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jueves, 7 de agosto de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA





                  DOMINGO DE GUZMAN




Domingo significa: "Consagrado al Señor".El fundador de los Padres Dominicos, que son ahora 6,800 en 680 casas en el mundo, nació en Caleruega, España, en 1171. Su madre, Juana de Aza, era una mujer admirable en virtudes y ha sido declarada Beata. Lo educó en la más estricta formación religiosa.

A los 14 años se fue a vivir con un tío sacerdote en Palencia en cuya casa trabajaba y estudiaba. La gente decía que en edad era un jovencito pero que en seriedad parecía un anciano. Su goce especial era leer libros religiosos, y hacer caridad a los pobres.

Por aquel tiempo vino por la región una gran hambre y las gentes suplicaban alguna ayuda para sobrevivir. Domingo repartió en su casa todo lo que tenía y hasta el mobiliario. Luego, cuando ya no le quedaba nada más con qué ayudar a los hambrientos, vendió lo que más amaba y apreciaba, sus libros (que en ese tiempo eran copiados a mano y costosísimos y muy difíciles de conseguir) y con el precio de la venta ayudó a los menesterosos. A quienes lo criticaban por este desprendimiento, les decía: "No puede ser que Cristo sufra hambre en los pobres, mientras yo guarde en mi casa algo con lo cual podía socorrerlos".

En un viaje que hizo, acompañando a su obispo por el sur de Francia, se dio cuenta de que los herejes habían invadido regiones enteras y estaban haciendo un gran mal a las almas. Y el método que los misioneros católicos estaban empleando era totalmente inadecuado. Los predicadores llegaban en carruajes elegantes, con ayudantes y secretarios, y se hospedaban en los mejores hoteles, y su vida no era ciertamente un modelo de la mejor santidad. Y así de esa manera las conversiones de herejes que conseguían, eran mínimas. Domingo se propuso un modo de misionar totalmente diferente.
Vio que a las gentes les impresionaba que el misionero fuera pobre como el pueblo. Que viviera una vida de verdadero buen ejemplo en todo. Y que se dedicara con todas sus energías a enseñarles la verdadera religión. Se consiguió un grupo de compañeros y con una vida de total pobreza, y con una santidad de conducta impresionante, empezaron a evangelizar con grandes éxitos apostólicos.

Sus armas para convertir eran la oración, la paciencia, la penitencia, y muchas horas dedicadas a instruir a los ignorantes en religión. Cuando algunos católicos trataron de acabar con los herejes por medio de las armas, o de atemorizarlos para que se convirtieran, les dijo: "Es inútil tratar de convertir a la gente con la violencia. La oración hace más efecto que todas las armas guerreras. No crean que los oyentes se van a conmover y a volver mejores por que nos ven muy elegantemente vestidos. En cambio con la humildad sí se ganan los corazones".

Domingo llevaba ya diez años predicando al sur de Francia y convirtiendo herejes y enfervorizando católicos, y a su alrededor había reunido un grupo de predicadores que él mismo había ido organizando e instruyendo de la mejor manera posible. Entonces pensó en formar con ellos una comunidad de religiosos, y acompañado de su obispo consultó al Sumo Pontífice Inocencio III.

Al principio el Pontífice estaba dudoso de si conceder o no el permiso para fundar la nueva comunidad religiosa. Pero dicen que en un sueño vio que el edificio de la Iglesia estaba ladeándose y con peligro de venirse abajo y que llegaban dos hombres, Santo Domingo y San Francisco, y le ponían el hombro y lo volvían a levantar. Después de esa visión ya el Papa no tuvo dudas en que sí debía aprobar las ideas de nuestro santo.

Y cuentan las antiguas tradiciones que Santo Domingo vio en sueños que la ira de Dios iba a enviar castigos sobre el mundo, pero que la Virgen Santísima señalaba a dos hombres que con sus obras iban a interceder ante Dios y lo calmaban. El uno era Domingo y el otro era un desconocido, vestido casi como un pordiosero. Y al día siguiente estando orando en el templo vio llegar al que vestía como un mendigo, y era nada menos que San Francisco de Asís. Nuestro santo lo abrazó y le dijo: "Los dos tenemos que trabajar muy unidos, para conseguir el Reino de Dios". Y desde hace siglos ha existido la bella costumbre de que cada año, el día de la fiesta de San Francisco, los Padres dominicos van a los conventos de los franciscanos y celebran con ellos muy fraternalmente la fiesta, y el día de la fiesta de Santo Domingo, los padres franciscanos van a los conventos de los dominicos y hacen juntos una alegre celebración de buenos hermanos.

Icono de San Dominico de GuzmánEn agosto de 1216 fundó Santo Domingo su Comunidad de predicadores, con 16 compañeros que lo querían y le obedecían como al mejor de los padres. Ocho eran franceses, siete españoles y uno inglés. Los preparó de la mejor manera que le fue posible y los envió a predicar, y la nueva comunidad tuvo una bendición de Dios tan grande que a los pocos años ya los conventos de los dominicos eran más de setenta, y se hicieron famosos en las grandes universidades, especialmente en la de París y en la de Bolonia.

El gran fundador le dio a sus religiosos unas normas que les han hecho un bien inmenso por muchos siglos. Por ejemplo estas:
  • Primero contemplar, y después enseñar. O sea: antes dedicar mucho tiempo y muchos esfuerzos a estudiar y meditar las enseñanzas de Jesucristo y de su Iglesia, y después sí dedicarse a predicar con todo el entusiasmo posible.
  • Predicar siempre y en todas partes. Santo Domingo quiere que el oficio principalísimo de sus religiosos sea predicar, catequizar, tratar de propagar las enseñanzas católicas por todos los medios posibles. Y él mismo daba el ejemplo: donde quiera que llegaba empleaba la mayor parte de su tiempo en predicar y enseñar catecismo.
La experiencia le había demostrado que las almas se ganan con la caridad. Por eso todos los días pedía a Nuestro Señor la gracia de crecer en el amor hacia Dios y en la caridad hacia los demás y tener un gran deseo de salvar almas. Esto mismo recomendaba a sus discípulos que pidieran a Dios constantemente.

Los santos han dominado su cuerpo con unas mortificaciones que en muchos casos son más para admirar que para imitar. Recordemos algunas de las que hacía este hombre de Dios.
Cada año hacía varias cuaresmas, o sea, pasaba varias temporadas de a 40 días ayunando a pan y agua.
Siempre dormía sobre duras tablas. Caminaba descalzo por caminos irisados de piedras y por senderos cubiertos de nieve. No se colocaba nada en la cabeza ni para defenderse del sol, ni para guarecerse contra los aguaceros. Soportaba los más terribles insultos sin responder ni una sola palabra. Cuando llegaban de un viaje empapados por los terribles aguaceros mientras los demás se iban junto al fuego a calentarse un poco, el santo se iba al templo a rezar. Un día en que por venganza los enemigos los hicieron caminar descalzos por un camino con demasiadas piedrecitas afiladas, el santo exclamaba: "la próxima predicación tendrá grandes frutos, porque los hemos ganado con estos sufrimientos". Y así sucedió en verdad. Sufría de muchas enfermedades, pero sin embargo seguía predicando y enseñando catecismo sin cansarse ni demostrar desánimo.

Era el hombre de la alegría, y del buen humor. La gente lo veía siempre con rostro alegre, gozoso y amable. Sus compañeros decían: "De día nadie más comunicativo y alegre. De noche, nadie más dedicado a la oración y a la meditación". Pasaba noches enteras en oración.
Era de pocas palabras cuando se hablaba de temas mundanos, pero cuando había que hablar de Nuestro Señor y de temas religiosos entonces sí que charlaba con verdadero entusiasmo.
Sus libros favoritos eran el Evangelio de San Mateo y las Cartas de San Pablo. Siempre los llevaba consigo para leerlos día por día y prácticamente se los sabía de memoria. A sus discípulos les recomendaba que no pasaran ningún día sin leer alguna página del Nuevo Testamento o del Antiguo.
Los que trataron con él afirmaban que estaban seguros de que este santo conservó siempre la inocencia bautismal y que no cometió jamás un pecado grave.

