dónde está todo ese dinero que hemos pedido prestado y que alguien tendrá que devolver, de una manera u otra, en el futuro? Se ha empleado en subvencionar sectores improductivos, mantener en pie a muertos vivientes como la banca pública  y sostener el aparato administrativo del Estado. 

Visto así, ¿qué van a pensar de nosotros los que nos prestan? ¿Qué piensan ya? 

España está a cinco segundos del desastre: los cinco segundos que tarda Mario Draghi en decir que, de momento, el Banco Central Europeo, no va a comprar más deuda pública. 

O sea que al tanto...

DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos