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martes, 5 de agosto de 2014

DESDE MI CALLE


DIETAS MILAGRO


Me parece tremendo que los españoles nos gastemos al años dos mil millones de euros en dietas milagros. No creo en los milagros. Esas "dietas milagro" son un engaño manifiesto. Un timo. Una manipulación del anhelo y de la buena fe de que las gentes que son, o se ven, gordas y quieren adelgazar.

Ese pretendido milagro dura, como mucho, lo que dura la vigencia de la dieta. Se pierde agua, se pierde masa muscular, pero la grasa sigue enrocada en la cintura, el abdomen, los glúteos, los muslos, sin que se haya producido ése milagro sobre ella y, lo más grave, sin percatarse de los daños colaterales que produce la ingesta de los productos milagrosos, que se nos ofrecen por doquier.

El sobrepeso de la sociedad española es preocupante, pero más preocupante es la proliferación de estos productos que están muy lejos de poner coto al problema. ¿Que cúal es la mejor receta para no engordar? Comer equilibradamente y hacer ejercicio. No digo "no comer", sino elegir bien la alimentación y practicar ejercicio, que además es muy sano el practicarlo. Me parece tremendo que cuatro de cada cinco españoles que quieren adelgazar porque se ven gordos o con ligeros problemas de sobrepeso, utilicen la "dieta milagro".

Mal por los productos que se venden en farmacia. Peor por los productos que se comercializan vía internet, vía teléfono o en el salón de estética donde no tienen ni idea de lo que están vendiendo, con las consecuencias nefastas que puedan para la salud del iluso o de la ilusa que se crea todos los rollos que escucha.

Los expertos en nutrición y dietética saben sobradamente la inutilidad y el peligro para la salud de las "dietas milagro", frente a la que hay que anteponer una educación alimenticia consistente en una dieta equilibrada. Ahí si que fallamos estrepitosamente. En el equilibrio, que casi siempre perdemos, está la solución. A todos nos gusta comer, y comer bien. No medimos las consecuencias, y cuando cinta métrica en mano nos toman las medidas, vemos que nos hemos salido por todas partes, con la particularidad de que suele ser peor el remedio que la enfermedad. Pueden contraerse graves depresiones, estados de ansiedad, daños renales, enfermedades cardiovasculares y otros efectos psicológicos negativos, además de ser ineficaces a medio y largo plazo.

DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos

PASTORAL: SANTO DEL DIA













TRANSFIGURACION DEL SEÑOR

Narra el santo Evangelio (Lc. 9, Mc. 6, Mt. 10) que unas semanas antes de su Pasión y Muerte, subió Jesús a un monte a orar, llevando consigo a sus tres discípulos predilectos, Pedro, Santiago y Juan. Y mientras oraba, su cuerpo se transfiguró. Sus vestidos se volvieron más blancos que la nieve,y su rostro más resplandeciente que el sol. Y se aparecieron Moisés y Elías y hablaban con El acerca de lo que le iba a suceder próximamente en Jerusalén.Pedro, muy emocionado exclamó: -Señor, si te parece, hacemos aquí tres campamentos, uno para Ti, otro para Moisés y otro para Elías.
Pero en seguida los envolvió una nube y se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo muy amado, escuchadlo".
El Señor llevó consigo a los tres apóstoles que más le demostraban su amor y su fidelidad. Pedro que era el que más trabajaba por Jesús; Juan, el que tenía el alma más pura y más sin pecado; Santiago, el más atrevido y arriesgado en declararse amigo del Señor, y que sería el primer apóstol en derramar su sangre por nuestra religión. Jesús no invitó a todos los apóstoles, por no llevar a Judas, que no se merecía esta visión. Los que viven en pecado no reciben muchos favores que Dios concede a los que le permanecen fieles.
Eso sigue sucediendo a las personas que rezan con fervor. La oración les transfigura y embellece el alma y les vuelve mucho más agradables a Dios.
Dos personas muy famosas del Antiguo Testamento. Moisés en nombre de la Ley, y Elías en nombre de los profetas, venían a respaldar y felicitar a Jesucristo y a proclamar que El es el enviado de Dios para salvar al mundo.
Es un elogio hermosísimo hecho por el Padre Dios, acerca de Jesucristo. Es su Hijo Unico. Es amadísimo por Dios, y es preferido por El a todos los demás seres que existen. Verdaderamente merece nuestro amor este Redentor tan amado por su Padre que es Dios.


DE LITERATOS Y ESCRITORES

                                   
                         Virginia Woolf


LAS OLAS

El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues de las ondas que le hacía semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra persiguiéndose en un ritmo sin fin.

Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompia, arrojando sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente, suspirando como una criatura dormida cuya respiracion va y viene inconscientemente. Poco a poco, la franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una vieja botella, dejando al cristal su transpariencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo traslúcido, cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido o cual si el brazo de una mujer tendida debajo del horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se fundieron en un solo flúido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fué adquiriendo gradualmente transpariencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde del horizonte, y a su alredor el mar ya no fué sino una sóla extensión de oro.

La luz golpeó sucesivamente los árboles iluminando una tras otra las hojas, que se tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insubstancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías.

(P.D.: Inicio del libro LAS OLAS)


lunes, 4 de agosto de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA


LA LEYENDA
Una deliciosa leyenda da origen a la devoción de Roma a la Virgen de las Nieves.  Leyenda, que inmortalizó en la misma basílica un discípulo de Giotto, pintando el suceso extraordinario en la misma Basílica de Santa María la Mayor, donde permanece.  La escena: Está dormido el papa Líborio, con la mitra al Iado; y sobre él hay ángeles y llamas. Delante está la Virgen. En otro cuadro, Juan, el fabuloso patricio que dedicará su fortuna a la construcción de la basílica también está dormido y es iluminado por una aparición. Era un sueño doblemente milagroso. La Virgen hace descender una copiosa nevada sobre el monte Esquilino, diciéndoles que quiere se le consagre el campo nevado. El pueblo acogió la leyenda alborozado, los artistas la reprodujeron en sus lienzos. los poetas la cantaron en sus odas, y Santa María la Mayor sigue siendo todavía Nuestra Señora de las Nieves. Nieve en el ferragosto en Roma era para colapsar la atención, ya que el hecho ocurre en la noche del 4 al 5 de agosto, los días más calurosos de la canícula romana.
RESUELTAS LA DUDAS DEL PIADOSO MATRIMONIO PROCER
Juan y su esposa, matrimonio sin hijos, que pensaban a qué dedicarían su copioso patrimonio, se dirigen a contar su visión al papa Liberio, que había recibido la misma revelación. El Pontífice, todavía impresionado por el sueño extraordinario organizó una procesión hacia el lugar señalado por la Madre de Dios. Estupefactos y maravillados quedaron todos al ver un trozo del monte Esquilino, acotado y cubierto por la nieve fresca y blanca, recién llovida, con lo que la Virgen  manifestaba su deseo de que allí se levantase un templo en su honor. Repetidas son las veces en que María pide la construcción de templos, lugares de oración, por la importancia que tiene para el mundo la plegaria, presagio de lluvia de gracias y bendiciones. Basta pensar en Fátima y en Lourdes.
LOS ARTISTAS
Nuestro Murillo inmortalizó también esta leyenda En él aparece el matrimonio contando la visión al Papa, y en el fondo se contempla la procesión y el campo nevado. También otros artistas reprodujeron en sus cuadros este milagro y los poetas lo cantaron en sus versos.
Bartolomé Murillo, fundación de la Basílica Santa Maria Mayor

ARRAIGO EN ROMA
La devoción a la Virgen de las Nieves arraigó fuertemente en el pueblo romano hasta trapasar los límites de las fronteras y a extenderse por toda la cristiandad. En su honor se levantan hoy templos por todo el mundo, y muchas mujeres cristianas que llevan el bendito nombre de la Santísima Virgen de las Nieves.
 Nuestra Señora de las Nieves es lo mismo que Santa María la Mayor, primera iglesia que se levantó en Roma en honor de María y una de las más suntuosas de Roma, por lo que mereció el título de la Mayor. Así se la distinguía de las otras sesenta iglesias que tenía la Ciudad Eterna dedicadas a Nuestra Señora. 
VARIAS ETAPAS  DE LA BASILICA
Esta basílica ha pasado por bastantes vicisitudes a través de los tiempos. Situada en el Esquilino, una de las siete colinas de Roma, durante la República era necrópolis y paseo público bajo el Imperio de Augusto, donde el opulento Mecenas tenía unos jardines. Allí estaba la torre desde la cual contempló Nerón el incendio de Roma y allí había un templo dedicado a la diosa Juno, al que acudían las parejas de novios para implorar sus buenos auspicios. Aquí quiso la Reina del Cielo poner su morada. En el corazón de la urbe introduce su planta virginal y Roma se abrirá al amor de la Madre. Aún no estaba consagrada a María y era designada como basílica Sociniana. Allí habían luchado los partidarios del papa Dámaso con los secuaces del antipapa Ursino. a finales del siglo IV. Es conocida también como basílica Liberiana por su fundador, el papa Liborio, que es el papa del sueño milagroso.
En el siglo V la reconstruye Sixto III, quien la consagra a la Virgen.
El gran triunfo de María  en el Concilio de Efeso ocurrió  cuando en 431 cuando los padres del tercer concilio ecuménico  proclamaron la maternidad divina de María contra el hereje Nestorio. Este acontecimiento desató una crecida ola de amor a la Virgen que recorrió toda la cristiandad de oriente a occidente, pues la maternidad divina de María es el más grande de los privilegios de María y la raíz de todas sus grandezas.
ROMA TRAS EL CONCILIO DE EFESO
Roma no podía faltar en esta hora de gloria de Maria. Santa María la Mayorrecibió el eco de la definición de los padres de Efeso en honor de laTheotocos. La ciudad entera levantó y hermoseó esta basílica. Los pintores pusieron sus pinceles bajo la dirección del Papa y las damas relaron sus joyas. La antigua basílica Sociniana fue decorada con pinturas frescos, lienos, óleos y mosaicos que celebraban el misterio de la maternidad divina de María. Se alzó un arco de triunfo y sobre la puerta de entrada se leía: "A ti, oh Virgen María, Sixto te dedicó este nuevo templo... " Las pinturas son de tema Mariano y relacionadas con la maternidad divina de María. Representan a la Anunciación, la Visitación, María con el Niño, la adoración de los Magos, la huida a Egipto y escenas de la vida de la Virgen. Las tres amplias naves de la basílica se enriquecieron con los dones de los fieles y los ábsides se adornaron de lámparas y mosaicos.
SANTA MARIA AD PRAESEPE
En el siglo VII se le añade una nueva advocación: Santa María ad praesepe, Santa María en el Pesebre. La maternidad de María conduce la devoción de los fieles al portal de Belén, a Jesús. Como siempre, por María a Jesús. Al lado de la basílica surge una gruta estrecha, obscura y recogida como la de Belén. Allí irán los papas a celebrar la misa del gallo cada Navidad.
UNA DE LAS CUATRO BASILICAS
Hoy Santa María la Mayor es una de las cuatro basílicas patriarcales de Roma cuya visita es necesaria para ganar el jubileo del año santo. Actualmente es una de las iglesias más ricas y bellas de la ciudad de Roma, que conserva muy bien su carácter de basílica antigua..
Sobre el altar mayor hay una imagen de María del siglo XIII, atribuida a San Lucas, y en la nave se halla el monumento a la Reina de la Paz, erigido por Benedicto XV cuando terminó la primera guerra mundial. Su artesonado está dorado con el primer oro que Colón trajo de América.  Santa María de las Nieves es una de las advocaciones más bellas de la Santísima Virgen. Ella, que es la Madre de Dios, Inmaculada, Asunta al cielo, Virgen de la Salud y del Rocío, es también Nuestra Señora de las Nieves.
LA PRIMERA BASILICA
Ni San Pedro del Vaticano, ni San Pablo extramuros, ni San Salvador deLetrán habían osado establecerse en el corazón de Roma hasta que María: "con el poder de su belleza avanza, triun­fa y reina", como dice el salmo, se estableció en el corazón del paganismo. Penetró en la ciudad, atravesó los jardi­nes de Mecenas y puso su planta en el Esquilino. La torre donde Nerón contempló cantando el incendio de Roma, fué derruída; el templo de la reinaJuno cedió sus columnas y sus bronces a la nueva basílica cristiana. La reina del Cielo destronó a la reina del Olimpo.

         
Interior de la Basílica Santa Maria la Mayor
Altar de la Basílica Santa Maria la Mayor



DESDE MI CALLE


PISAR LA CALLE


Se acabó el curso político, y como es habitual antes de comenzar las vacaciones, el presidente del Gobierno, por un lado, y el jefe de la oposición, por otro, hicieron respectivos balances de la situación, con análisis, en ambos lados, nada objetivos, triunfalista Rajoy y crítico y pesimista Pedro Sánchez, el nuevo secretario general del PSOE. Es lo que cabía esperar, es lo de siempre, sin más, que cada uno ve la realidad según el color con que se mira, y según los intereses de su partido.

Por su parte Rajoy, y dentro de su discurso favorito, volvió a la macroeconomía para pregonar una vez más la recuperación. Si bien no en el grado que se asegura desde el Gobierno, una tímida recuperación no se puede negar, aunque persiste una terrible desigualdad, haciendo que la terca realidad no concuerde tanto, ni en todos los aspectos. El tufo electoral de cara a los comicios del año que viene es más que evidente. Ahí está la bajada de impuestos y otras medidas fiscales, que poco van a repercutir para la mayoría, y aún habrá que ver lo que duran, pues una vez pasadas las elecciones generales del 2015, como el PIB no se haya conseguido incrementar notablemente o haya disminuido el gasto público - lo que es más difícil todavía, pues la clase política sigue firmemente decidida a no renunciar a nada de lo que ellos mismos se han otorgado tan generosamente - Bruselas impondrá nuevos recortes.

El líder socialista Pedro Sánchez se refirió a la dura situación en que se ha dejado a las clases trabajadora y media, y denunció el encastillamiento del presidente del Gobierno, expresando que su análisis no se corresponde con la dura realidad de la calle. El referirse, repetidamente, a que los miembros del Gobierno ni su presidente, no salen a la calle, es un pecado de omisión de todos los políticos, y que están ultilizando como ariete en el fondo y en la forma la nueva formación política de Pablo Iglesias, Podemos. Ni pisan la calle, ni hacen caso de lo que se dice de ellos en las redes sociales, ni en los diferentes foros de internet.

Somos muchos los que SI pisamos la calle, y a los que nos gustaría que también ellos, la clase política (clase o casta vienen a significar lo mismo) nos acompañen en nuestro recorrido por ella.

DESDE MI CALLE, la mía, que sigue siendo la calle de todos.

domingo, 3 de agosto de 2014

PASTORAL: SANTO DEL DIA



SAN JUAN VIANEY


Uno de los santos más populares en los últimos tiempos ha sido San Juan Vianey, llamado el santo Cura de Ars. En él se ha cumplido lo que dijo San Pablo: "Dios ha escogido lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir a los grandes"

Era un campesino de mente rústica, nacido en Dardilly, Francia, el 8 de mayo de 1786. Durante su infancia estalló la Revolución Francesa que persiguió ferozmente a la religión católica. Así que él y su familia, para poder asistir a misa tenían que hacerlo en celebraciones hechas a escondidas, donde los agentes del gobierno no se dieran cuenta, porque había pena de muerte para los que se atrevieran a practicar en público sulreligión. La primera comunión la hizo Juan María a los 13 años, en una celebración nocturna, a escondidas, en un pajar, a donde los campesinos llegaban con bultos de pasto, simulando que iban a alimentar sus ganados, pero el objeto de su viaje era asistir a la Santa Misa que celebraba un sacerdote, con grave peligro de muerte, si los sorprendían las autoridades

Juan María deseaba ser sacerdote, pero a su padre no le interesaba perder este buen obrero que le cuidaba sus ovejas y le trabajaba en el campo. Además no era fácil conseguir seminarios en esos tiempos tan difíciles. Y como estaban en guerra, Napoléon mandó reclutar todos los muchachos mayores de 17 años y llevarlos al ejército. Y uno de los reclutados fue nuestro biografiado. Se lo llevaron para el cuartel, pero por el camino, por entrar a una iglesia a rezar, se perdió del gurpo. Volvió a presentarse, pero en el viaje se enfermó y lo llevaron una noche al hospital y cuando al día siguiente se repuso ya los demás se habían ido. Las autoridades le ordenaron que se fuera por su cuenta a alcanzar a los otros, pero se encontró con un hombre que le dijo. "Sígame, que yo lo llevaré a donde debe ir". Lo siguió y después de mucho caminar se dio cuenta de que el otro era un desertor que huía del ejército, y que se encontraban totalmente lejos del batallón.

Y al llegar a un pueblo, Juan María se fue a donde el alcalde a contarle su caso. La ley ordenaba pena de muerte a quien desertara del ejército. Pero el alcalde que era muy bondadoso escondió al joven en su casa, y lo puso a dormir en un pajar, y así estuvo trabajando escondido por bastante tiempo, cambiándose de nombre, y escondiéndose muy hondo entre el pasto seco, cada vez que pasaban por allí grupos del ejército. Al fin en 1810, cuando Juan llevaba 14 meses de desertor el emperador Napoleón dio un decreto perdonando la culpa a todos los que se habían fugado del ejército, y Vianey pudo volver otra vez a su hogar.

Trató de ir a estudiar al seminario pero su intelecto era romo y duro, y no lograba aprender nada. Los profesores exclamaban: "Es muy buena persona, pero no sirve para estudiante No se le queda nada". Y lo echaron.

Se fue en peregrinación de muchos días hasta la tumba de San Francisco Regis, viajando de limosna, para pedirle a ese santo su ayuda para poder estudiar. Con la peregrinación no logró volverse más inteligente, pero adquirió valor para no dejarse desanimar por las dificultades.

El Padre Balley había fundado por su cuenta un pequeño seminario y allí recibió a Vianey. Al principio el sacerdote se desanimaba al ver que a este pobre muchacho no se le quedaba nada de lo que él le enseñaba Pero su conducta era tan excelente, y su criterio y su buena voluntad tan admirables que el buen Padre Balley dispuso hacer lo posible y lo imposible por hacerlo llegar al sacerdocio.

Después de prepararlo por tres años, dándole clases todos los días, el Padre Balley lo presentó a exámenes en el seminario. Fracaso total. No fue capaz de responder a las preguntas que esos profesores tan sabios le iban haciendo. Resultado: negativa total a que fuera ordenado de sacerdote

Su gran benefactor, el Padre Balley, lo siguió instruyendo y lo llevó a donde sacerdotes santos y les pidió que examinaran si este joven estaba preparado para ser un buen sacerdote. Ellos se dieron cuenta de que tenía buen criterio, que sabía resolver problemas de conciencia, y que era seguro en sus apreciaciones en lo moral, y varios de ellos se fueron a recomendarlo al Sr. Obispo. El prelado al oír todas estas cosas les preguntó: ¿El joven Vianey es de buena conducta? - Ellos le repondieron: "Es excelente persona. Es un modelo de comportamiento. Es el seminarista menos sabio, pero el más santo" "Pues si así es - añadió el prelado - que sea ordenado de sacerdote, pues aunque le falte ciencia, con tal de que tenga santidad, Dios suplirá lo demás".

Y así el 12 de agosto de 1815, fue ordenado sacerdote, este joven que parecía tener menos inteligencia de la necesaria para este oficio, y que luego llegó a ser el más famoso párroco de su siglo (4 días después de su ordenación, nació San Juan Bosco). Los primeros tres años los pasó como vicepárroco del Padre Balley, su gran amigo y admirador.

Unos curitas muy sabios habían dicho por burla: "El Sr. Obispo lo ordenó de sacerdote, pero ahora se va a encartar con él, porque ¿a dónde lo va a enviar, que haga un buen papel?".


Y el 9 de febrero de 1818 fue envaido a la parroquia más pobre e infeliz. Se llamaba Ars. Tenía 370 habitantes. A misa los domingos no asistían sino un hombre y algunas mujeres. Su antecesor dejó escrito: "Las gentes de esta parroquia en lo único en que se diferecian de los ancianos, es en que ... están bautizadas". El pueblucho estaba lleno de cantinas y de bailaderos. Allí estará Juan Vianey de párroco durante 41 años, hasta su muerte, y lo transformará todo.

El nuevo Cura Párroco de Ars se propuso un método triple para cambiar a las gentes de su desarrapada parroquia. Rezar mucho. Sacrificarse lo más posible, y hablar fuerte y duro. ¿Qué en Ars casi nadie iba a la Misa? Pues él reemplazaba esa falta de asistencia, dedicando horas y más horas a la oración ante el Santísimo Sacramento en el altar. ¿Qué el pueblo estaba lleno de cantinas y bailaderos? Pues el párroco se dedicó a las más impresionantes penitencias para convertirlos. Durante años solamente se alimentará cada día con unas pocas papas cocinadas. Los lunes cocina una docena y media de papas, que le duran hasta el jueves. Y en ese día hará otro cocinado igual con lo cual se alimentará hasta el domingo. Es verdad que por las noches las cantinas y los bailaderos están repletos de gentes de su parroquia, pero también es verdad que él pasa muchas horas de cada noche rezando por ellos. ¿Y sus sermones? Ah, ahí si que enfoca toda la artillería de sus palabras contra los vicios de sus feligreses, y va demoliendo sin compasión todas las trampas con las que el diablo quiere perderlos.

Cuando el Padre Vianey empieza a volverse famoso muchas gentes se dedican a criticarlo. El Sr. Obispo envía un visitador a que oiga sus sermones, y le diga que cualidades y defectos tiene este predicador. El enviado vuelve trayendo noticias malas y buenas.

El prelado le pregunta: "¿Tienen algún defecto los sermones del Padre Vianey? - Sí, Monseñor: Tiene tres defectos. Primero, son muy largos. Segundo, son muy duros y fuertes. Tercero, siempre habla de los mismos temas: los pecados, los vicios, la muerte, el juicio, el infierno y el cielo". - ¿Y tienen también alguna cualidad estos sermones? - pregunta Monseñor-. "Si, tienen una cualidad, y es que los oyentes se conmueven, se convierten y empiezan una vida más santa de la que llevaban antes".

El Obispo satisfecho y sonriente exclamó: "Por esa última cualidad se le pueden perdonar al Párroco de Ars los otros tres defectos".

Los primeros años de su sacerdocio, duraba tres o más horas leyendo y estudiando, para preparar su sermón del domingo. Luego escribía. Durante otras tres o más horas paseaba por el campo recitándole su sermón a los árboles y al ganado, para tratar de aprenderlo. Después se arrodillaba por horas y horas ante el Santísimo Sacramento en el altar, encomendándo al Señor lo que iba decir al pueblo. Y sucedió muchas veces que al empezar a predicar se le olvidaba todo lo que había preparado, pero lo que le decía al pueblo causaba impresionantes conversiones. Es que se había preparado bien antes de predicar.

Pocos santos han tenido que entablar luchas tan tremendas contra el demonio como San Juan Vianey. El diablo no podía ocultar su canalla rabia al ver cuantas almas le quitaba este curita tan sencillo. Y lo atacaba sin compasión. Lo derribaba de la cama. Y hasta trató de prenderle fuego a su habitación . Lo despertaba con ruidos espantosos. Una vez le gritó: "Faldinegro odiado. Agradézcale a esa que llaman Virgen María, y si no ya me lo habría llevado al abismo".

Un día en una misión en un pueblo, varios sacerdotes jovenes dijeron que eso de las apariciones del demonio eran puros cuentos del Padre Vianey. El párroco los invitó a que fueran a dormir en el dormitorio donde iba a pasar la noche el famoso padrecito. Y cuando empezaron los tremendos ruidos y los espantos diabólicos, salieron todos huyendo en pijama hacia el patio y no se atrevieron a volver a entrar al dormitorio ni a volver a burlarse del santo cura. Pero él lo tomaba con toda calma y con humor y decía: "Con el patas hemos tenido ya tantos encuentros que ahora parecemos dos compinches". Pero no dejaba de quitarle almas y más almas al maldito Satanás.

Cuando concedieron el permiso para que lo ordenaran sacerdote, escribieron: "Que sea sacerdote, pero que no lo pongan a confesar, porque no tiene ciencia para ese oficio". Pues bien: ese fue su oficio durante toda la vida, y lo hizo mejor que los que sí tenían mucha ciencia e inteligencia. Porque en esto lo que vale son las iluminaciones del Espíritu Santo, y no nuestra vana ciencia que nos infla y nos llena de tonto orgullo.

Tenía que pasar 12 horas diarias en el confesionario durante el invierno y 16 durante el verano. Para confesarse con él había que apartar turno con tres días de anticipación. Y en el confesionario conseguía conversiones impresionantes.

Desde 1830 hasta 1845 llegaron 300 personas cada día a Ars, de distintas regiones de Francia a confesarse con el humilde sacerdote Vianey. El último año de su vida los peregrinos que llegaron a Ars fueron 100 mil. Junto a la casa cural había varios hoteles donde se hospedaban los que iban a confesarse.

A las 12 de la noche se levantaba el santo sacerdote. Luego hacía sonar la campana de la torre, abría la iglesia y empezaba a confesar. A esa hora ya la fila de penitentes era de más de una cuadra de larga. Confesaba hombres hasta las seis de la mañana. Poco después de las seis empezaba a rezar los salmos de su devocionario y a prepararse a la Santa Misa. A las siete celebraba el santo oficio. En los últimos años el Obispo logró que a las ocho de la mañana se tomara una taza de leche.

De ocho a once confesaba mujeres. A las 11 daba una clase de catecismo para todas las personas que estuvieran ahí en el templo. Eran palabras muy sencillas que le hacían inmenso bien a los oyentes.

A las doce iba a tomarse un ligerísimo almuerzo. Se bañaba, se afeitaba, y se iba a visitar un instituto para jóvenes pobres que él costeaba con las limosnas que la gente había traido. Por la calle la gente lo rodeaba con gran veneración y le hacían consultas.

De una y media hasta las seis seguía confesando. Sus consejos en la confesión eran muy breves. Pero a muchos les leía los pecados en su pensamiento y les decía los pecados que se les habían quedado sin decir. Era fuerte en combatir la borrachera y otros vicios.

En el confesionario sufría mareos y a ratos le parecía que se iba a congelar de frío en el invierno y en verano sudaba copiosamente. Pero seguía confesando como si nada estuviera sufriendo. Decía: "El confesionario es el ataúd donde me han sepultado estando todavía vivo". Pero ahí era donde conseguía sus grandes triunfos en favor de las almas.

Por la noche leía un rato, y a las ocho se acostaba, para de nuevo levantarse a las doce de la noche y seguir confesando.

Cuando llegó a Ars solamente iba un hombre a misa. Cuando murió solamente había un hombre en Ars que no iba a misa. Se cerraron muchas cantinas y bailaderos.

En Ars todos se sentían santamente orgullosos de tener un párroco tan santo. Cuando él llegó a esa parroquia la gente trabajaba en domingo y cosechaba poco. Logró poco a poco que nadie trabajara en los campos los domingos y las cosechas se volvieron mucho mejores.

Siempre se creía un miserable pecador. Jamás hablaba de sus obras o éxitos obtenidos. A un hombre que lo insultó en la calle le escribió una carta humildísima pidiendole perdón por todo, como si el hubiera sido quién hubiera ofendido al otro. El obispo le envió un distintivo elegante de canónigo y nunca se lo quiso poner. El gobierno nacional le concedió una condecoración y él no se la quiso colocar. Decía con humor: "Es el colmo: el gobierno condecorando a un cobarde que desertó del ejército". Y Dios premió su humildad con admirables milagros.