Totalmente desgastado de tanto trabajar y sacrificarse por el Reino de Dios a principios de agosto del año 1221 se sintió falto de fuerzas, estando en Bolonia, la ciudad donde había vivido sus últimos años. Tuvieron que prestarle un colchón porque no tenía. Y el 6 de agosto de 1221, mientras le rezaban las oraciones por los agonizantes cuando le decían: "Que todos los ángeles y santos salgan a recibirte", dijo: "¡Qué hermoso, qué hermoso!" y expiró.

A los 13 años de haber muerto, el Sumo Pontífice lo declaró santo y exclamó al proclamar el decreto de su canonización: "De la santidad de este hombre estoy tan seguro, como de la santidad de San Pedro y San Pablo".

DESDE MI CALLE


HISTORIAS DE LA HISTORIA

aRTÍCULO en el DIA 7/8/2014 - RECOGIDO en "LA OPINION DE ZAMORA"

FRANCISCO IGLESIAS CARREÑO 

Es posible que si a Walter Scott le hubiera dado por la descripción novelada de "nuestra guerra de la reconquista", a estas alturas tendríamos amplios dosieres que, cual episodios galdosianos, glosarían todos los avatares/situaciones/hechos que, en tan dilatado/crucial/importante espacio temporal, tuvieron lugar en la península ibérica (ese lugar perijeliano del ciudadano Unamuno y Jugo (D. Miguel). El continente europeo tal vez tenía, en el comienzo del siglo X, una gran aglomeración de problemas que le preocupaban/ocupaban/absorbían y, es posible, que lo que ocurriera en "el fin de la tierra" lo encontrara un tanto lejano, acaso colateral y la mantuviera un tanto al pairo. 

Estamos en el Papado de Esteban VIII [(parece que supeditado al duque Alberico (de la saga/entresijos/uniones de Marozia)], y aquí, en Hispania, se declara, en el año 939, por Abd al-Rahmán III la "campaña de la omnipotencia" (gazat al-kudra o Campaña del Supremo Poder) contra los leoneses, con la previsible intención de romper en dos partes la Corona leonesa. Es la Corona leonesa, en esos momentos del siglo X, el otro auténtico poder integral (militar, económico y político) que se ubica en la península y que, limitado al sur por la línea del río Duero, mantiene instrumentalmente la vigilancia y el acecho hacia el sur agareno, con frecuentes encuentros bélicos que, hasta el momento, en la dirección del soberano leonés Ramiro II, no han sido muy favorables. 

Todo parece indicar que Abd al-Rahmán III (que ha ordenado la guerra santa, para provocar un amplio reclutamiento, contra la Corona leonesa, sale de la ciudad de Córdoba a finales de junio (pudiera ser el día 28) y se encamina hacia el norte, desde La Transierra, donde pudiera haber estado concentrado sus tropas, con un gran ejército de 100.000 guerreros para cruzar el macizo central (con posibilidades por los Puertos de Perales o de La Ballejera siguiendo la Vía Dalmacia y la Vía de La Plata, mejor que por el de Tablada) y presentarse ante la ciudad leonesa de Zamora que, seguramente, está expectante, ¡trágicamente expectante!, ante tan amplio despliegue bélico. 

Hemos señalado ya situaciones sobre la Zamora del siglo X, que necesario, ¡y hasta obligado!, en el ánimo de su extraordinaria importancia, reiterarlas: "Zamora es la ciudad con mejores defensas, la más importante, estratégicamente hablando de toda la Corona leonesa". Abd al-Rahmán III sabe de esta importancia de Zamora y por eso trata de anular el poder militar que la ciudad representa. Zamora, en el verano del 939, está la espera de la llegada del auxilio de los ejércitos del rey leonés Ramiro II, pero tal espera se altera, ya que es truncada por las decisiones estratégicas/militares de Abderraman III. 

Cuando los ejércitos del omeya Abd al-Rahmán III tienen ante sí a Zamora, tuvieron que quedar también impresionados, en la Edad Media tenía que imponer: "La ciudad más fuerte de la Corona leonesa, la mejor amurallada, la de los siete cercos y siete fosos la llaman". No era nada sencillo tomar Zamora y el califa es sabedor de la situación, tanto de la importancia de Zamora (con sus defensores muy preparados) como, por otra parte de los movimientos de las tropas leonesas y de sus aliados que desde el nordeste, en movimientos acelerados, caminan hacia Zamora Abd al-Rahmán III actúa tácticamente y, por ello, divide su ejército, dejando, según algunos relatos, 20.000 hombres cercando a Zamora y el resto de 80.000 hombres parte al encuentro de los ejércitos del rey leonés Ramiro II. 

Hemos descrito que: "Los zamoranos del año 939, dicen los relatos, se baten en orden y hasta hacen salidas al campo enemigo, pero el acoso es continuo contra ellos y los sitiadores, para rendirlos tienen que ir al asalto posición tras posición, e idean llenar los fosos con los cadáveres de los combatientes muertos para, en avanzando por encima de los cuerpos inertes, en un espeluznante cementerio, chorreante de sangre y pleno de despojos humanos, hacer un puente de asalto y poder doblegar la indómita/heroica/épica resistencia de Zamora". Eso tuvo lugar el 5-agosto-939. 

Ahora que en Zamora podemos contemplar una parte de lo que fueron sus recias defensas medievales, en lo que es la propia ciudadela del castillo, no solo admiramos la situación privilegiada de la urbe de Zamora, admirable desde El Temblajo, en esa curva del río Duero, que al fondo de Las Pajarancas nos anuncia El Arribanzo, o el flanqueo norte de la vaguada del antiguo cauce del río Valderaduey, que hicieron de ella, sin duda alguna, la ciudad más fuerte y poderosa en la Edad Media hispánica epicentro militar de la Corona leonesa, y donde su foso actual, amén de otros que intuimos, pero desconocemos, nos permite retrotraernos hacia la situación límite del mes de agosto del año 939, en una acción retrospectiva de atemporalidad, con esa retrovisión tan impactantemente dantesca, sobrecogedora por demás, de máximo dramatismo y espeluznante, plena de sentido épico y heroico y conformadora del mayor hito bélico de los hijos de Zamora, un hecho de armas extraordinario que marcaría el proceso histórico de Zamora y un ejemplo a seguir por todos para el año 1072 frente a las tropas castellanas. 

Los ejércitos de Abderramán III y Ramiro II se avistaran posteriormente en Simancas y fue aquí donde el poder militar agareno fue quebrado y anulado por el ímpetu de los ejércitos leoneses y de sus aliados. La victoria de Ramiro II en Simancas pasa por ser uno de los hechos de armas más importantes de la península Ibérica en la Edad Media, que está datada en textos agarenos y leoneses y tal victoria fue corroboraba, a mayores, con otra victoria más en Alhandega, al dar alcance los ejércitos leoneses en el curso de su persecución, a las tropas agarenas que huían desbandadas desde Simancas. 

Para muchos la trilogía de los acontecimientos de agosto del año 939: Zamora, Simancas y Alhandega dieron pie a la formalización práctica de "la idea imperial leonesa" [el Regnum Imperium Hispánico de la Corona leonesa] que ya veía desde Alfonso III El Magno. Por Zamora, Simancas y Alhandega el Califato pide al otro poder de Hispania, ¡por primera vez!, las conversaciones de paz y pacta con la Corona leonesa una tregua de cinco años. Estimamos que las victorias de Simancas y Alhandega de la Corona leonesa fueron viables por la Jornada del día 5 de agosto del año 939 en "El Foso de Zamora". Es de esperar que todos, en la Corona leonesa, lo conmemoremos. ¡Faltaría más! 

(*) Del Instituto de Estudios Zamoranos Florian d'Ocampo


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miércoles, 6 de agosto de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA


CAYETANO DE TIENA

Natural de Vicenza (Italia), nacido el año 1480,  se distinguió en los estudios de Teología y Derecho civil y canónico, facultad en la que se graduó como doctor en Padua.

 Fué secretario de Julio II, devoto y miembro del Oratorio del Amor Divino.

Como sacerdote, con su propio patrimonio, construyó en Rapazzo la parroquia de Santa María de Malo. Fué el primero que fundó una Orden de Clérigos Regulares Teatinos, imitando el género de vida de los Apóstoles.

La norma suprema de su instituto era su confianza en Dios, impresa en el Evangelio, motivo por la cual se abstenían hasta de pedir limosna, esperando que espontáneamente los fieles les ayudasen. El celo que San Cayetano desplegó para salvar tantas almas le mereció el nombre de <<cazador de almas>>. Además se comentaba de él que era un ángel en el altar y un apóstol en el púlpito. Fué general de la Orden en varias ciudades como Verona y Venecia.

El retiro le llevó a Nápoles donde murió el 7 de agosto de 1547.

DESDE MI CALLE


REDENCION POR EL AMOR

Y escribo redención con minúscula. Me refiero a las pequeñas liberaciones. El amor del cónyuge es liberador. Libera de la pandilla cuando se singulariza la mirada amorosa.  Libera de la soledad y la incertidumbre. Sentirse y saberse amado es una experiencia de vitalización. Uno renace. Crece la fe de cada uno en sí mismo, en su valor y dignidad. Es atractivo/a para alguien. Una mirada singular de amor descubre cualidades y dones que nadie antes había descubierto. Y las pone de relieve.  Al mismo tiempo, hace crecer la confianza en los demás. La mirada hacia los otros  se vuelve más positiva y creativa.

Cervantes lo expresó muy bien en las figuras de Aldonza y Dulcinea. Un cónyuge que ama es capaz de transformar al otro, es decir, y hacerlo pasar de las dudas y temores a la confianza en sí mismo; del rechazo de sí mismo a la aceptación gozosa. Aldonza se transforma en Dulcinea gracias a la mirada de amor de Don Quijote. Y es que, en realidad, sólo nos “redime” quien nos ama.
La relación de amor se va tejiendo a base de pequeñas redenciones; uno va cobrando conciencia de su valía personal; va descubriendo y diseñando su misión personal en la vida; va configurando su persona a base de decisiones y compromisos. Y es que el futuro de cada uno no está escrito ni predeterminado; está abierto, en manos de cada uno.  Y en las manos de la persona amada. Se vive bajo la mirada del otro.
El amor hace la vida, vital; y la muerte, mortal. El amor con tu pareja es la energía que da ganas de vivir. Y  ganas de vivir para siempre. Claro que sólo quien nos ama con mayúscula, nos redime también con mayúscula. Nos resucita.
DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos.
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martes, 5 de agosto de 2014

DESDE MI CALLE


DIETAS MILAGRO


Me parece tremendo que los españoles nos gastemos al años dos mil millones de euros en dietas milagros. No creo en los milagros. Esas "dietas milagro" son un engaño manifiesto. Un timo. Una manipulación del anhelo y de la buena fe de que las gentes que son, o se ven, gordas y quieren adelgazar.

Ese pretendido milagro dura, como mucho, lo que dura la vigencia de la dieta. Se pierde agua, se pierde masa muscular, pero la grasa sigue enrocada en la cintura, el abdomen, los glúteos, los muslos, sin que se haya producido ése milagro sobre ella y, lo más grave, sin percatarse de los daños colaterales que produce la ingesta de los productos milagrosos, que se nos ofrecen por doquier.

El sobrepeso de la sociedad española es preocupante, pero más preocupante es la proliferación de estos productos que están muy lejos de poner coto al problema. ¿Que cúal es la mejor receta para no engordar? Comer equilibradamente y hacer ejercicio. No digo "no comer", sino elegir bien la alimentación y practicar ejercicio, que además es muy sano el practicarlo. Me parece tremendo que cuatro de cada cinco españoles que quieren adelgazar porque se ven gordos o con ligeros problemas de sobrepeso, utilicen la "dieta milagro".

Mal por los productos que se venden en farmacia. Peor por los productos que se comercializan vía internet, vía teléfono o en el salón de estética donde no tienen ni idea de lo que están vendiendo, con las consecuencias nefastas que puedan para la salud del iluso o de la ilusa que se crea todos los rollos que escucha.

Los expertos en nutrición y dietética saben sobradamente la inutilidad y el peligro para la salud de las "dietas milagro", frente a la que hay que anteponer una educación alimenticia consistente en una dieta equilibrada. Ahí si que fallamos estrepitosamente. En el equilibrio, que casi siempre perdemos, está la solución. A todos nos gusta comer, y comer bien. No medimos las consecuencias, y cuando cinta métrica en mano nos toman las medidas, vemos que nos hemos salido por todas partes, con la particularidad de que suele ser peor el remedio que la enfermedad. Pueden contraerse graves depresiones, estados de ansiedad, daños renales, enfermedades cardiovasculares y otros efectos psicológicos negativos, además de ser ineficaces a medio y largo plazo.

DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos

PASTORAL: SANTO DEL DIA













TRANSFIGURACION DEL SEÑOR

Narra el santo Evangelio (Lc. 9, Mc. 6, Mt. 10) que unas semanas antes de su Pasión y Muerte, subió Jesús a un monte a orar, llevando consigo a sus tres discípulos predilectos, Pedro, Santiago y Juan. Y mientras oraba, su cuerpo se transfiguró. Sus vestidos se volvieron más blancos que la nieve,y su rostro más resplandeciente que el sol. Y se aparecieron Moisés y Elías y hablaban con El acerca de lo que le iba a suceder próximamente en Jerusalén.Pedro, muy emocionado exclamó: -Señor, si te parece, hacemos aquí tres campamentos, uno para Ti, otro para Moisés y otro para Elías.
Pero en seguida los envolvió una nube y se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo muy amado, escuchadlo".
El Señor llevó consigo a los tres apóstoles que más le demostraban su amor y su fidelidad. Pedro que era el que más trabajaba por Jesús; Juan, el que tenía el alma más pura y más sin pecado; Santiago, el más atrevido y arriesgado en declararse amigo del Señor, y que sería el primer apóstol en derramar su sangre por nuestra religión. Jesús no invitó a todos los apóstoles, por no llevar a Judas, que no se merecía esta visión. Los que viven en pecado no reciben muchos favores que Dios concede a los que le permanecen fieles.
Eso sigue sucediendo a las personas que rezan con fervor. La oración les transfigura y embellece el alma y les vuelve mucho más agradables a Dios.
Dos personas muy famosas del Antiguo Testamento. Moisés en nombre de la Ley, y Elías en nombre de los profetas, venían a respaldar y felicitar a Jesucristo y a proclamar que El es el enviado de Dios para salvar al mundo.
Es un elogio hermosísimo hecho por el Padre Dios, acerca de Jesucristo. Es su Hijo Unico. Es amadísimo por Dios, y es preferido por El a todos los demás seres que existen. Verdaderamente merece nuestro amor este Redentor tan amado por su Padre que es Dios.


DE LITERATOS Y ESCRITORES

                                   
                         Virginia Woolf


LAS OLAS

El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues de las ondas que le hacía semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra persiguiéndose en un ritmo sin fin.

Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompia, arrojando sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente, suspirando como una criatura dormida cuya respiracion va y viene inconscientemente. Poco a poco, la franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una vieja botella, dejando al cristal su transpariencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo traslúcido, cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido o cual si el brazo de una mujer tendida debajo del horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se fundieron en un solo flúido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fué adquiriendo gradualmente transpariencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde del horizonte, y a su alredor el mar ya no fué sino una sóla extensión de oro.

La luz golpeó sucesivamente los árboles iluminando una tras otra las hojas, que se tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insubstancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías.

(P.D.: Inicio del libro LAS OLAS)