El 4 de agosto de 1859 pasó a recibir su premio en la eternidad.


DESDE MI CALLE



SABIDURIA Y JUVENTUD


El expresidente Zapatero, medio en broma, medio en serio, le llegó a decir más de una vez al exministro Solbes que era un "abuelo". Como si eso de ser abuelo fuera un defecto, como tampoco una virtud, ni un mérito, sino simplemente una circunstancia sobrevenida del simple paso del tiempo y de que la naturaleza actúa por sí misma. Lo cierto es que el expresidente le llamaba "abuelo" cuando Solbes le advertía que no se podía gastar en determinadas cosas y que no convenía sacar de donde no había. Pero el expresidente insistía y seguía en sus trece, y el "abuelo", aunque no era ningún gurú de la economía, se lo recriminaba, pero con poco éxito. Y es que el expresidente sabría de la cosa de la política, pero de economía no tanto. Algún periodista le sorprendió, al comienzo de su legislatura, escuchando a un destacado barón de su partido -que no era el "abuelo" precisamente- que le decía que eso de la economía era cosa fácil, y que se lo explicaba todo en dos días. Y con ese bagaje tan ilustrado tomó controvertidas decisiones, como la de ignorar o hacer que ignoraba la crisis que se nos venía encima, hablar de brotes verdes cuando no había más que cactus, o utilizar términos eufemísticos como el de la gradual desaceleración. Y el "abuelo" dejó el ministerio, o se lo hicieron dejar. 

Viene esto a cuento de esa marea de eslóganes que se están prodigando últimamente, a propósito de la juventud que impera en algunos líderes de determinados partidos políticos, y que parecen pregonar que deben ser exclusivamente los jóvenes quienes saquen al país del pozo. Bueno es que las nuevas generaciones vayan cogiendo la batuta de mando, y a ser posible con aires renovados, con la frescura propia de quienes aún no han sido tentados por la serpiente del poder, pero ojo con menospreciar a quienes saben mucho de la cosa, a quienes están de vuelta de casi todo. Mejor escuchar a quienes han estado cerca del dragón de siete cabezas y gozan de cierta sabiduría, antes de decidir internarse por sendas que luego se vean obligados a desandar. Porque una cosa es fulminar a quienes han metido la cuchara en el puchero, sin venir a cuento, y otra muy distinta hacer caso omiso de aquellos que les podrían dar lecciones, no de dos días, sino de bastantes años de experiencias vividas en empresas o ministerios. Porque, aunque la frescura de la juventud no se lo deje ver, lo cierto es que nunca sobra la sabiduría, el tiempo y la energía, sino que son herramientas útiles para evitar caer en el desafuero o para salir del laberinto si es que llega a caerse en él. 

Claro que nunca podrá evitarse que haya alguien que diga que Obama, Merkel, Putin u Hollande, que andan alrededor de los sesenta tacos, son unos yayo flautas, o que dirigen los destinos de países de medio pelo como EE UU, Alemania, Rusia o Francia y que, por tanto, no deben ser tomados como referencia. A algún otro le gustará presumir de ser progresista, mientras se mira en el espejo del populismo. Y no faltará quien se olvide que lo que necesita este país son profundas reformas estructurales y no carnés de identidad con más o menos años. Ante este ditirambo de opiniones alguien, incluso, puede olvidarse de la realidad y atreverse a poner al frente de algún ministerio a algún inexperto alevín, cuyo único bagaje sea el de haber militado en las juventudes de su partido desde su más tierna infancia. 

Aunque es muy loable aspirar a tener el comportamiento de un moralista no hay que dejarse obcecar por la vanidad de la virtud y mucho menos llegar a tener la personalidad de un megalómano con ansia indomable de protagonismo, algo que, por cierto, abunda hoy en día en nuestros actuales gobernantes.

DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos